El 95% de una comunidad indígena de Loreto tiene plomo en la sangre: científicos alertan daños irreversibles en niños

La contaminación en la población Yagua de Nueva Esperanza se vinculó al consumo de agua del río Yavarí-Mirín, que tiene concentraciones de metales pesados hasta 750 veces superiores a las permitidas para consumo humano

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Una indígena de la comunidad de Amarumesa muestra en su mano residuos de petróleo en la Amazonía ecuatoriana. EFE/José Jácome/ Archivo
Una indígena de la comunidad de Amarumesa muestra en su mano residuos de petróleo en la Amazonía ecuatoriana. EFE/José Jácome/ Archivo

El 95% de los habitantes de una comunidad indígena de Loreto presenta niveles de plomo en sangre por encima de lo recomendado por organismos internacionales de salud, según reveló un estudio publicado recientemente en la revista científica Toxics. La investigación encontró que los casos más preocupantes se registran entre los niños, quienes podrían sufrir daños irreversibles en el desarrollo neurológico debido a una exposición constante a este metal pesado.

El estudio se realizó en la comunidad Yagua de Nueva Esperanza, ubicada a más de 300 kilómetros de Iquitos y accesible únicamente por vía fluvial. Los resultados advierten que adultos y menores están expuestos diariamente a un riesgo sanitario que podría provocar enfermedades cardiovasculares, daño renal y otros efectos severos a largo plazo.

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Una comunidad amazónica expuesta al plomo desde su vida cotidiana

07/10/2025 Zona analizada en el Amazonas peruano y momentos de la extracción de muestras.
CATALUÑA ESPAÑA EUROPA BARCELONA SOCIEDAD
UAB
07/10/2025 Zona analizada en el Amazonas peruano y momentos de la extracción de muestras. CATALUÑA ESPAÑA EUROPA BARCELONA SOCIEDAD UAB

La comunidad de Nueva Esperanza, de acuerdo con el último censo de 2019, alberga a unas 350 personas. En ese territorio, la vida diaria está estrechamente ligada al río, la pesca, la caza de subsistencia y el uso de recursos naturales para alimentación y movilidad. Precisamente, son esas prácticas las que el estudio identificó como las principales rutas de exposición al plomo.

La investigación determinó que la mediana de plomo en sangre de la población evaluada alcanzó los 11,74 µg/dL, una cifra que supera ampliamente el nivel de referencia de 5 µg/dL recomendado por entidades internacionales de salud. El dato más preocupante es que el 95,8% de los niños menores de 12 años y el 94,5% de los adultos presentan concentraciones por encima de los límites sugeridos.

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Además, el análisis encontró diferencias importantes entre hombres y mujeres. En el caso de los varones, la mediana llegó a 15,56 µg/dL, mientras que en las mujeres fue de 8,84 µg/dL. De acuerdo con los autores, esa brecha estaría relacionada con un mayor consumo de carne de origen silvestre y con prácticas vinculadas a la caza y manipulación de munición.

“La exposición crónica al plomo representa un grave riesgo para la salud. En el caso de los niños, puede provocar daños irreversibles en el desarrollo neurológico, afectaciones cognitivas y problemas de comportamiento. En adultos, se ha asociado a enfermedades cardiovasculares, daño renal y disminución de la fertilidad”, explicó la Dra. Gabriela Ulloa, investigadora de la Universidad Científica del Sur y una de las autoras del estudio.

Agua del río, caza y fragmentos de munición: las principales vías de exposición

Vista aérea de un río serpenteante de color marrón con orillas arenosas, fluyendo a través de una densa selva amazónica de color verde oscuro
Vista aérea del río Tigre en la cuenca del Marañón, Loreto, Perú, donde un equipo de investigadores confirmó la existencia de la nueva especie de pez Pyrrhulina punctata. (Foto: Agencia Andina )

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que el problema no responde a una sola fuente, sino a una combinación de factores que forman parte de la vida cotidiana de la comunidad. Los investigadores identificaron dos vías principales de exposición al plomo: el consumo del agua del río Yavarí-Mirín y el uso de munición de plomo en la caza de subsistencia.

Según el estudio, el 87,5% de los cazadores emplea cartuchos con este metal, una práctica extendida en la zona. Aunque la mayoría de habitantes intenta retirar los perdigones antes de cocinar los alimentos, la investigación reveló que el 83% de las personas suele encontrar fragmentos de plomo durante la preparación o al momento de consumir la carne.

A ello se suma una práctica que los investigadores describen como especialmente riesgosa: cerca del 20% de los habitantes informó que muerde los perdigones para darles forma y reutilizarlos como plomos en redes de pesca. Esta costumbre incrementa la exposición oral directa al metal y afecta con mayor frecuencia a los hombres, que suelen encargarse de esa tarea.

El agua del río también forma parte del problema. El estudio advierte que una porción importante del plomo detectado en los habitantes proviene del agua utilizada para beber y cocinar. Aunque se trata de plomo de origen geogénico, movilizado por la dinámica natural del río, las concentraciones registradas en el agua sin tratar resultaron entre 250 y 750 veces superiores a los límites permitidos para consumo humano.

Frente a ello, el equipo investigador plantea que no se trata de prohibir la caza ni de restringir el consumo de carne silvestre, ya que estas prácticas cumplen un rol central en la nutrición, la cultura y la economía de la comunidad. La propuesta apunta a reemplazar las municiones tóxicas por alternativas no tóxicas, disponibles en el mercado a precios comparables, y a mejorar el acceso a agua segura mediante sistemas de filtración.

El estudio también menciona medidas simples que podrían reducir la presencia de plomo en el agua, como dejarla reposar para que los sedimentos se depositen. Esa técnica, conocida como decantación, puede disminuir notablemente la concentración del metal, aunque no logra llevarla todavía a niveles totalmente seguros.