El hambre se apodera de Lima: 41,6% de hogares no accede a la canasta calórica mínima, superando en más de 10 puntos al campo

La capital peruana ahora concentra más pobreza que al menos cinco departamentos, perdiendo su carácter histórico de “polo de atracción” para migrantes de provincia, según datos de INEI

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Un niño siendo alimentado con un plato de comida
Aunque el PBI nacional creció 10,8% entre 2019 y 2025, la tasa de pobreza sigue siendo 5,5 puntos porcentuales mayor que antes de la pandemia.

El informe del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) que denuncia que el 25,7% de la población peruana vive en pobreza monetaria esconde otra dura realidad para la capital peruana: el 41,6% de los hogares en Lima Metropolitana no cubrió sus requerimientos calóricos en 2025, superando en más de 10 puntos porcentuales al ámbito rural, donde la cifra es de 30,4%.

Esta situación, sumada al crecimiento de la pobreza extrema en Lima –que pasó de 3,3% a 3,6% en el último año pese a la reducción registrada en otras regiones–, configura un verdadero revés para las futuras políticas públicas y obliga a redimensionar el atractivo de la ciudad como destino para quienes buscan su prosperidad.

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Lima, la otrora ciudad para cumplir sueños y metas

Javier Herrera, profesor visitante en el Departamento de Economía de la PUCP e integrante la Comisión Consultiva del INEI desde sus inicios, sostiene a Infobae que parte de la reducción de la pobreza en 2025 está vinculada a desplazamientos internos y movilidad social, más que a mejoras estructurales en los hogares.

En comparación con la situación prepandemia, señala que entre 2019 y 2025 el PBI acumuló un crecimiento de 10,8%, pero la tasa de pobreza sigue 5,5 puntos porcentuales por encima del nivel registrado en 2019.

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Herrera cuestiona por qué, a pesar del crecimiento económico y condiciones macroeconómicas favorables, la reducción de la pobreza no ha sido más significativa.

Explica que el crecimiento de los últimos años ha sido poco redistributivo. Los sectores intensivos en mano de obra, donde se concentra la población pobre, no han crecido lo suficiente ni han estado en el centro de las políticas públicas.

Además, el diseño de las políticas sociales y económicas no se ha expandido ni adaptado a la realidad urbana, donde hoy reside una mayor proporción de la población pobre.

INEI - ADULTOS MAYORES - POBREZA
La brecha de pobreza entre zonas urbanas y rurales se ha reducido a solo 4 puntos, reflejando una convergencia inédita e intensificando el desafío en Lima.

Movilidad social y desplazamientos, no mejoras estructurales

Herrera identifica un desacoplamiento regional: la pobreza rural disminuye sostenidamente, pero la urbana, especialmente en Lima, aumenta.

Así, la capital concentra ahora más pobreza que al menos cinco departamentos del país, perdiendo su histórico rol de polo de atracción para migrantes internos.

En cuanto a la brecha de pobreza, señala que en Lima es de 24% y en zonas rurales de 27,9%. La diferencia entre ambas brechas se redujo de 18 puntos en 2004 a solo 4 puntos, mostrando una convergencia en la intensidad de la pobreza urbana y rural.

El hambre golpea con más fuerza a la capital peruana

Sobre el déficit calórico y el hambre, Herrera subraya que el 41,6% de los hogares en Lima Metropolitana no cubre sus requerimientos calóricos, frente a 30,4% en el ámbito rural.

La incidencia de hambre -estrechamente vinculada con los índices de anemia- es ahora mayor en la capital que en las zonas rurales, superando en más de 10 puntos porcentuales, lo que exige nuevas estrategias y una mejor focalización de políticas alimentarias urbanas.

Y es que la mayoría de hogares en Perú han pasado de pobreza extrema a pobreza no extrema, o de pobreza a vulnerabilidad, quedando en alto riesgo de volver a caer nuevamente en la pobreza. Solo un pequeño porcentaje ha logrado salir completamente de este flagelo.

Pobreza Perú
El informe del INEI revela que la pobreza extrema en Lima creció de 3,3% a 3,6% en 2025, a diferencia de la tendencia nacional a la baja.

¿Más trabajo... más pobreza?

La situación del mercado laboral es clave: no se observa una mejora sustancial en el empleo adecuado ni una reducción de la informalidad.

Herrera distingue dos tipos de informalidad: la de sobrevivencia (trabajadores independientes de baja productividad) y la informalidad dentro de empresas formales, donde el empleo informal sirve como mecanismo de ajuste.

El crecimiento de empleos formales no compensa el aumento de la fuerza laboral ni la entrada de jóvenes al empleo informal con ingresos por debajo de la línea de pobreza.

Cada año ingresan aproximadamente 300 mil jóvenes al mercado laboral. Muchos no se incorporan a la población económicamente activa y quienes lo hacen suelen ingresar al sector informal con remuneraciones insuficientes.

El aumento del empleo adecuado no basta para compensar la precarización y el bajo ingreso en el sector informal”, remata.

El costo de ser pobre en Lima es más alto que en provincias

Herrera detalla que el promedio nacional para la canasta básica es de 462 soles per cápita, pero en Lima Metropolitana asciende a 568 soles.

La línea de pobreza extrema es de 260 soles por persona a nivel nacional y de 307 soles en Lima, lo que dificulta a los pobres extremos en la capital cubrir el costo mínimo básico, debido a precios más altos y gastos fijos en transporte, alquiler y servicios. “Hoy es más difícil ser pobre en Lima que provincias”, grafica el docente.

En zonas rurales, la población puede recurrir al autoconsumo de alimentos, lo que no es posible en la ciudad. En el ámbito urbano, los hogares deben destinar parte de su presupuesto a transporte, alquiler y servicios, lo que los obliga a recortar gastos en alimentación y profundiza la inseguridad alimentaria.

Pobreza
El informe del INEI subraya que la pobreza y el hambre urbana requieren una reforma urgente de las políticas sociales y laborales en Lima Metropolitana.

Pobreza y criminalidad: sin relación directa

¿Esta situación puede incrementar los índices de inseguridad? Herrera aclara que no existe evidencia de que la pobreza esté asociada directamente a mayor criminalidad. En realidad, los perfiles de los delincuentes suelen corresponder a personas con niveles de vida relativamente elevados.

Por el contrario, subraya que la tendencia más crítica es la profundización de las diferencias entre la pobreza urbana y rural, y la ausencia de estrategias diferenciadas y específicas para cada entorno.

Para el experto, el crecimiento económico no ha reducido la pobreza como se esperaba, lo que revela deficiencias en los programas multisectoriales y sociales y un debilitamiento institucional para implementar políticas laborales eficientes.

(Video: Canal N)
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