
En el comercio exterior, la aduana es solo el cierre visible de un proceso que arranca meses antes. Vanesa lleva 25 años coordinando importaciones y exportaciones, y tiene claro qué es lo que mueve el trabajo: “me encanta todo el proceso, que una mercadería que viene de China pase por todo lo que pasa”. Desde los acuerdos con el proveedor en origen hasta el camión que entrega en depósito, ninguna parte le es ajena.
¿Qué abarca tu trabajo como despachante de aduana en el día a día?
Hacemos todos los rubros. Arranqué hace como 20 años con clientes del sector metalúrgico, y ese origen marcó mucho mi perfil profesional, pero en realidad trabajo con textil, papel, metalúrgica, sin problema. Hay despachantes más exclusivos, pero no es mi caso.
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Más allá del despacho en sí, lo que me apasiona es el comercio exterior en su totalidad. Estoy en todo: desde que hablo con el importador hasta que la mercadería llega a su depósito. Me encanta el proceso completo, que una mercadería que viene de China pase por todo lo que pasa en cuanto a documentación, al viaje, los acuerdos con el proveedor, todo.
¿Cuál creés que es el factor más importante en una importación?
Para mí, el control de la mercadería es fundamental, y muchas veces se pierde de vista eso. La documentación es lo que habilita el ingreso al país, pero lo que realmente se importa, lo que se juega, es la mercadería. Su costo, todo lo que puede pasar en el medio: un problema en el puerto de origen, un contenedor que se cae, mercadería que se rompe.
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Por eso pedimos fotos en origen antes de que zarpe. Para ver cómo viene embalada, cuál es la marca, el origen, cómo es la mercadería física real que va a estar en la aduana cuando llega acá. Si hiciste ese trabajo previo, la verificación no es ningún problema. Al contrario: es el momento en que abrís los contenedores y sabés exactamente lo que hay adentro.
¿Y cómo es ese momento de la verificación en el puerto?
Es lindo, aunque suene raro decirlo. Porque estuviste seis meses antes con esa carga: tres o cuatro meses de viaje desde China, todo el proceso previo. Cuando llega y está bien, sentís algo genuino. Es parecido a cuando comprás algo y te llega, pero multiplicado. Cuando son diez contenedores de mercadería de valor, hay algo que se juega ahí que va más allá de lo técnico.
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Todavía falta la entrega al cliente: el camión al depósito, que abran el contenedor, que confirmen que todo llegó bien. Recién ahí terminás. Me pasa de quedarme despierta esperando que llegue el camión y que el cliente confirme que recibió la mercadería.
¿Cómo se organiza la coordinación con todos los actores de la cadena?
El despachante es el último eslabón: el que libera la mercadería. Por eso tiene que estar conectando todo lo previo. Trabajamos con un equipo con años de experiencia en el rubro y con gente joven que trajo una manera distinta de gestionar la comunicación, más ágil, más en tiempo real.
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Lo que hacemos cuando arrancamos con un importador o exportador es conectar a todos los agentes involucrados: agentes de carga, representantes en origen, transportistas. Con China trabajamos a cualquier hora, a la madrugada. Y armamos un grupo de seguimiento con todos ellos, pero sin el cliente. El dueño de la mercadería no tiene por qué estar en eso: él invirtió, confió y tiene que recibir la carga. Uno como despachante se encarga de que no se escape nada ni nadie en el medio.
¿Cómo impacta en el trabajo la dinámica de un sector que no para nunca?
El puerto no para. No para en feriados, no para sábados ni domingos, y uno tiene que estar a la altura de eso. Si un exportador tiene el turno en el puerto un sábado y terminó la documentación a último momento, no podés decirle “son las cinco de la tarde, me voy”. Porque si no termina pagando tres o cuatro mil dólares más por algo que se podría haber resuelto.
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Eso requiere que te guste de verdad lo que hacés. En 25 años pasamos por todos los vaivenes que tuvo este sector en Argentina y seguimos en esto. Es muy difícil hacer este trabajo si no te gusta, porque la presión es constante. Y eso lo tenés claro cuando estás ahí, en el puerto, viendo salir o entrar una carga que coordinaste desde el principio.
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