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Del titanio a la camioneta lista: la logística que sostiene la industria médica

Federico Alustiza, jefe de compras, explica cómo la industria médica argentina combina producción nacional e importación abierta para sostener toda la cadena de abastecimiento hasta el paciente

Federico Alustiza
Federico Alustiza es jefe compras (Foto: Movant Connection)
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“Hay algo fundamental, que es una gestión integrada de las compras”. Así, Federico explica la lógica que atraviesa su trabajo en la industria médica: pensar cada decisión de abastecimiento en función del flujo de venta y del stock necesario. Desde el titanio de grado médico hasta la importación de implantes biomédicos, su tarea combina producción nacional, insumos importados y servicios técnicos, sin perder de vista el objetivo final de mejorar la calidad de vida del paciente.

¿Cómo llegaste a desempeñarte dentro de la cadena de abastecimiento de una industria que integra lo productivo con el servicio directo al paciente?

Es una empresa con integración en la cadena productiva, pero en el fondo se trata del servicio al paciente: pensar en el último eslabón, en la persona que necesita operarse, un tratamiento o contención, más allá de la venta de un producto o un servicio.

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Inicialmente estudié preparación física, sin relación con esto. Cuando cursé marketing pensaba que mi camino iba a ser otro, pero empecé a trabajar en una empresa que me dio la posibilidad de pasar por varios sectores antes de compras: finanzas, administración, entre otros. Ahí empecé a descubrir que esto me gustaba, que había desarrollo posible y que la negociación, en particular, me interesaba.

¿Qué insumos se necesitan para que una industria como esta funcione, más allá de lo estrictamente productivo?

Se necesita desde titanio de grado médico y plástico de grado médico hasta una camioneta lista para repartir instrumental quirúrgico, maquinaria apta para la producción, una lavadora de ultrasonido y un esterilizador funcionando, con sus propios insumos y servicios de mantenimiento.

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Y también todo lo que sostiene la operación desde otro lugar: materiales para el área administrativa o simplemente la comida del personal, para que quien trabaja se sienta a gusto y pueda desarrollar su tarea de la mejor manera posible.

¿Qué tan difícil es acceder a esos insumos estrictamente médicos, como el titanio?

A nivel nacional es una industria bastante desarrollada. Puede pasar que en una pandemia sea terriblemente difícil conseguir algo, y ahí aparece la tarea del comprador: entender hasta qué grado de incertidumbre se puede soportar en la cadena para cumplir el objetivo de mejorar la calidad de vida del paciente.

Hoy es mucho más sencillo porque hay una importación abierta y la oferta llega. De hecho, para quien compra hoy es más fácil negociar, porque está del lado del vendedor: si una empresa no es lo suficientemente proactiva para salir a buscar esa demanda, no sobrevive.

Industria médica
"Si no se tiene en cuenta el flujo de venta que va a tener la empresa, es muy complicado saber qué comprar", sostiene Federico (Foto: Shutterstock)

¿Pensás también el proceso al revés, desde el lado de la venta, para ajustar las decisiones de compra?

Hay algo fundamental, que es una gestión integrada de las compras. Si no se tiene en cuenta el flujo de venta que va a tener la empresa, es muy complicado saber qué comprar, más allá de si desde el área de abastecimiento se puede proyectar la demanda o si esta viene dada.

Esa venta siempre tiene dos caras: del lado del vendedor, pensar qué hay que colocar en el mercado; del lado del comprador, qué se necesita tener en estantería, es decir, el nivel de stock para poder vender en el momento en que se lo necesite.

¿Qué se produce a nivel nacional en esta industria y qué todavía se importa?

A nivel nacional conozco bien la parte de implantología: implantes quirúrgicos como los de cadera o rodilla, y en traumatología, placas y clavos para fracturas. También hay distintos grados de complejidad ortopédica, desde una plantilla hasta una pierna ortopédica de fabricación propia.

A medida que sube la complejidad de la patología, aparece el implante biomédico, y ese sí se trae de afuera, porque implica un chip, una batería u otro tipo de tecnología que no sé si en el país se desarrolla del todo. Hay marcas y proveedores puntuales, pero mucho viene de otros países.

¿Qué servicios, además de insumos físicos, necesita esta industria para funcionar?

Se necesitan validaciones propias del sector médico, validaciones de sala blanca, donde se acondiciona el instrumental quirúrgico, y servicios de calibración de una máquina esterilizadora o de mantenimiento de una máquina de lavado. En logística, una camioneta acondicionada para responder ante una urgencia o simplemente estar disponible.

Y después está el aspecto intangible: los equipos de trabajo capacitados para atender al cliente interno, que en el día a día hacen muchas cosas que nadie ve, pero que terminan impactando en el negocio y, en definitiva, en la calidad de vida del paciente.

Yo no estaría en la posición en la que estoy si no tengo el equipo que me acompaña. Esos equipos de trabajo que no son tan visibles son, en cierto modo, el sustento de toda la operación y del negocio en el que cada uno se desenvuelve.

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