
Paolo Maldini y Leonardo presentaron su renuncia a sus cargos dentro de la Federación Italiana de Fútbol (FIGC) apenas diez días después de asumir sus roles como director técnico y asesor, respectivamente. La salida de ambas figuras se produjo luego de que el presidente de la FIGC, Giovanni Malagò, bloqueara la designación de Andrea Pirlo como nuevo seleccionador de la Azzurra, candidato que Maldini y Leonardo consideraban el único perfil válido para liderar el proyecto deportivo, según informó el periodista Fabrizio Romano.
La decisión de Malagò de vetar a Pirlo se fundamentó en los vínculos comerciales del exmediocampista con una empresa rusa de apuestas deportivas. Según reportó Sky Sport 24, Pirlo se desempeñaba como embajador global de esa plataforma, un vínculo que surgió durante su paso por el United FC Dubai, cuyo propietario figura entre los principales accionistas de la compañía rusa. En el contexto de las sanciones internacionales vigentes contra Rusia, sectores políticos italianos presionaron a la federación para frenar la contratación, al considerar incompatible que el representante del fútbol nacional mantuviera lazos activos con corporaciones de ese origen.
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La presión surtió efecto el domingo 26 de julio, cuando Malagò optó por no autorizar la firma. Las reuniones que estaban previstas en Roma para el lunes 27 de julio entre el entorno de Pirlo y la FIGC fueron suspendidas, y con ellas quedó paralizada la rescisión del contrato del técnico con el Manchester United que habría precedido a su vinculación formal con la selección. Pirlo había alcanzado un acuerdo verbal para liderar la Azzurra hasta el Mundial 2030.
Ante ese escenario, Maldini y Leonardo no encontraron razones para continuar. Romano precisó que ambos habían descartado previamente otras alternativas para el banco del equipo nacional, entre ellas la de Pep Guardiola, quien rechazó la propuesta por motivos familiares. Pirlo era, para ellos, el perfil idóneo para un proceso de desarrollo a largo plazo, y sin su llegada el proyecto carecía de sustento. La renuncia fue inmediata.
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El propio Pirlo reaccionó a la controversia con un comunicado difundido en sus redes sociales. “A lo largo de mi carrera, primero como jugador y ahora como entrenador, siempre he llevado a cabo mis actividades cumpliendo estrictamente con las leyes de los países en los que he trabajado y los contratos que he firmado”, escribió el técnico, quien calificó de “gran amargura” el debate generado en torno a su nombre. Además, rechazó cualquier lectura política de su vínculo comercial: “Atribuirle un significado político a esta colaboración implicaría atribuirme creencias que nunca he expresado y que no son mías”, sostuvo, según recogió Sky Sport 24.
Pirlo también agradeció a Maldini y Leonardo la confianza depositada en él y cerró su mensaje con una declaración de pertenencia: “Mi amor por Italia no depende de una posición. Es parte de mi historia, de mi identidad, y siempre me acompañará“.
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La crisis obliga a la FIGC a reorganizarse con urgencia. El martes 28 de julio, el Consejo Federal mantendrá una reunión en la que se esperaba anunciar el nombre del nuevo seleccionador. Fuentes cercanas a la federación indicaron a Sky Sport 24 que la prioridad será encontrar un entrenador con experiencia y capacidad para gestionar la presión institucional. Los nombres de Roberto Mancini y Antonio Conte volvieron a considerarse como posibles candidatos para encabezar la reconstrucción del equipo nacional, que vive un verdadero escándalo.
Vale recordar que Italia no se clasificó a las últimas tres ediciones de la Copa del Mundo (la última en la que participó fue en la de Brasil 2014), una verdadera catástrofe deportiva para un combinado nacional que ostenta cuatro títulos ecuménicos.
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