
Desde el análisis de una factura proforma hasta la definición del costo final de una importación, el trabajo del despachante de aduana se volvió cada vez más estratégico para empresas que buscan previsibilidad en sus operaciones. “El importador y el exportador necesitan alguien que los acompañe, los asesore y les permita tomar decisiones con información confiable”, explica Gabriel, quien además analiza el crecimiento de nuevos importadores, el impacto de los costos logísticos y los cambios que introdujo la digitalización en el comercio exterior argentino.
¿Qué cambió en el comercio exterior argentino durante los últimos años?
Viví todos los ciclos del comercio exterior argentino. Viví etapas de apertura, de cierre, cambios de reglas de juego, la pandemia y distintos contextos económicos. Cada uno tuvo sus particularidades, pero siempre estuvieron muy relacionados con la situación económica del país.
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Hoy veo una realidad heterogénea. Hay sectores vinculados al consumo masivo que se desaceleraron porque también cayó el consumo interno. Lo mismo sucede con algunas industrias que trabajan con materias primas o producción local, como la metalúrgica y parte de la industria química, donde la actividad perdió dinamismo y la competencia se volvió más intensa.
Sin embargo, también observo otro fenómeno interesante: aparecieron muchos nuevos importadores que antes no participaban del comercio exterior. Empresas más pequeñas o emprendedores que empezaron a analizar la posibilidad de importar productos que antes no se animaban a traer. Ahí es donde el acompañamiento profesional se vuelve fundamental para brindar confianza y previsibilidad.
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¿Por qué es tan importante esa previsibilidad?
Porque muchas veces una empresa tiene una oportunidad comercial, encuentra un proveedor en el exterior o recibe una propuesta interesante, pero no sabe cuánto le va a terminar costando realmente el producto cuando llegue al país.
Nuestro trabajo empieza incluso antes de que exista una operación concreta. Muchas veces recibimos una factura proforma y a partir de ahí realizamos el análisis completo: costos logísticos, impuestos, gastos asociados y costo final de nacionalización. Recién con esa información el cliente puede determinar si la operación es viable o no.
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Hay personas que se sorprenden cuando conocen el costo final. No porque los números estén mal calculados, sino porque existen muchos conceptos que suelen desconocerse. Los costos logísticos, por ejemplo, tienen una incidencia cada vez mayor y pueden modificar significativamente la ecuación económica de una operación.
¿Qué rol juega la logística dentro de ese análisis?
La logística tiene una participación central. Para poder determinar el costo final de un producto necesitamos conocer previamente los costos de transporte y para eso trabajamos permanentemente con agentes de carga y operadores especializados.
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Además, la logística no solamente influye sobre el costo, sino también sobre los tiempos de entrega. Hay operaciones donde la velocidad es determinante y otras donde el objetivo principal es optimizar gastos. Cada caso requiere un análisis distinto.
En exportación ocurre algo similar. Hay clientes que necesitan rapidez y optan por el transporte aéreo. Otros priorizan la eficiencia económica y eligen alternativas marítimas o terrestres. En operaciones con Brasil, por ejemplo, muchas veces hay que evaluar cuidadosamente qué modalidad conviene más porque la diferencia económica puede ser menor de lo que se imagina.
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Por eso no existen soluciones universales. Cada operación tiene sus propias características y necesita un análisis previo para encontrar la alternativa más conveniente.
¿La gestión de tiempos sigue siendo uno de los principales desafíos?
Sí. Los tiempos operativos siguen siendo determinantes porque cualquier demora genera costos adicionales. En el caso de las importaciones, uno de los principales objetivos es retirar la mercadería dentro del período de forzoso que otorgan las terminales. Cuando eso no ocurre, aparecen gastos extras que pueden incrementar significativamente el costo de la operación.
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En nuestro caso intentamos retirar prácticamente todas las cargas dentro de ese plazo. Salvo que exista algún problema documental o una situación ajena al proceso, trabajamos para evitar que el importador asuma costos innecesarios.

El problema es que muchas veces dependemos de factores externos. Hoy gran parte de la operatoria se coordina mediante sistemas de turnos y no siempre es posible acceder a horarios convenientes. En ocasiones los turnos se asignan durante la madrugada o en horarios poco operativos, lo que también termina generando costos adicionales para las empresas.
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¿Cuánto cambió la profesión durante estos años?
Cambió profundamente. Uno de los cambios más importantes fue la digitalización. Hace algunos años gran parte del trabajo era manual y documental. Hoy los sistemas permiten gestionar operaciones de una manera mucho más eficiente, acceder a estadísticas, comparar costos y realizar análisis que antes requerían mucho más tiempo.
La incorporación de herramientas digitales mejoró notablemente la operatoria y permitió que tanto importadores como exportadores tengan más información para tomar decisiones.
También evolucionó la velocidad con la que se trabaja. Hoy los clientes necesitan respuestas inmediatas. Muchas veces llaman porque tienen una oportunidad de negocio y necesitan saber ese mismo día cuánto les costará importar un producto o si una operación es viable.
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Esa necesidad de inmediatez exige estar permanentemente actualizado, seguir los cambios normativos y acompañar a las empresas de manera mucho más cercana.
¿Cómo definís hoy el rol del despachante de aduana?
Lo considero un actor fundamental dentro del comercio exterior. Muchas veces comparo nuestro trabajo con el de un contador o un abogado de confianza. El importador y el exportador necesitan alguien que los acompañe, los asesore y les permita tomar decisiones con información confiable.
La previsibilidad es probablemente el valor más importante que podemos aportar. Cuando una empresa sabe cuánto va a gastar, cuánto tiempo demandará una operación y cuáles son los riesgos involucrados, puede planificar mejor y operar con mayor tranquilidad.
Por eso el rol del despachante va mucho más allá de la documentación. Implica acompañamiento, análisis, planificación y capacidad de respuesta.
¿Cómo ves el futuro del comercio exterior argentino?
Soy optimista. Argentina tiene un enorme potencial para crecer en comercio exterior. Veo oportunidades importantes en distintos sectores y creo que las exportaciones van a seguir ganando protagonismo durante los próximos años.
También entiendo que la apertura de importaciones genera opiniones diferentes según el sector que se analice. Hay industrias que se sienten beneficiadas y otras que enfrentan mayores desafíos. Son parte de los ciclos económicos que históricamente atravesó el país.
Lo importante es que las empresas cuenten con herramientas, información y acompañamiento para adaptarse a esos cambios. El comercio exterior argentino tiene margen para crecer y desarrollarse. Y quienes trabajamos en esta actividad tenemos la responsabilidad de ayudar a que cada vez más empresas se animen a participar de ese proceso.
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