
En un escenario atravesado por insumos importados, condiciones del comercio exterior y la necesidad de una logística ágil, el sector de protección laboral redefine su operación entre costos, tiempos y abastecimiento. En ese contexto, Raúl pone en valor la relevancia de la actividad: “El elemento de protección es la última defensa del usuario ante un accidente”.
¿Cómo describirías la actualidad del rubro de elementos de protección laboral?
Estamos justo en un momento disruptivo. En el segmento de energía eléctrica, gas y petróleo estamos en medio de un cambio muy fuerte, donde variaron drásticamente y muy rápido los parámetros con los que los empresarios nos veníamos manejando hasta hace dos años. Antes era importante tener el producto disponible, tener stock, porque eso era la ventaja. Hoy cambió porque hubo una depresión en la demanda, muy profunda, y recién ahora empieza a repuntar. Hoy la función de quienes encabezamos empresas es lograr que los productos sean competitivos, y ahí empezó a tallar fuerte el gasto fijo, porque ahora hay un precio real de mercado, alineado con valores internacionales.
Mencionaste el tema de la importación. ¿Cómo es la dinámica del sector en ese sentido?
En la indumentaria ignífuga te diría que casi el 100% de las materias primas son importadas. Hablamos de telas, cierres, abrojos, botones, todo lo que en la industria se llama avíos. No hay industria argentina que fabrique estos materiales para lograr un elemento de protección óptimo. Y esto es clave porque el elemento de protección es la última defensa del usuario ante un accidente. Tienen que haber fallado muchas cosas antes: cultura de la empresa, ingeniería, barreras físicas. Cuando todo eso falla, aparece el elemento de protección, que tiene que salvar al usuario. Por eso, la calidad es fundamental y depende de insumos importados.

¿Y cómo es esa dinámica en la actualidad?
Hoy es fundamental la relación con proveedores. Si bien mejoró muchísimo el comercio exterior respecto a gestiones anteriores, todavía no se pueden hacer pagos anticipados. Eso complica el acceso de las pymes a mercados como China, India o Turquía, que son los principales proveedores. Ellos piden pago anticipado y la pyme no lo tiene. Entonces, lo que termina definiendo la operación es la confianza con el proveedor. Es el proveedor el que decide avanzar con un pago a la vista, y eso depende de la antigüedad y el cumplimiento que haya tenido la empresa en la relación comercial.
Desde tu percepción, ¿qué rol juega la logística en este escenario?
Es fundamental la logística, entendida de forma completa, no solo el transporte. Argentina es un mercado relativamente chico en este segmento. Colombia nos supera cinco veces en consumo, Brasil entre 15 y 20 veces. Entonces, la logística tiene que ser flexible para manejar pequeños volúmenes que muchas veces no completan un contenedor. Si no es una operación CIF, necesitás una logística eficiente para retirar, trasladar, consolidar y nacionalizar la mercadería. Y hoy la velocidad es todo, porque las empresas compran sobre la urgencia. Cuando el problema ya está encima, ahí compran. Entonces lo que piden es velocidad, y la logística es clave para responder con eficiencia.
¿Esta necesidad de velocidad con qué tiene que ver? ¿Falta previsión?
Es lo que hacen muchas provincias, para ser crítico. Nosotros hemos donado equipos cuando hubo incendios porque no había quien los provea. En pandemia también pasó. Fabricamos equipos forestales y en varias situaciones hicimos donaciones porque no había capacidad de respuesta. Cuando se prende fuego un bosque ya no es momento de comprar.
¿Qué recomendación darías como profesional en seguridad e higiene?
Lo que debería primar es la prevención. Para prever, necesitás estadísticas. En incendios forestales, dos más dos es cuatro. Sabés que van a ocurrir. No es como en una industria con altibajos. Acá hay patrones claros. Entonces hay que anticiparse. El problema es que hay procesos: logística, fabricación, entrega. Eso puede llevar cuatro meses. Entonces, como mínimo, cuatro meses antes tenés que tener la compra en marcha. Y siendo provincias, con sus procesos, deberían arrancar al menos seis meses antes. Es cuestión de planificación.
¿Te gustaría agregar alguna reflexión?
Sí, en relación al comercio exterior, hoy está más prolijo y previsible, pero todavía no se pueden hacer pagos anticipados. Y hay un cambio de paradigma muy fuerte para las pymes: el equilibrio entre gasto fijo y stock. Antes el stock era clave porque había demanda. Hoy, con precios más reales y una demanda que recién empieza a repuntar, el gasto fijo pesa mucho. Muchas pymes están ajustando eso porque lo que venden no alcanza para cubrirlo. A eso se suma la presión impositiva, que es altísima a nivel nacional, provincial y municipal. El desafío hoy es lograr que la rentabilidad acompañe a ventas que todavía están deprimidas, aunque empiezan a mejorar.
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