
Silvia lleva décadas construyendo ecosistemas emprendedores y formando a quienes deciden crear valor donde otros ven problemas. En esa trayectoria, la logística apareció una y otra vez como el eslabón que falta: “una logística eficiente y moderna, que no sea una carga sino un habilitador para poder llevar productos a cualquier destino”.
¿Cómo describirías tu vínculo con el mundo emprendedor?
Siempre me sentí emprendedora de alma. Tuve mi propio desarrollo profesional y empresarial, llegué a tener 250 personas a cargo en una época de hiperinflación. Luego, cuando vendí mi compañía, entré a investigar qué pasaba con el mundo emprendedor en Estados Unidos, en la época del boom de Internet.
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De ahí traje la idea de crear el primer centro de emprendedores en una universidad y la primera competencia de proyectos del país, que hoy recibe más de 2.000 proyectos por año. A partir de ahí continué este camino: ser emprendedora, pero sobre todo apoyar emprendedores y ayudar a crear lo que llamo el ecosistema emprendedor e innovador.
¿De qué se compone ese ecosistema?
Cuando uno mira modelos como Silicon Valley, Israel o Singapur, hay elementos comunes. Primero, personas con capacidad, motivación e inspiración para emprender. Después, una cultura que permite la prueba y el error, que no castiga el error. Y luego lo que llaman los jugadores del ecosistema: universidades, aceleradoras, centros de investigación, política pública que apoya sin subsidiar, y grandes corporaciones que se interesan cada vez más porque serán los potenciales clientes de esas startups.
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También tiene que haber una red de proveedores que ayude desde lo legal, lo contable, el marketing. El sector financiero es importantísimo. Y hace falta una aprobación social del valor del empresario honesto y eficiente: en los países con prosperidad, ese empresario no es el villano, es el héroe.
¿Dónde aparece la logística en todo esto?
A lo largo de mi trayectoria me crucé muchas veces con emprendedores que necesitan la logística porque es la esencia de sus proyectos. Los e-commerce, por ejemplo, necesitan trasladar lo material. Y durante mucho tiempo había poca innovación en ese sector.
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Hoy, con las nuevas tecnologías, veo un enorme potencial para crecer. Pero más allá de eso, la logística es clave para el comercio exterior. Un país abierto al mundo necesita una logística eficiente y moderna, que no sea una carga sino un habilitador para llevar productos a cualquier destino. Meter la logística en el ecosistema de innovación y de emprendedurismo es clave.

¿Qué hace falta para que haya más emprendimiento logístico en Argentina?
Las oportunidades nacen en los problemas. Argentina y toda Latinoamérica están llenos de problemas sin resolver, y ahí es donde nace el ecosistema emprendedor. En logística hay mucho por mejorar, muchas inconveniencias, muchas insatisfacciones.
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Cualquier emprendedor que identifique uno de esos problemas y encuentre una solución por la que alguien esté dispuesto a pagar tiene una oportunidad real. Además, para que ese ecosistema funcione hace falta apertura al mundo: tanto para exportar como para importar. Y para eso, la logística tiene que estar a la altura.
¿Cuáles son los errores más comunes al arrancar un proyecto?
El primero y más frecuente: empezar por la idea. Nunca hay que empezar por la idea. Hay que empezar por el problema. Identificar la necesidad oculta, la posibilidad de mejora, y enamorarse del problema. Ser experto en ese problema.
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Recién después hay que investigar si ese problema afecta a muchos, y si esos muchos están dispuestos a pagar por una solución. Porque si el que tiene el problema puede resolverlo solo, no hay oportunidad de negocio. Luego viene la ideación, la validación y el diseño del modelo de negocio para capturar valor.
¿Cómo resumirías ese proceso?
Emprender es sinónimo de valor, y hay cuatro verbos que lo definen: crear valor, producir valor, entregar valor y capturar valor. Tengo que crear valor para alguien que lo necesita, producir esa propuesta con los recursos y aliados adecuados, entregarla y hacerla conocida, y después capturar la diferencia entre lo que me cuesta producir y lo que obtengo.
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En todo ese proceso son clave las personas con quienes lo hacés, el equipo, el propósito, y por supuesto el financiamiento, que es como el combustible que entra por las venas del emprendimiento.
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