
Durante la audiencia número 27 del juicio por el hundimiento del ARA San Juan, que se desarrolla ante el Tribunal Oral Federal de Santa Cruz en Río Gallegos, el excapitán de navío Claudio Villamide amplió este miércoles su declaración indagatoria y respondió algunos de los principales cuestionamientos formulados en su contra acerca de su actuación como comandante de la Fuerza de Submarinos al momento de la tragedia.
A lo largo de más de dos horas, y a partir de un extenso interrogatorio conducido por sus defensores Juan Pablo Vigliero y Magalí Crespo, el imputado se refirió a tres cuestiones que aparecen de manera recurrente en el debate oral: cómo evaluó el ingreso de agua de mar reportado durante una patrulla realizada por el San Juan en julio de 2017, por qué consideró legítimas las pruebas efectuadas por el capitán de fragata Pedro Fernández sobre la válvula ECO-19 y cuáles fueron las razones por las que no le ordenó permanecer en superficie después del incidente comunicado durante la noche del 14 de noviembre de 2017.
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Uno de los ejes centrales de su defensa estuvo asociado, en efecto, al informe del comandante Fernández tras una patrulla de control de mar efectuada en julio de 2017. Ahí se consignó que durante el sexto día de navegación se produjo una filtración de agua de mar a través del sistema de ventilación que llegó a alcanzar el ventilador del tanque de baterías N° 3 de proa. Esa avería fue especialmente puntualizada a lo largo de estos últimos tres meses de debate público, en tanto se produjo en el mismo lugar donde, cuatro meses después, el submarino reportó un principio de incendio provocado por otro ingreso de agua y por medio del mismo conducto de ventilación.

El imputado afirmó que aquella novedad le llamó inmediatamente la atención al leerla en el reporte de actividades, firmado por el comandante del buque en el mes de agosto de ese 2017. “Por esa razón lo convoqué al señor capitán Fernández a mi oficina y le pregunté qué había pasado. Porque era un ingreso de agua, que lo detectaron, que había pasado por el sistema de ventilación y había llegado hasta la envuelta del ventilador de la batería de proa, donde un tripulante se dio cuenta”, explicó.
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Según reconstruyó, durante esa reunión le manifestó su preocupación y le pidió precisiones sobre lo que había ocurrido. “Le dije: ‘che, este es un ingreso de agua, ojo con este tema, que es un tema de cuidado. ¿Lo verificaron?’. El capitán Fernández me dijo: ‘sí señor, está verificado’. Entonces le pregunté: ‘¿estamos claros con este tema?, ¿está solucionado?’. Y él me respondió: ‘Señor, quédese tranquilo, el tema está solucionado’”.
Al mencionar por qué consideró suficiente aquella respuesta de su subordinado, recordó que conocía al capitán Fernández desde finales de la década de 1990 y destacó su experiencia dentro de la especialidad submarina. “Si un comandante de buque, un capitán de fragata, seleccionado por la Armada, a quien yo conocía desde el año 98 cuando hizo la Escuela de Submarinos y yo era jefe de operaciones del San Juan, que era un oficial inteligente, trabajador, riguroso, ya como comandante del buque, con el orden de 26 o 27 años de servicio, 19 o 20 años de submarinista, capitán de fragata, no un teniente de corbeta, me dice ‘señor el tema está solucionado’... Dentro de la Armada hay un tema de confianza y de conocimiento del otro profesional y de su idoneidad. Para mí el tema estaba solucionado”.
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El excomandante de la Fuerza de Submarinos destacó además que después de ese episodio del 6 de julio la unidad continuó operando sin registrar nuevos ingresos de agua por el sistema de ventilación.
“Tal cual lo refleja el informe de patrulla, luego de ese punto él dice que se normalizó la ventilación. El buque siguió haciendo snorkel y no hubo nunca más un ingreso de agua en esa navegación. Y hubo condiciones de mal tiempo. En agosto zarpó nuevamente por una navegación de dos o tres días con algunos buques de la flota; en esa navegación también hubo mal tiempo y se hizo snorkel y no hubo problemas. Sabemos que transitó hasta Ushuaia, realizó muchos snorkels más, y muchos fueron en condiciones de mal tiempo, y nunca más se reiteró un ingreso de agua“, puntualizó Villamide.
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También respondió a quienes argumentan que debió haber iniciado una actuación disciplinaria para investigar con mayor detalle el tema. “No es poco que uno como comandante le requiera explicaciones a su comandante subordinado, que lo llame a su despacho, lo siente frente a uno y le diga qué pasó. Él es capitán de fragata, tiene la responsabilidad de un buque a cargo y es una observación suficiente al nivel entre comandantes”.

El juicio oral busca determinar si existen responsabilidades penales por el hundimiento ocurrido el 15 de noviembre de 2017 en aguas del Atlántico Sur. Villamide, destituido de la Armada en 2021 por un Consejo General de Guerra, está sentado en el banquillo de los acusados junto al contralmirante (RE) Luis Enrique López Mazzeo, el capitán de navío (RE) Héctor Alonso y el capitán de fragata (RE) Hugo Miguel Correa.
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Los cuatro enfrentan cargos por incumplimiento de los deberes de funcionario público, omisión de los deberes del oficio y estrago culposo agravado por la muerte de los 44 tripulantes.
El debate atraviesa además una etapa decisiva. Esta semana es la última con audiencias antes del inicio de los alegatos. Según el cronograma fijado por el tribunal, las exposiciones finales comenzarán el próximo 22 de junio.
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Por lo demás, otro de los cuestionamientos abordados durante la ampliación indagatoria del exsubmarinista estuvo relacionado con la denominada prueba de compenso llevada adelante por el capitán Fernández durante aquella patrulla de control de los espacios marítimos de julio. Durante el curso del proceso se viene evaluando si esa maniobra, orientada a generar una recirculación de aire para homogeneizar la atmósfera en el interior del submarino, pudo haber estado vinculada con una modificación en la posición de la válvula ECO-19, señalada como la vía de ingreso de agua que filtró hasta el tanque de baterías aquel 14 de noviembre. O si acaso Villamide, como comandante superior de Fernández, no debió haber reprendido al comandante del buque por hacer ensayos con ese flap de ventilación.
Y es que en rigor, la Eco-19, tal como se consignó en las diferentes audiencias, es una válvula del sistema de ventilación que debe ir cerrada en navegación y que solo se abre en puerto para cargar las baterías del submarino. La prueba de “homogeneización” de la atmósfera, según el informe de patrulla de julio redactado por el comandante Fernández, se realizó el día 13 de ese mes con el fin de intentar generar una recirculación del aire con el buque cerrado y testear la efectividad de los canisters de cal soda (un producto encargado de absorber el CO2 para cuando la nave está en inmersión durante días sin ventilar a través del snorkel o en superficie).
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Todos los testigos que pasaron por Río Gallegos aseguraron que el manual de preparación de mecanismos indica que esa válvula debe estar cerrada cuando se navega. Incluso dijeron que nunca habían tomado conocimiento de una prueba semejante: nadie nunca había abierto la Eco-19 en navegación. Al respecto, Villamide reconoció que ese ensayo llamó su atención, aunque sostuvo que la reglamentación autorizaba al comandante a realizarla.
“La reglamentación le permite hacer esas pruebas al comandante. Puede hacerlas. Tal cual dijo un testigo acá: el problema no es hacer esa prueba en sí, el problema podría ser si no se dejan los mecanismos como deben dejarse. Muchas de estas pruebas permiten mejorar al servicio naval“, aseguró.
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“De hecho-completó Villamide-, la prueba se hizo en condiciones de seguridad”.
La exposición del exoficial trató luego otro de los reproches formulados en su contra: no haber ordenado a Fernández permanecer en superficie después del incidente reportado durante la noche del 14 de noviembre de 2017, en plena gestión de la emergencia y ante un temporal con un crítico estado de mar.
Frente a esa crítica, Villamide apeló a la doctrina naval para fundamentar que las decisiones sobre seguridad náutica en el medio de las operaciones corresponden de modo “absoluto” al comandante de la unidad.

“El Reglamento General del Servicio Naval dice que esas decisiones sobre seguridad náutica las debe tomar el comandante. Se habla también del ‘comandante de la escena de la acción’: es el hombre que está en ese momento -el comandante del buque- en mejor condición de decidir lo que le pasa a su unidad. Él es el que sabe el remanente de batería, el combustible que tiene, en qué condición tienen los tanques, cuánto aire cargó, si ventiló. Él tiene perfectamente en claro las variables que, desde un escritorio a más de mil millas de distancia, no se tienen”, subrayó con énfasis.
Después apuntó: “Nos hemos cansado de escribir en la Armada Argentina, y es parte de la tradición nelsoniana, que el que decide es el comandante en el mar, y ahora post facto, con el diario del lunes, cuestionan las órdenes o las decisiones que tomamos los que decidimos en tiempo real en aquel momento, tanto Fernández como yo. Pero la reglamentación en ese sentido avala que es el comandante del buque el que está en ese momento y es el responsable absoluto de la seguridad del buque”.
“Mal podía yo darle una orden que pudiera generarle otra variable más que le generara más presión o que pudiera condicionar la mejor decisión que él debía tomar para su buque en ese momento”, agregó Villamide.
Por esa razón, dijo, envió un mensaje al submarino a la 01:31 del 15 de noviembre diciendo que cancele la patrulla y vuelva a Mar del Plata en “superficie o inmersión según factibilidad”, es decir, “según usted pueda o crea conveniente”.
Durante ese mismo tramo de la audiencia se refirió a la comunicación satelital mantenida con Fernández durante esa madrugada, horas antes de la implosión de la nave, hallada un año después a sobre el lecho marino a unos 907 metros de profundidad.
“Cuando yo hablé con Fernández, él me informó que ya había ventilado el buque, que se iba a volver a inmersión. Nadie se va a volver a inmersión con arcos voltaicos presentes ni con humo a bordo. Es un tema de sentido común. Es impensado”, afirmó con vehemencia.
El acusado manifestó en su cierre que estaba dispuesto a responder consultas de las partes antes de finalizar su indagatoria.
“Estoy a disposición del tribunal, de las querellas y de la fiscalía para tratar de explicar o alguna duda que puedan tener o algún cuestionamiento. Creo que es la última posibilidad que tengo, así que quedo abierto a sus preguntas”, manifestó.
La fiscal María Garmendia Orueta aclaró que el Ministerio Público no tenía preguntas para formular. Sí intervinieron el querellante Luis Tagliapietra, padre del teniente de corbeta Alejandro Tagliapietra, uno de los 11 oficiales que iban a bordo de la nave, y los jueces del tribunal oral encabezado por el juez Mario Reynaldi.

A su término, el ex capitán de navío y actual capitán de ultra mar de la Marina Mercante recurrió a un antecedente naval ocurrido en 2010 que, según explicó, reflejaba cómo se abordaban las cuestiones de seguridad dentro de la Fuerza de Submarinos.
Recordó que ese año el ARA Santa Cruz, que había realizado su reparación de media vida en Brasil en el 99, debía reemplazar sus baterías e ingresar nuevamente a reparaciones.
“El comandante del submarino lo vio a su comandante de Fuerza, que era el capitán Picardo en aquel año, y le dijo que, en su opinión, el submarino Santa Cruz por un tema de seguridad ya no debía ir más a inmersión”, relató.
Explicó que ese planteo fue evaluado por la cadena de mando y que el entonces comandante de la Fuerza de Submarinos embarcó posteriormente en la unidad. “El COFS tomó el tema y después de eso embarcó. En esa navegación hubo una emergencia. Finalmente el COFS tomó el criterio del comandante, se hizo un Consejo del Arma Submarina, se presentó la circunstancia (...) y se llegó al acuerdo de que el submarino hasta tanto volviera a salir de reparaciones generales no debía volver más a inmersión con la batería en ese estado, porque gaseaba”.
Tras reconstruir esa secuencia, reveló que el comandante que había planteado aquella advertencia, y aun en contra de algunos oficiales de la plana mayor, era él mismo.
“Eso se originó en un buque del cual yo era comandante. Yo paré al submarino Santa Cruz, que dejó de ir a inmersión... Me tomo seriamente la seguridad”, afirmó mientras dirigía la mirada hacia el sector ocupado por la fiscalía.
En su cierre, y con la voz casi quebrada, Villamide defendió la actuación profesional de los submarinistas y rechazó las acusaciones por imprudencia: “No somos descriteriados. No somos temerarios. Somos profesionales, todos, desde el cabo más moderno hasta el comandante. Sabemos lo que hacemos. Somos orgullosos de nuestro trabajo”.
Y completó: “Hemos sido siempre una fuerza de elite. Y no nos tomamos el tema de la seguridad a la ligera”.
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