Borges y la carpetita con la Union Jack
Borges y la carpetita con la Union Jack

La parodia y el homenaje tienen como raíz el gran conocimiento de la obra original. Nunca una parodia ni un homenaje serán buenos si no hay admiración, dedicación y estudio. Por eso muchas veces César Aira es tan mal parodiado —entre las excepciones se destaca, sin dudas, el trabajo de Ariel Idez—; por eso muchas veces Jorge Luis Borges es tan mal homenajeado.

No se puede leer ingenuamente a Borges, no se lo puede homenajear ingenuamente. Además, Borges supone un problema extra: tomar cierta distancia de él. Es como un virus, un caballo de Troya que prepara todo para abrir las puertas mientras estamos descuidados y conquistarnos. "Aún los que están totalmente en contra de él leen con un criterio borgiano", decía Alan Pauls hace unos años, al hablar de su ensayo El factor Borges. Quienes fueron conscientes de las puertas que abría Borges y pudieron reelaborar su literatura son los que hicieron algo nuevo y valioso. Para nombrar solo a dos ejemplos de una lista extensa: Roberto Bolaño en Literatura nazi en América y Luis Chitarroni en Siluetas tuvieron la capacidad de apropiarse de los temas, de sus búsquedas y las preguntas de Borges.

Jorge Carrión
Jorge Carrión

En este grupo está también, sin dudas, el español Jorge Carrión con el libro Shakespeare & Cervantes (Ed. Nórdica, 2019). Carrión escribe a partir del cuento "El otro": un hermoso relato de 1972, donde un Borges de pelo gris se encuentra en un banco de plaza con una versión joven de sí mismo: ambos se entrecruzan como en un ensueño fantástico, hablan de sus libros, de sus padres. No hay consejos, no hay cambios de conducta, no hay preguntas cruciales ni verdades reveladas. Tan solo dos hombres —el mismo— que miran al destino como un camino insondable.

“Shakespeare & Cervantes”, de Jorge-Carrión (Nórdica)
“Shakespeare & Cervantes”, de Jorge-Carrión (Nórdica)

Carrión recupera el artificio borgiano de hablar de un manuscrito extraviado… de Borges, en este caso. Como un médium, le da una voz posible y retoma varias de sus características más conocidas para darle un marco y un sostén a la historia: el libro apócrifo, la primera persona que certifica el verosímil, la cita falsa, el pliego barroco de la realidad, la literatura como indagación.

El cuento perdido de Borges se llama "Los otros dos". Es un cuento menor, dice Carrión, del que sólo tuvo acceso a unos pocos fragmentos. Más borgiano no se consigue. Y, sin embargo, es exquisita la manera en que evita el error de todos los epígonos e imitadores de Borges. Carrión nunca pierde su estilo. Shakespeare & Cervantes podría ser un escrito póstumo en colaboración.

William Shakespeare
William Shakespeare

La victoria del género menor

La estructura del libro es relativamente simple. Carrión comienza hablando de sí —como tantas veces ha hecho Borges— y sutilmente desliza el tema del cuento perdido y nos mete en la historia adentro de la historia: en "Los otros dos" Borges pasea por Ginebra y, mientras mira una partida de ajedrez en la plaza, se sienta en un banco ocupado por dos hombres, William y Miguel. El diálogo es intrascendente, pero se adivina que es un efecto buscado por el narrador, que "omite o desfigura los hechos".

"El secreto de Cervantes y Shakespeare", escribe Carrión casi al final, "está en el mecanismo creativo que concibieron, desarrollaron y perfeccionaron, en paralelo, sin conocerse. Los dos trabajaron a partir de materiales previos, de novelitas populares y leyendas urbanas y cuentos chinos. De relatos pulp, de la pulpa de papel, sustrato de la cultura. De géneros menores. Los dos moldearon, remezclaron, transformaron esos textos preexistentes, hasta convertirlos en obras maestras. El mecanismo es antiguo, se remonta a los orígenes de la creación literaria. Pero Shakespeare y Cervantes lo reconfiguraron en clave moderna: sin miedo a los límites, sin miedo a los géneros y sin miedo a los dioses".

La lectura que hace de Cervantes y Shakespeare aplica a la perfección para Borges. Y tal vez sea también un intento para pensarse a sí mismo. No hay que olvidar que él mismo toma esos materiales —aunque tal vez con más hincapié en cine y series— para sus libros, como en la novela Los muertos y en el ensayo Teleshakespeare.

Miguel de Cervantes
Miguel de Cervantes

Centro y periferia

En el ensayo "El escritor argentino y la tradición" (1957), Borges planta el precedente de una arrolladora que modificó la forma de concebir la literatura, no sólo en la Argentina, sino en América latina y en todos los países "tercermundistas" en general: no hay razón para que no se pueda considerar a cualquier autor ni a cualquiera obra como instrumento. Borges invierte la relación de fuerzas entre las tradiciones "fuertes" y las "nuevas". Sólo este ensayo debería servir para que la imagen de conservador con la que siempre se lo asoció se rompiera en mil pedazos.

Cómo no volver a aquel ensayo, cómo no pensar por dónde pasa el eje centro-periferia de la literatura, ahora, cuando es un español el que usa la obra de Borges como arcilla y lo pone en una serie junto con Shakespeare y Cervantes.

LEER MÁS