España está notando los efectos del conflicto de Oriente Medio, pero menos que otros países europeos porque está mejor posicionada en el ámbito energético, reconoce Santiago Carbó, catedrático del Departamento de Economía en CUNEF Universidad e investigador del Ivie. Considera que, a día de hoy, “el escenario central no es el de una crisis en España” porque nuestra economía “puede resistir razonablemente bien” tras el crecimiento que ha experimentado en los últimos años y en el que la población inmigrante ha tenido un “componente fundamental”, por lo que su regulación, impulsada desde el Gobierno, “no debería ser un problema”.
-Pregunta: En la sociedad española se ha abierto un debate que compara las pensiones que cobran los jubilados con los salarios de los jóvenes, en muchos casos precarios. ¿Cómo valora esta polémica intergeneracional?
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-Respuesta: Las finanzas públicas en España y el futuro del gasto público necesitan un análisis profundo, sobre todo en materia de pensiones, con el objetivo de conseguir un mayor equilibrio intergeneracional, porque en este momento hay una brecha entre la situación de los jubilados y la de los jóvenes menores de 30 años. Eso hay que corregirlo. Es necesario que se haga. Creo que el tema de la sostenibilidad de las pensiones se tiene que analizar. Es decir, cuando los salarios crecen de una manera y las pensiones crecen más, la situación empieza a no ser sostenible y los economistas lo llevamos diciendo durante mucho tiempo. No es que tengamos manía a las personas mayores, es que hay que redistribuir las cargas.
Los jubilados no han notado prácticamente ni la crisis financiera de 2008 ni ninguna otra. Desde los últimos 15 años no han tenido una corrección en sus rentas. Otros sí las han notado. No queremos que los pensionistas pierdan poder adquisitivo, pero cada año están en una situación más favorable.
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-P: ¿Qué se puede hacer para equilibrar esta situación y que los jóvenes mejoren sus ingresos?
-R: Hay que crear programas más efectivos de apoyo a los jóvenes, que les ayuden, que les faciliten la vida. Entre estas ayudas destacaría las dirigidas a la vivienda, que se está convirtiendo en un cuello de botella para todos, incluidos los inmigrantes. Eso es fundamental. También hay que potenciar determinados servicios sociales como guarderías. En general, las iniciativas y los programas dirigidos a los mayores tienen más recursos que los destinados a los jóvenes. Y son estos últimos los que van a seguir manteniendo la maquinaria productiva y los ingresos del Estado. Y para eso hace falta una política un poco más realista hacia las generaciones más jóvenes, sin menoscabar, necesariamente, a los mayores.
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Los pensionistas deben recibir una parte de la carga que los jóvenes han soportado desde la crisis financiera, luego con el COVID, después con la guerra de Ucrania... Esas cargas se han notado mucho menos en los pensionistas. Esto no significa que las pensiones no contributivas tengan que bajarse, hay que seguir apoyándolas, pero las pensiones más altas pueden no crecer tanto cada año. No estoy diciendo que dejen de subir, pero a veces llaman la atención porque pesan mucho más que un salario medio. Lógicamente se lo han ganado y eso hay que respetarlo, pero es el crecimiento de las pensiones lo que más me preocupa.

-P: ¿Entonces cree que la decisión del Gobierno socialista de vincular la subida de las pensiones al incremento del índice de precios al consumo (IPC) ha sido una mala medida?
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-R: En este momento, después de muchos años de dignificación de las pensiones, es hora de abrir el debate de hasta dónde pueden subir si no existen salarios dignos para una buena parte de la población. Esa es la clave. Es decir, no hay que ‘desdignificar’ las pensiones sino llevar a cabo un debate público para ver qué se hace con el resto de remuneraciones. Hay que acompasar las pensiones un poco más. No hay que destruir lo logrado, pero en este momento la percepción es que no están lo suficientemente acompasadas. La subida de las pensiones me preocupa cuando no hay salarios dignos para los jóvenes. Los pensionistas tienen que pensar en sus nietos.
-P: Hablando de salarios, han experimentado subidas en los últimos años y una de las más elevadas ha sido la del salario mínimo interprofesional, un 60% desde 2018. Sin embargo, la percepción de los trabajadores es que han perdido poder adquisitivo. ¿A qué cree que se debe esta contradicción? ¿La vivienda tiene mucho que ver en ello?
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-R: Sí. La vivienda tiene muchísimo que ver. Desde la pandemia hasta hoy hemos tenido una pérdida de poder adquisitivo incrementada por la guerra de Ucrania, que generó una inflación muy importante. Es verdad que se han producido crecimientos salariales considerables, pero tenemos un problema de productividad, no crece lo suficiente para permitir un aumento salarial significativo. El gran problema es que una parte muy importante del salario se lo lleva el coste de la vivienda, que supera ampliamente ese sano porcentaje que se recomienda del 30% de los ingresos. En muchos casos alcanza el 40% o el 50% y esa es una cantidad muy elevada.
Otro punto a tener en cuenta es que no todos los salarios han subido al mismo ritmo que el salario mínimo. En determinadas ciudades, las rentas medias tienen dificultades para encontrar una vivienda asequible que no suponga un gran problema en sus finanzas familiares. Comprar o alquilar una casa en algunas ciudades de España para una familia de cuatro o cinco miembros cuesta un potosí. Todo esto hace que acceder a una vivienda quite demasiados recursos a los ciudadanos para poder desarrollar su proyecto de vida.
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-P: Uno de los avances más importantes que ha conseguido España en los últimos años ha sido el aumento de la creación de empleo, hasta bajar la tasa de paro al 9.93% al cierre de 2025. ¿El conflicto en Oriente Medio puede generar una crisis que frene el ritmo de creación de puestos de trabajo?
-R: La creación de empleo está muy vinculada a lo que pasa con el producto interior bruto (PIB). Es cierto que hemos alcanzado niveles de ocupación que prácticamente no recordábamos desde 2006 y 2007 e incluso un poco más altos que en aquel momento. El producto interior bruto va a marcar mucho la agenda del empleo. Si no se resiente nuestra economía, seguiremos creando puestos de trabajo, aunque cada vez cueste más. Si hay una corrección del PIB de sólo dos o tres décimas, probablemente el empleo tendría también una corrección, pero se podrían seguir generando puestos de trabajo. Sobre todo si somos capaces de atraer nuevas inversiones extranjeras. También estamos viendo los efectos que puedan tener los acuerdos con China y otros países, porque la guerra arancelaria de Donald Trump ha hecho que busquemos otros mercados y eso puede tener a medio y largo plazo un efecto favorable sobre la economía española.
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-P: En relación con el empleo, ¿cómo valora la regularización de migrantes impulsada por el Gobierno? ¿Cómo afectará a nuestra economía? Según Luis de Guindos, vicepresidente del Banco Central Europeo, sin inmigración el crecimiento de España está en riesgo. ¿Comparte esta apreciación?
-R: Desde luego. El crecimiento español de los últimos cuatro o cinco años tiene un componente fundamental: el aumento de la población inmigrante, que ha ayudado a la producción. Además son consumidores, lo que también aporta crecimiento a España. Por eso entiendo las palabras de De Guindos. Hemos permitido la llegada de muchos inmigrantes, sobre todo de América Latina, que se han amoldado muy bien a nuestro país, que han ayudado a que el sistema funcione bien. Si tenemos aquí a estas personas, que ya se han establecido, que están trabajando, que están contribuyendo y que están ayudando, lo lógico es que la regularización no fuera un problema. Con ellos hemos ganado una cierta ventaja competitiva respecto a otros países. Lo que pasa es que este tema genera una gran polémica que capta o no capta votos. Un factor importante es que hay que aumentar los servicios públicos en aquellos lugares en que se ha incrementado la población inmigrante para evitar tensiones y determinados mensajes demagógicos y populistas. En definitiva, la inmigración ha sido muy favorable para España y las cifras económicas lo demuestran cada año.
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-P: España ha arrastrado durante años dos asignaturas pendientes: el déficit y la deuda. 2025 cerró con un déficit del 2,4 %, el más bajo en dieciocho años, y la deuda fue del 100,7%, la menor en seis años. ¿Empezamos a acercarnos al aprobado en estos dos indicadores o todavía nos queda un largo camino por recorrer?
-R: Si nos comparamos con otros países, probablemente lleguemos al aprobado. Lo que pasa es que debemos pensar también en el futuro de las nuevas generaciones. En qué les estamos dejando: una situación de mercado de vivienda compleja, una cierta desigualdad... Hablando de las cifras en concreto, evidentemente son las mejores en mucho tiempo. En cuanto a la deuda, tiene un nivel que no preocupa tanto porque en este momento la economía crece. Una economía al alza puede pagar su deuda sin ningún problema. Esa es una ventaja importante y lo notamos en los mercados. Los mercados de bonos para la deuda española han sido bastante benignos. Hemos vivido una situación favorable en los últimos años, lo que demuestra una cierta credibilidad de nuestras finanzas públicas. No obstante, preferiría que estuviéramos más cerca del equilibrio presupuestario.
-P: En el nuevo contexto geopolítico, ¿cuáles son ahora los principales riesgos y vulnerabilidades de la economía española?
-R: Creo que la economía española puede resistir razonablemente bien un periodo de tensión como el actual provocado por la guerra en Oriente Medio. Incluso en el tema de la energía. En España somos dependientes de petróleo y de gas, pero tenemos una elevada capacidad de refino que permite transformar petróleo en combustible de aviación. También tenemos centrales para el gas líquido. Otros países europeos no lo tienen. Eso nos ha ayudado mucho en el actual escenario geopolítico. En el ámbito energético tenemos ciertas garantías comparados con países de nuestro entorno, pero debemos evitar morir de éxito. También estamos creciendo mucho en turismo, pero nuestro modelo se está haciendo poco sostenible. Tendríamos que tener un debate nacional para ver hasta dónde queremos llevarlo. Cien millones de turistas internacionales en 2025, ¿y después qué?

-P: Tras la subida arancelaria de Donald Trump, ¿cómo valora la decisión del Gobierno español de buscar nuevos mercados en China o apoyar el acuerdo comercial UE-Mercosur?
-R: Esto es importante. Deberíamos ir de la mano de la Unión Europea, que debe ser ahora un bloque mucho más unido que nunca ante un contexto global tan complicado. No solo en el ámbito militar, que lo va a ser, sino también como modelo de competitividad. No tenemos las grandes tecnológicas, pero tenemos un modelo productivo que resiste. Lo que pasa es que a veces la Unión Europea no tiene esa capacidad de hacerlo y entonces los países tienen que buscar por sí mismos nuevos mercados. Alemania y Francia tienen una larga tradición de buscarse la vida, Italia también, en menor medida. Y en este contexto es comprensible que España busque y refuerce nuevos mercados. En el caso de China, lo entiendo, y respecto a Mercosur somos uno de los países que lo hemos potenciado por nuestra vinculación con América Latina.
Respecto a Estados Unidos y la Unión Europea, se han roto muchas relaciones de confianza y, por tanto, hay que buscar otras relaciones porque esto va para largo. Hace un año fueron los aranceles, pero luego han ocurrido muchas cosas. La última, el conflicto en Oriente Medio con una tensión enorme entre los dos bloques. Ante ello, no había más remedio que reaccionar yendo hacia otras zonas que quieran invertir y comerciar con nosotros.
-P: ¿Los españoles tenemos que empezar a apretarnos el cinturón para estar preparados ante una próxima crisis económica si el conflicto en Oriente Medio se alarga?
-R: El escenario central no es de una crisis económica a día de hoy. Después de unas semanas de gran virulencia en las acciones militares, muertos, destrucción de infraestructuras, ataques a países vecinos, una tensión enorme en el estrecho de Ormuz… hemos pasado a los anuncios de tregua, inestable pero tregua. Parece que nos estamos acercando a un escenario en el que una guerra cruenta tiene una menor probabilidad. Esto generaría un menor impacto en la inflación.
Además, los combustibles parecen que están aguantando un poco y los mercados están resistiendo bien. Si no hay un impacto grande, el crecimiento económico de España puede notarlo pero no en gran medida. Se va a notar algo, por supuesto, porque ya lo hemos detectado en las gasolineras y en algunos productos de los supermercados. Pero nada que ver, por el momento, con las subidas producidas por la guerra de Ucrania. Por ahora, el escenario central no es de apretarnos el cinturón como ocurrió tras la invasión de Ucrania.
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