Alquilar un kiosco en Madrid por menos de 1.000 euros: “Para que sea rentable, tengo que facturar 300 euros al día”

Camila Puche, una venezolana en Madrid, transforma un kiosco cerrado en un proyecto de emprendimiento femenino

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Dos mujeres sonrientes se abrazan frente a un kiosco iluminado por la noche. El kiosco tiene puertas y estantes de vidrio
Camila Puche y Hermerys Liendo posan frente al kiosco que abrirán próximamente. (Imagen cedida)

“Esto seguro que es una estafa”. Eso fue lo primero que pensó Camila Puche cuando vio el anuncio de un kiosco en internet. “A mí una vez ya me estafaron por Idealista”, confiesa, “pese a ello, no he dejado de consultarlo nunca”. Esta vez, la intuición de esta venezolana de 31 años, residente en Madrid desde hace ocho, fue más fuerte que el miedo.

Tras varias semanas de incertidumbre, Camila consiguió quedar con el dueño, verificar los títulos de propiedad y recibir las llaves de un pequeño cubículo en la calle Diego de León, número 23. Lo que tenía entre manos era, en sus propias palabras, un “chollo”: un alquiler de menos de mil euros en pleno corazón del barrio de Salamanca.

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“La inversión inicial en cualquier lugar promedio hubiese sido de entre 5.000 y 7.000 euros. Aquí fueron aproximadamente unos 3.500 euros”, explica. Con ese presupuesto ajustado y una buena dosis de energía, Camila se prepara para levantar la persiana el próximo lunes 4 de mayo, como ella misma señala: “Si todo va bien”.

Para ella, este kiosco, que llevaba al menos un año cerrado, no es solo un negocio, sino que es un regreso a sus raíces en Caracas. “En Venezuela mi familia tenía un tipo de kiosco que fue muy famoso hace quince o veinte años, eran unos puestos plegables llamados ‘La Parada Inteligente’”, recuerda con nostalgia. Allí trabajó durante ocho años y aprendió que, si se sabe gestionar, puede ofrecer propuestas “modernas”.

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Un negocio para mujeres emprendedoras

Ahora, busca replicar ese éxito junto a su mujer, Hermerys Liendo (33 años), quien estará al frente de la venta al público. Camila, que mantiene su puesto como encargada en Plaza Mahou en el Santiago Bernabéu, se encargará de la estrategia, los proveedores y el contenido. “Soy muy inquieta, por eso ahora tengo un kiosco”, resume.

Este espíritu emprendedor va más allá, ya que Camila ha querido que el proyecto sea una red de apoyo entre mujeres, incluyendo a tres de sus mejores amigas para que participen en la inversión. “Les dije: ‘Si cada una me da 500 euros, yo se los multiplico’. Estuvieron encantadísimas y ahora somos socias”, explica con orgullo.

Un moderno kiosco gris con puertas de vidrio y un mostrador con una vitrina abierta, ubicado en una acera arbolada bajo un cielo azul brillante en Madrid
El kiosco situado en la calle Diego de León 23 en Madrid. (Imagen cedida)

Para ella, no se trata solo de dinero, sino de una filosofía de trabajo compartido. “Vamos como un grupo de mujeres empoderadas para salir adelante”, afirma. De hecho, su intención es que el kiosco sirva de escaparate para otras emprendedoras que solo venden a través de Instagram o TikTok, ofreciéndoles su pequeño espacio físico en Diego de León para que puedan exponer sus marcas de bisutería o artesanía.

Un desafío marcado por 300 euros al día

Las ganas de Camila son palpables en cada detalle. Más allá del “chollo” del alquiler, el objetivo económico es ambicioso: “Para que el negocio funcione, tendría que facturar aproximadamente 300 euros al día”. Para lograrlo, ha estudiado a sus vecinos como una experta en marketing. Ya sabe qué marca de tabaco fuman en la peluquería de enfrente y qué café prefieren en el banco de la esquina. Esta ventaja, basada en la proximidad, es su gran apuesta.

Sin embargo, el pilar más tradicional del negocio, la prensa y las revistas, se lo está poniendo difícil. Camila denuncia que las distribuidoras le exigen fianzas inasumibles que chocan frontalmente con la realidad del pequeño emprendedor: “Cuando me dices que 4.000 euros son la fianza, que es literalmente todo mi presupuesto, no tiene sentido. ¿Qué motivación tengo para continuar con lo tradicional?”.

Ante las trabas de los grandes grupos, Camila prefiere mirar hacia otro lado y apostar por los menos conocidos: “Quiero vender libros de editoriales independientes o de autores que se autoeditan”. Para ella, la crisis del papel no es solo una cuestión de falta de interés del público, sino la consecuencia de un sistema. “No parece que las grandes distribuidoras estén facilitando que las cosas impresas se sigan vendiendo”, resume.

Más de 500 kioscos en Madrid

“Los kiosqueros de toda la vida se están jubilando y no se lo ponen fácil a quien hereda el negocio”, reflexiona, señalando la falta de relevo generacional en un sector que parece ponerse piedras en su propio camino. Según datos del Ayuntamiento de Madrid de 2024, publicados en febrero de 2026, la capital cuenta con 584 concesiones de kioscos en vía pública.

El barrio de Salamanca es el cuarto que más actividad concentra con 48 puestos, pero la diversificación es escasa: mientras 44 tienen la concesión de prensa, solo tres cuentan con la de tabaco, una licencia que Camila ya está tramitando para dar servicio a sus clientas. Además, el puesto de Diego de León, número 23, tiene la concesión de tipo “prensa” desde el año 2000, según los datos públicos.

Cinco mujeres sonrientes posan de noche frente a un moderno kiosco con paneles de vidrio iluminados. Al fondo se ven árboles y una calle urbana
Camila Puche y Hermerys Liendo, junto a sus amigas, posan frente al kiosco que abrirán próximamente en Diego de León (Madrid). (Imagen cedida)

Este cubículo de apenas 5,5 metros cuadrados será el lugar donde Camila quiere meter un mundo entero. Su plan incluye desde lo más tradicional, como chuches y bebidas frías, hasta una máquina de café e incluso snacks saludables para sus clientes más fitness. Tampoco faltará una impresora, una idea que nació directamente de sus seguidores: “Fue el comentario con más likes de mi TikTok”, confiesa.

Para dar visibilidad a su nuevo proyecto, Camila cuenta con una aliada fundamental: la viralidad. Aunque no esperaba que su primer video sobre el kiosco tuviera tanto impacto, ya acumula más de 430 mil visualizaciones y el interés de la comunidad no deja de crecer. “La parte de editar se me da bien porque trabajé en marketing haciendo vídeos”, explica, quien ya tiene preparada una serie de contenidos para la semana de apertura.

Aunque es consciente de que su clientela principal será el transeúnte y el vecino del día a día, Camila sabe que el ruido en redes ayuda a posicionarse en la mente del consumidor. “Si es domingo y alguien necesita tabaco, quiero que se acuerde de que hay un kiosco en Diego de León que lo tiene”, apunta.

Para ella, el éxito no se mide solo en facturación, sino en el proceso. “No veo manera de fracasar en esto porque, aunque el negocio cerrara en un año, todo habrá sido aprendizaje”, concluye, y lo tiene claro: “Si perdemos lo invertido, no pasa nada, pero endeudarnos sí que sería un fracaso para mí”.

El próximo lunes, cuando el kiosco de Camila y sus amigas abra sus puertas, no solo estará abriendo un negocio de poco más de cinco metros cuadrados; estará demostrando que, a veces, los “chollos” de internet solo necesitan a la persona adecuada para volver a la vida.

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