Bajos salarios, inestabilidad y burnout: alertan por una “crisis docente” a nivel global

Un informe de la OCDE advierte que los sistemas educativos enfrentan cada vez más dificultades para atraer y retener a los docentes. En Argentina no hay una escasez generalizada, pero sí faltan profesores en áreas específicas. Maestros y expertos analizan qué tan atractiva es hoy la profesión

Vista de espaldas de una mujer con abrigo oscuro que camina por un pasillo escolar iluminado con carpetas y un maletín en las manos.
En Argentina, las áreas con más dificultades para cubrir cargos son Matemática, Física, Química e Inglés. A la vez, hay provincias donde los egresados de los profesorados de Inicial, Primaria y Educación Física no consiguen trabajo. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La falta de docentes se está convirtiendo en uno de los principales desafíos para los sistemas educativos a nivel global, según advierte el informe Education at a Glance 2026, publicado esta semana por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). En algunos lugares hay escasez generalizada de profesores; en otros cuesta cubrir determinadas materias o cargos en ciertas zonas –con frecuencia, las más vulnerables–. En algunos lugares faltan candidatos que elijan la carrera, pero también hay problemas de retención: quienes ingresan a la profesión la abandonan pocos años después.

El informe de la OCDE pone el foco en la capacidad de los países para atraer, desarrollar y retener a sus docentes. Entre otros datos, señala que el 9,1% de los maestros y profesores de primaria y secundaria no cuentan con la calificación necesaria para ejercer la tarea. La dificultad se concentra especialmente en el nivel secundario, donde el 69% de los sistemas educativos relevados reportaron escasez de profesores calificados de Matemática y Ciencias Naturales.

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Además de atraer a los jóvenes a la profesión, el desafío es que se queden. En los países analizados, el 6,4% de los docentes plenamente calificados dejó la profesión entre 2024 y 2025. Más de un tercio de las renuncias corresponden a personas que tienen, en promedio, menos de cinco años de experiencia en el aula.

El envejecimiento agrega presión, señala el informe. En la OCDE, uno de cada cuatro profesores de secundaria tiene 55 años o más. Al mismo tiempo, apenas el 22% de los docentes considera que su profesión es valorada por la sociedad, aunque el 85% declara estar satisfecho con su trabajo. El contraste es significativo: la satisfacción personal con la tarea convive con una percepción extendida de bajo reconocimiento social.

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¿Hasta qué punto este panorama global se replica en Argentina? Los datos nacionales y los especialistas consultados por Infobae obligan a introducir varios matices. El país no enfrenta una escasez generalizada de docentes, pero sí desajustes importantes entre las necesidades del sistema educativo y los perfiles disponibles, combinados con problemas como la caída de los salarios, la inestabilidad –sobre todo, en la primera etapa de la carrera–, la falta de oportunidades de desarrollo profesional y las dificultades para enseñar en aulas cada vez más complejas.

Escasez y sobreoferta

“Una cosa es lo que pasa en el mundo y otra lo que pasa en la Argentina”, advierte Cecilia Veleda, investigadora principal de Educación de CIPPEC y exdirectora del Instituto Nacional de Formación Docente (INFoD). “No hay una tendencia generalizada y abrupta de caída de los candidatos para la docencia. En la Argentina hay insuficiencia de docentes en ciertas disciplinas, sobre todo en Física, Química, Matemática e Inglés, pero en buena parte del país también hay sobreabundancia de docentes titulados, principalmente en los profesorados de Inicial, Primaria y Educación Física”, explica Veleda a Infobae.

Docente CABA escuela pública
En Argentina, los especialistas señalan que no existe una falta generalizada de docentes, sino fuertes desajustes entre las especialidades que se necesitan y las que concentran más egresados.

El diagnóstico coincide con el relevamiento Diálogos por la Docencia, publicado este año por CIPPEC a partir de encuentros con casi 50 especialistas. El informe señala que en algunas provincias los profesorados de Inicial y Primaria presentan sobreoferta de egresados, mientras que hay vacancias en Inglés, Matemática y las distintas áreas de Ciencias Naturales.

La distribución geográfica de esas carreras tampoco coincide necesariamente con las necesidades del sistema. “Si hay carencia de docentes en la Argentina, es en determinadas especialidades”, subraya Veleda. Y plantea la necesidad de una mayor planificación de la formación docente, para utilizar de modo eficiente los recursos públicos, pero también para no “estafar” a jóvenes que se anotan en carreras cuya demanda está saturada en sus localidades.

Eso implica también orientar mejor los incentivos. Veleda plantea, por ejemplo, que las becas estatales, como Progresar Superior (financiada por Nación) o las ayudas provinciales, deberían priorizar los profesorados que forman los perfiles que están faltando en las escuelas. También señala que el Estado debería impulsar campañas para informar cuáles son las carreras prioritarias y cuáles tienen mayor salida laboral.

La caída de la natalidad vuelve todavía más importante esa planificación. CIPPEC advierte que ya se está reduciendo la demanda de maestros en nivel inicial y en las escuelas primarias. Veleda sostiene que, en las jurisdicciones donde existe sobreoferta, se debería revisar la continuidad de algunos profesorados y, a la vez, abrir o fortalecer aquellos donde faltan docentes. Con una caída promedio del 47% de los nacimientos en 10 años –la cifra varía según la provincia–, el sistema educativo se ve obligado a planificar la redistribución de los cargos docentes. Varios especialistas temen que, si los ministerios de Educación provinciales no encaran esta tarea, sean los ministerios de Economía los que “resuelvan” el tema recortando presupuesto educativo.

Pocos jóvenes e inestabilidad tardía

En Argentina hay 1.133.448 docentes, según los primeros datos oficiales del Relevamiento Nacional de Personal Educativo (ReNPE), realizado por la Secretaría de Educación en 2025. La cifra abarca todos los niveles educativos menos las universidades.

Distribución del personal educativo según función
Distribución del personal educativo según función. Fuente: Relevamiento Nacional de Personal Educativo (RENPE 2025)

Solo el 9,1% de los docentes argentinos tiene menos de 30 años. El 31,1% tiene entre 30 y 40; el 34,2%, entre 41 y 50; y el 25,6%, más de 51. En otras palabras, uno de cada cuatro docentes supera los 50 años.

Los primeros años de la carrera suelen ser especialmente complejos. Un informe reciente de Argentinos por la Educación encontró que entre los maestros de primaria menores de 25 años, el 52% trabaja como suplente. Entre los 30 y 39 años, todavía 4 de cada 10 (39%) son suplentes. Recién entre los 40 y 49 años la titularidad llega al 61%, pero casi 4 de cada 10 siguen sin ser titulares. El estudio calcula que pueden pasar cerca de 15 años entre el primer ingreso al aula y la consolidación de la titularidad.

Caracterización de la carrera docente promedio
Caracterización de la carrera docente promedio en Argentina. (Fuente: Argentinos por la Educación)

Esa prolongada inestabilidad debería ser un foco central de las políticas docentes, de acuerdo con la mirada de Emmanuel Lista, exfuncionario en áreas de formación docente del gobierno nacional y de CABA e investigador del proyecto Diálogos por la Docencia de CIPPEC.

“Los docentes noveles pasan años circulando por suplencias hasta lograr un cargo estable y eso se resolvería planificando el volumen de estudiantes de los profesorados y con concursos regulares”, afirma Lista. Y agrega: “La carrera puede ser más dinámica y con más oportunidades de crecimiento, por ejemplo, con nuevos roles de ascenso –como coordinador de área o asesor pedagógico–, muy necesarios también para la mejora de la calidad educativa”.

El salario y las condiciones

El salario resulta fundamental en cualquier discusión sobre el atractivo de la docencia. En la OCDE, los salarios efectivos de los maestros y profesores son, en promedio, inferiores a los de otros trabajadores con estudios superiores: equivalen al 87% de esos ingresos en primaria y al 91% en secundaria.

En Argentina, el informe de CIPPEC menciona, sobre la base de estimaciones del economista Alejandro Morduchowicz, que el salario docente promedio a nivel nacional tiene hoy un valor real inferior al de 2005, cuando se sancionó la Ley de Financiamiento Educativo –que buscaba dar respuesta justamente a los bajos salarios y la escasa inversión en educación–.

Docente escuela pública CABA
Para los especialistas, mejorar la carrera docente requiere no solo mejores salarios, sino también más estabilidad, tiempo para el trabajo entre colegas y oportunidades de crecimiento sin tener que abandonar el aula.

“Sin duda, el salario importa. El tiempo fuera del aula para planificar, evaluar, coordinar con colegas y formarse debe ser remunerado”, plantea Lista. Y agrega otra dimensión de la inversión: “Una buena infraestructura, iluminación, acústica o mobiliario en las escuelas impacta tanto en el bienestar de docentes como de estudiantes”.

Además de las largas horas de trabajo no remunerado fuera de la escuela, está la creciente complejidad del trabajo en el aula, de altísima exigencia intelectual, emocional y física. Marina Zamora, maestra de primaria en una escuela rural de San Rafael (Mendoza), explica: “Hay una responsabilidad que a veces no se dimensiona desde afuera: durante varias horas del día tenés a tu cargo la seguridad y el bienestar de un grupo de niños. Tenés que enseñar, pero también cuidar que no se lastimen, intervenir entre conflictos, acompañarlos emocionalmente y educar en valores y en convivencia. Es una responsabilidad enorme que se suma a la responsabilidad pedagógica”.

Por eso, sostiene Zamora, “el salario no puede analizarse separado de todo esto. No se trata solamente de cuánto gana un docente por determinada cantidad de horas, como en otros empleos, sino de cuánto se reconoce económica y socialmente la responsabilidad que implica ejercer esa tarea”.

Junto con el escaso reconocimiento material se plantea también la baja valoración social. Según el informe de la OCDE, solo el 22% de los docentes siente que la sociedad valora su profesión. Aquellos que sí se sienten reconocidos tienen una menor probabilidad –10 puntos menos, en promedio– de querer dejar la docencia en el corto plazo.

Zamora percibe un cambio en ese sentido: “Hoy las razones que hacen atractiva a la docencia conviven con muchos factores que desalientan, como la pérdida de reconocimiento social, con situaciones de falta de respeto que antes eran menos frecuentes y que ahora se han naturalizado más. También está la creciente complejidad en las aulas, con grados numerosos y muy heterogéneos, lo que dificulta llegar a todos en una jornada”.

El relevamiento de CIPPEC llega a un diagnóstico parecido: el estudio advierte sobre un deterioro de la valoración social asociado a la caída de los salarios, la ampliación de las responsabilidades que recaen sobre las escuelas y transformaciones como la irrupción de los dispositivos digitales y la inteligencia artificial.

Burnout y abandono de la profesión

A esas tensiones se suma el “burnout” o agotamiento laboral, un fenómeno que cobra relevancia cuando el problema ya no es solamente atraer a nuevos candidatos hacia la profesión, sino conseguir que los docentes quieran permanecer en las aulas.

Unas manos sujetan una taza de café sobre un escritorio cubierto por pilas de exámenes marcados con tinta roja.
El burnout docente puede traducirse en menor motivación y compromiso, desgaste emocional y, en algunos casos, abandono de la profesión. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Ivana Zacarías, profesora de la Universidad Torcuato Di Tella y directora del Diploma en Alta Dirección Escolar, explica que las investigaciones vinculan el burnout docente con una combinación de factores que incluyen “el clima laboral, la falta de autonomía y de reconocimiento, la irrupción de la tecnología, los problemas de conducta de los chicos y la falta de feedback y trabajo colegiado”.

Sus efectos pueden exceder ampliamente el malestar individual: “Entre las consecuencias del burnout, la evidencia apunta a la disminución de la motivación y el compromiso, a la baja percepción de autoeficacia, al abandono del puesto y de la profesión, e incluso a un menor desempeño de los alumnos”.

En Argentina, aclara Zacarías, la evidencia todavía es limitada, aunque algunas investigaciones registraron altos niveles de desmotivación y agotamiento emocional en los docentes. También se han encontrado asociaciones entre el estrés laboral, la rotación y una mayor propensión al abandono de la profesión.

Para Zacarías, las respuestas deben darse en dos escalas. Por un lado, plantea que las políticas públicas deberían garantizar mayores salarios, fortalecer la carrera, aumentar la autonomía y mejorar condiciones de trabajo. “Pero también desde la gestión escolar se puede hacer mucho: mejorar el clima laboral, dar feedback, romper el aislamiento del aula con trabajo colaborativo, fortalecer la formación en habilidades socioemocionales, fortalecer la autoeficacia del docente, entre otros”, sostiene.

Por qué vale la pena

Los datos internacionales muestran una aparente paradoja: a pesar de sentirse poco reconocidos y de cuestionar varios aspectos de sus condiciones laborales, la mayoría de los docentes declaran estar satisfechos con su trabajo.

Marina Zamora
"Hay una responsabilidad que a veces no se dimensiona desde afuera: tenés que enseñar, pero también cuidar, intervenir en conflictos y acompañar emocionalmente", explica Marina Zamora, maestra en una escuela rural en Mendoza.

“Hay una satisfacción muy difícil de encontrar en otras profesiones: cuando ves el progreso de los alumnos, cuando un niño logra algo que al principio no podía hacer”, afirma Zamora, y destaca el cariño que expresan los alumnos, “desde un abrazo o un dibujito, hasta unas flores cortadas del patio de la escuela”.

Carolina Bonfranceschi, maestra de Lengua y Ciencias Sociales de 6° y 7° grado en una escuela pública de Villa Devoto (CABA), explica por qué vale la pena entrar todos los días al aula: “Tengo el privilegio de trabajar de lo que amo, que me da la posibilidad de abrir las mentes de las niñas y los niños, mostrarles diferentes caminos”.

“Con el uso de la IA muchas veces pensamos que nos puede reemplazar o hay un fantasma acerca de eso. Me parece que nunca va a pasar: lo que sucede en las aulas es mágico. Y el único lugar donde se puede generar esta relación es la escuela”, afirma Bonfranceschi.

Las desigualdades sociales implican que las condiciones del trabajo docente varíen mucho según la escuela. Bonfranceschi cuenta que ella enseña en una institución con recursos y una comunidad comprometida, mientras que otros docentes trabajan en edificios deteriorados y en contextos donde deben atender otras necesidades urgentes: “Trabajar con chicos que quizás tienen como única comida del día la del comedor por supuesto que limita la tarea docente y también limita lo que puede suceder en el aula”.

Para Veleda, volver más atractiva la profesión exige actuar simultáneamente sobre varias dimensiones: “Hay que mejorar las condiciones de trabajo, hay que mejorar el salario docente, hay que recomponer la pirámide salarial, que haya una progresión salarial a través de la carrera y más oportunidades de crecimiento que no sean solo por medio del ascenso al cargo directivo”.

Lista agrega otro componente: la profesionalización no puede limitarse a sumar cursos de capacitación. “Un curso no transforma lo que ocurre en 190 días de clase; para eso hay que observar y asesorar a los docentes en el aula y coordinar el trabajo pedagógico entre colegas. Necesitamos pensar cómo hacer de esto una cultura de trabajo cotidiana en las instituciones”, propone. Y añade: “Para eso, son claves las condiciones y los roles de los directivos y supervisores, pero también que los ministerios alineen sus intervenciones y demandas sobre las escuelas”.

La “crisis docente” adopta distintas formas según el contexto. Los síntomas son, entre otros, la escasez de profesores de ciertas disciplinas, las dificultades para renovar un plantel envejecido, la larga inestabilidad antes de acceder a un cargo titular, los salarios insuficientes, el desgaste psicológico y la pérdida de reconocimiento social. Todos esos factores conviven, en muchas aulas, con un fuerte sentido de propósito entre los maestros y profesores.

Zamora lo resume desde su experiencia: “Sería injusto decir que la docencia perdió del todo su atractivo, porque hay momentos gratificantes. Creo que la tarea vale la pena por lo que puede generar en las vidas de los alumnos. Lo que tenemos que preguntarnos como sociedad es si estamos generando las condiciones para que todo lo bueno que tiene la profesión pueda pesar más que aquello que hoy está haciendo que muchos la miren como una opción poco atractiva”.

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