Cómo podría ser un acuerdo entre Estados Unidos e Irán

Donald Trump afirma que el pacto está cerca, pero al mismo tiempo asegura que no tiene prisa

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FOTO DE ARCHIVO. Personas caminan por la playa, con embarcaciones visibles en el estrecho de Ormuz cerca de la playa de Bandar Abbas, Irán. 22 de mayo de 2026
Majid Asgaripour/WANA (Agencia de Noticias de Asia Occidental) vía REUTERS
FOTO DE ARCHIVO. Personas caminan por la playa, con embarcaciones visibles en el estrecho de Ormuz cerca de la playa de Bandar Abbas, Irán. 22 de mayo de 2026 Majid Asgaripour/WANA (Agencia de Noticias de Asia Occidental) vía REUTERS

Si usted se encuentra confundido sobre el estado de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán, no es el único; está en buena compañía. Los diplomáticos en Washington iniciaron el largo fin de semana del Día de los Caídos con la esperanza de que un acuerdo pudiera ser inminente. Funcionarios de Pakistán y Qatar, países que actúan como mediadores, visitaron Teherán, la capital iraní, el viernes. Tras una llamada con líderes regionales el sábado, el presidente Donald Trump afirmó que el pacto estaba “en gran parte negociado” y que se daría a conocer “en breve”.

Sin embargo, el domingo el mandatario estadounidense reculó y señaló que sus representantes no deberían “apresurarse” para cerrarlo. Sus asesores dicen ahora que el proceso podría demorarse otra semana. Para colmo, Trump también publicó la imagen de un avión de combate estadounidense cargando una bomba con la leyenda: “GRACIAS POR SU ATENCIÓN A ESTE ASUNTO”.

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Estados Unidos e Irán llevan casi dos meses en lo que originalmente se planteó como un alto el fuego de dos semanas. Es real que están más cerca de un entendimiento, pero no del tipo de acuerdo que ponga fin a la guerra como sugiere Trump. En el mejor de los casos, lo más probable es que sirva para ganar tiempo de cara a futuras negociaciones, bastante más complejas; es decir, será un acuerdo para seguir hablando sobre un pacto definitivo. Y todavía persisten obstáculos para alcanzar incluso un pacto limitado, tanto en Teherán como en Washington.

El principio de acuerdo que se perfila probablemente extendería el alto el fuego actual por al menos 60 días y esbozaría una serie de lineamientos generales: la reapertura del estrecho de Ormuz, la imposición de límites al programa nuclear de Irán y el alivio de las sanciones contra el régimen islámico. Ambas partes pasarían el verano negociando cómo implementar esos puntos. En un acuerdo preliminar, por ejemplo, Irán probablemente aceptaría una moratoria de varios años en el enriquecimiento de uranio. Con todo, Washington y Teherán aún tendrían que resolver los detalles: ¿quién verificaría el cumplimiento por parte de Irán? ¿Qué metas debería alcanzar antes de que Estados Unidos levante las sanciones?

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Siguen existiendo graves puntos de fricción, incluso sobre los aspectos fundamentales. Uno de ellos es la exigencia de Irán de recibir beneficios económicos significativos en el mismo momento en que se firme el documento. Los funcionarios estadounidenses afirman estar dispuestos a otorgar una exención para permitir que Irán exporte algo de petróleo, pero se niegan a dar más pasos —como liberar miles de millones de dólares en activos iraníes congelados en bancos extranjeros— hasta que haya avances concretos en las conversaciones nucleares.

Una mujer sostiene una bandera iraní cerca de una valla publicitaria antiestadounidense que muestra al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el estrecho de Ormuz, en Teherán, Irán 25 de mayo de 2026
Majid Asgaripour/WANA (Agencia de Noticias de Asia Occidental) vía REUTERS
Una mujer sostiene una bandera iraní cerca de una valla publicitaria antiestadounidense que muestra al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el estrecho de Ormuz, en Teherán, Irán 25 de mayo de 2026 Majid Asgaripour/WANA (Agencia de Noticias de Asia Occidental) vía REUTERS

Otra de las disputas se centra en las reservas iraníes de más de 400 kilos de uranio enriquecido a un nivel cercano al armamentístico. El presidente estadounidense y sus aliados aseguran que Irán aceptó sacar ese material del país. Teherán sostiene que no hará tal cosa, aunque se muestra dispuesto a rebajar el grado de pureza del uranio in situ. Los negociadores buscan un punto medio: tal vez el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), el organismo de control nuclear de la ONU, podría tomar posesión del material y supervisar su dilución.

Irán necesita imperiosamente un acuerdo que levante el bloqueo estadounidense sobre sus puertos, el cual estranguló su producción de crudo y pronto podría obligarlo a un perjudicial cierre forzoso de sus pozos petroleros. Su capacidad de almacenamiento de crudo en tierra supera el 80%. Sin embargo, los líderes de Irán calculan que Trump necesita el pacto con mayor urgencia y, por lo tanto, no están de humor para hacer más concesiones.

Estos desacuerdos explican, en parte, el aparente cambio de postura de Trump. Su otro gran problema es político. Durante su primer mandato, el republicano abandonó el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés), el acuerdo nuclear con Irán que había sido negociado por Barack Obama y firmado en 2015. El hoy presidente pasó una década despotricando contra el JCPOA, calificándolo como “uno de los peores acuerdos jamás alcanzados”.

Pese a esto, el pacto que negocia ahora no suena muy diferente al que tanto despreció. Mike Pompeo, quien se desempeñó como secretario de Estado durante la mayor parte del primer mandato de Trump, criticó el nuevo texto al compararlo desventajosamente con el JCPOA. “Para nada representa ‘Estados Unidos primero’”, escribió en sus redes sociales. Steven Cheung, director de comunicaciones de la Casa Blanca, le respondió de forma tajante que Pompeo “no tiene la más puta idea de lo que está hablando”.

Es posible que Trump pueda ignorar a figuras como Pompeo, cuya carrera política podría estar ya acabada. La oposición en el Congreso, en cambio, representa un dolor de cabeza mayor: dependiendo de cómo se estructure el acuerdo, este podría activar una ley de 2015 que exige que sea sometido a la revisión del Capitolio. Los legisladores republicanos, habitualmente dóciles, empiezan a mostrarse inquietos. Les aterra que los altos precios de la gasolina (que promedian ya los 4,50 dólares por galón) les pasen factura en las elecciones legislativas de mitad de período en noviembre. También están molestos por otras decisiones recientes de Trump, que van desde el fondo de inversión político de 1.800 millones de dólares que creó para sus aliados con dinero de los contribuyentes, hasta su respaldo a Ken Paxton —un hombre destituido por miembros de su propio partido por presunto cohecho— como el próximo candidato republicano al Senado por Texas.

Foto archivo. Varios diputados iraníes inspeccionan elementos de la central nuclear de la ciudad de Isfahan (Irán), utilizada como Isntalación de Conversión de Uranio
EFE/Archivo/-
Foto archivo. Varios diputados iraníes inspeccionan elementos de la central nuclear de la ciudad de Isfahan (Irán), utilizada como Isntalación de Conversión de Uranio EFE/Archivo/-

Roger Wicker, presidente del comité de servicios armados del Senado, tildó el acuerdo emergente con Irán de “desastre” y afirmó que “no valdrá ni el papel en el que está escrito”. Lindsey Graham, senador republicano y confidente de Trump, advirtió que podría suponer “un cambio crucial en el equilibrio de poder en la región”.

Sin embargo, las críticas golpean a ambos lados. El 19 de mayo, el Senado hizo avanzar una resolución sobre poderes de guerra después de que cuatro republicanos rompieran la disciplina de partido para impulsarla. La Cámara de Representantes tenía previsto votar una medida similar el 21 de mayo. Cuando todo indicaba que el proyecto de ley iba a prosperar, Mike Johnson, el presidente de la Cámara Baja, congeló abruptamente las votaciones y mandó el cuerpo a un largo receso. Trump se encuentra en un callejón sin salida: un acuerdo podría fracturar a su bancada, pero una nueva escalada bélica provocaría el mismo efecto.

Un factor a favor es que los aliados árabes de Washington también presionan por un entendimiento. Incluso los Emiratos Árabes Unidos, por lejos los más intransigentes del grupo, empezaron en los últimos días a pedirle discretamente a Trump que ponga fin a las hostilidades. Todos en el Golfo están desesperados por reabrir el estrecho y terminar con meses de crisis económica. En los mercados, los operadores petroleros reaccionaron con entusiasmo ante los rumores de un pacto. El crudo Brent cayó un 6% al abrir los mercados en Asia el lunes por la mañana, situándose en 94 dólares el barril. Pese a esto, un acuerdo preliminar podría no traer un alivio inmediato.

Suponiendo que Irán acepte reabrir el estrecho, para que el petróleo y el gas vuelvan a fluir, los buques cisterna tendrían que regresar a la zona. Algunos de ellos se encuentran actualmente cargando mercancía en el Atlántico; les tomará meses completar sus entregas vigentes y navegar de vuelta al Golfo. Luego, los productores tendrían que reactivar los pozos petroleros y las plantas de licuefacción de gas que quedaron paralizadas, un proceso complejo que puede demorar semanas. Todo esto requerirá bastante más de 60 días. Esto coloca a los productores, transportistas y aseguradoras ante un dilema: ¿pueden jugársela a un regreso a la normalidad en el Golfo cuando no hay garantías de que Estados Unidos e Irán alcancen un acuerdo definitivo, ni de que el alto el fuego se extienda nuevamente?

Algunos diplomáticos y analistas en Washington creen que Trump evitará reanudar la guerra tan cerca de las elecciones legislativas. Otros consideran que ya dio por perdidos esos comicios y temen que las negociaciones del verano terminen con nuevos combates en otoño. De cualquier manera, incluso si Estados Unidos e Irán sellan un pacto en los próximos días, es muy probable que la incertidumbre se prolongue durante meses.

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