
Noviembre terminó con un sabor “agridulce” para el equipo económico. Lo más relevante fue haber dejado atrás el pico cambiario que se registró a fines de octubre, cuando el dólar libre llegó a los USD 195. La caída acumulada fue del 18% y logró que también se redujera la brecha cambiaria. Sin embargo, el costo que tuvo que pagar el Gobierno fue elevado, ya que fue necesario salir a vender bonos en dólares y eso deprimió todavía más los precios de la deuda argentina.
Fue paradójico que aún con la caída del tipo de cambio, se registrara una suba del riesgo país. Ayer este indicador volvió a cerrar arriba de los 1.400 puntos básicos y los bonos que surgieron del canje de deuda rinden en promedio 16% anual en dólares. Muy lejos de las tasas del 10% ó el 12% que se esperaban ni bien culminó la reestructuración.
Hubo que recurrir a la venta de bonos por parte de Anses y en menor medida del Banco Central para bajar la presión cambiaria, en medio de un contexto de alta desconfianza como el que se vivió en octubre. Por eso se da una situación particular: cae el tipo de cambio libre, pero en vez de reflejarse en una mejora del precio de la deuda ocurre lo contrario.
En el medio del proceso, Martín Guzmán defendió estas ventas y aseguró que para las cuentas públicas esos bonos se venden a una tasa mucho más baja que la de mercado, superior al 16%. Pero a nadie le cerró el argumento.
La suba del riesgo país no es el único factor que mete “ruido” en lo que respecta al mercado cambiario. El Banco Central terminó con USD 1.100 millones menos de reservas en el mes. Pero el dato es un poco menos malo de lo que parece. De ese total, poco más de USD 300 millones fueron por intervenciones en el mercado cambiario, contra USD 1.100 millones en octubre. El resto se perdió por pagos a organismos y también la caída en la valuación del oro (cerca de 10%).
Además, la brecha cambiaria sigue demasiado elevada, aún cuando aflojó respecto a los niveles de octubre. Entre la caída de los dólares financieros y la suba del tipo de cambio oficial de alrededor de 3,5%, esa brecha se redujo prácticamente al 85% ($ 150 versus $ 81). Pero continúa en “zona de riesgo”. Con estos niveles se produce un fuerte incentivo a los importadores para que compren todo lo que pueden al tipo de cambio oficial, mientras que los exportadores tratan de demorar su liquidación de divisas.
Guzmán dio el fin de semana una explicación que no llega a convencer. Según su visión, esa brecha es tan elevada por la presión de inversores que ingresaron durante el Gobierno de Mauricio Macri pensando en ganancias financieras. Ahora quieren salir y presionan sobre el tipo de cambio. “Va a llevar tiempo pero lo vamos a conseguir”, señaló en relación a una eventual reducción de la brecha. El deseo del ministro sería llevarla de los niveles actuales a no más del 40% a 50% en unos meses. Se trata de valores similares a los que tuvo Cristina Kirchner durante su segundo mandato, en el cepo cambiario que duró del 2012 al 2015.
Con la llegada de diciembre arranca un período delicado. El Gobierno inyectará muchos pesos en la calle y eso representa un riesgo para la estabilidad del dólar. Si bien buena parte de ese dinero se destinará a pagar deudas, hay una posibilidad que terminen presionado sobre el tipo de cambio. Del otro lado, juega a favor que hay menos gente viajando por la pandemia, lo que significa menos demanda de divisas por turismo.
El termómetro de la situación cambiaria seguirá pasando por el comportamiento de las reservas. Noviembre mostró señales alentadoras, a partir de la menor intervención del BCRA, lo que implica que se usaron menos reservas líquidas. Obviamente fue clave la restricción para la compra de dólar ahorro, que significó en octubre una caída de casi 70% del volumen que se fugaba por esa vía.
El Banco Central tiene muy poco “poder de fuego” para seguir vendiendo. Por supuesto que le quedan activos que podría volver líquidos, como el oro o los Derechos Especiales de Giro del FMI, que suman en total más de USD 4.000 millones. Pero por ahora el titular del BCRA, Miguel Pesce, no dio señales de estar pensando en una movida de estas características, que contribuiría a sumar nerviosismo al mercado.
Las negociaciones con el Fondo Monetario también giran en torno al exceso de pesos y a la debilidad de la posición de reservas del Central. Por eso, el propio Guzmán habló sobre la necesidad de acumular divisas y adelantó que en el presupuesto con metas plurianuales que elaborará con el organismo figurará una meta para acumular reservas en los próximos años. Pero por ahora parece un objetivo bastante difuso, en la medida que no los niveles de confianza mínimos por parte de los inversores.
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