
Los bonos argentinos siguen en caída libre y reflejan la expectativa por parte de los inversores del peor escenario posible: el de un default total de la deuda. Ayer el riesgo país superó los 4.500 puntos básicos y buena parte de los bonos ya cotiza por debajo de los USD 30, en particular los de plazos más cortos. Esta vez, más allá del complicado contexto internacional, tuvieron un fuerte impacto las últimas manifestaciones de Martín Guzmán. El ministro de Economía aseguró el último viernes que “ya no se podrán seguir utilizando reservas del Banco Central para pagar deuda, como se venía haciendo hasta ahora”.
El Gobierno había “separado” más de USD 4.700 millones en diciembre para hacer frente a los pagos de intereses de la deuda en dólares hasta fin de marzo. Pero de las expresiones del ministro se deduce que ya no se seguirá la misma mecánica a partir de abril, por lo que no habría recursos para hacer frente a los pagos en moneda extranjera, tanto para la deuda emitida bajo ley local como extranjera. De persistir esta postura y sin acuerdo rápido, la Argentina quedaría al borde de un default en el corto plazo.
Guzmán también anticipó que continuará con el cronograma estipulado para negociar con los acreedores. Esto significa que no suspende la reestructuración de la deuda a causa de la crisis global causada por la expansión de la pandemia generada por el coronavirus. Algunos critican al funcionario por seguir como si nada hubiera sucedido, ya que los tenedores de bonos tienen problemas más acuciantes que negociar con la Argentina. Pero otros consideran que es la mejor estrategia, ya que los acreedores estarán más dóciles para llegar a un acuerdo aunque sea mucho menos conveniente.
La amenaza de Guzmán de dejar de pagar los intereses de la deuda también pueden ser leídos como parte de la negociación. Al amenazar con un default total, fuerza a los tenedores de bonos a sentarse a la mesa. El peligro latente es dejar de cobrar por mucho tiempo o al menos aceptar lo que la Argentina puede ofrecer, que es muy poco en este contexto negativo. El ministro también reconoció que será más difícil recuperar el crecimiento y que el déficit fiscal subirá en 2020, aunque lo hará “moderadamente”. Claro que el deterioro de los números fiscales dependerá de cuánto dure el aislamiento forzoso.
Tampoco cayó del todo bien entre los inversores la carta publicada por los técnicos del Fondo sobre las conversaciones mantenidas con los técnicos del ministerio de Economía. Allí el organismo coincide con la Argentina en que el nivel de deuda “no es sostenible”. Pero además admiten por primera vez que la quita de capital nominal es una opción para volver a la sustentabilidad, combinada con reducción de intereses y un período de gracia para el pago de intereses. Es decir que el organismo apoyó una quita agresiva hacia los acreedores privados.
Pese al escenario muy negativo que hay por delante, el Gobierno tiene aún algo de espacio para seguir negociando sin entrar en default formal por un tiempo. En los próximos 60 días podría “reperfilar” los vencimientos bajo ley local, en particular el pago de capital e intereses del Bonar 24 que cae los primeros días de mayo. Lo mismo podría suceder si hay dificultades para renovar la deuda en pesos.
Pero la prueba de fuego llegará con los vencimientos de intereses que se vayan produciendo de deuda emitida con ley extranjera. Hasta ahora esos pagos se fueron cubriendo, pero a partir de abril esto podría cambiar, de acuerdo a lo expresado por el propio ministro.
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