Boca vs. River, la batalla táctica: cómo llegan los equipos de Russo y Gallardo a un nuevo capítulo del Superclásico

Al Xeneize lo impulsan sus figuras y la frescura de un mediocampo joven, mientras que el Millonario sigue fiel a su estilo de juego de cara al choque de cuartos de final en la Copa de la Liga Profesional

El Boca de Russo y el River de Gallardo se enfrentan este domingo en La Bombonera (Foto: Infobae)
El Boca de Russo y el River de Gallardo se enfrentan este domingo en La Bombonera (Foto: Infobae)

Son partidos que requieren un paso adelante en la pizarra, una creatividad especial en el tablero para reducir al mínimo la injerencia del factor aleatorio del juego. Tanto Miguel Ángel Russo como Marcelo Gallardo saben que los detalles pueden ser determinantes en duelos de semejante magnitud. Si bien cada encuentro por sí solo requiere un exhaustivo análisis y preparación, un Superclásico a partido único no permite errores. Ambos intentarán acertar en la elección del sistema, el plan estratégico colectivo y la función que cumplirá cada futbolista este domingo en La Bombonera, donde Boca Juniors y River Plate se enfrentarán por segunda vez en esta temporada 2021. Aunque este es un duelo con un condimento muy especial: está en juego un boleto a las semifinales de la Copa de la Liga Profesional.

La batalla táctica comienza mucho antes del pitazo inicial, con los rumores que emergen de los ensayos y el trabajo mental que supone la preparación para el partido más importante del fútbol argentino. El Boca de Russo y el River de Gallardo tuvieron que afrontar cotejos internacionales antes de medirse cara a cara en un choque de eliminación directa en el que ponen mucho en juego. Un desafío que expondrá dos modelos de juego diferentes: calidad individual vs. equipo integral.

Bajo la conducción de Russo, nunca se vio un Boca de producciones magistrales ni con alto vuelo táctico. Su ciclo logró éxito inmediato con la consagración en la Superliga Argentina 2019/20, al cosechar siete victorias en los últimos ocho partidos de la temporada y consagrándose por aquel empate de River en Tucumán en la jornada definitiva. Después alzó la Copa Diego Armando Maradona al derrotar a Banfield por penales. Pese a no llegar a la final de la Copa Libertadores, fue un comienzo auspicioso en su regreso a La Bombonera respaldado por Juan Román Riquelme desde la parte directiva, con un equipo que adelantó sus líneas con respecto al de Alfaro y donde las grandes individualidades, como Carlos Tévez, Toto Salvio, Edwin Cardona o Sebastián Villa, empezaron a tener mayor protagonismo en cada partido.

Las individualidades como Sebastian Villa o Carlos Tevez son vitales para el éxito de Boca Juniors (Foto: REUTERS)
Las individualidades como Sebastian Villa o Carlos Tevez son vitales para el éxito de Boca Juniors (Foto: REUTERS)

Es lo que todavía caracteriza al Boca de Russo, un equipo que habitualmente elige anular a rivales –incluso a los que son de menor calibre– y apela al peso de sus individualidades para sacar rédito en las transiciones defensa-ataque. Podría considerarse un plan poco ambicioso para un elenco con grandes recursos, que podría construir patrones de juego y una identidad futbolística reconocible a partir de la calidad individual de sus jugadores. Se le han visto solamente algunos lineamientos básicos, como los ataque combinativos y verticales con profundidad en las bandas, o su bloque defensivo compacto y la presión a partir de una reorganización tras la pérdida, pero no existe un modelo de juego identificable.

Aunque en los últimos partidos, Russo apostó por un 4-3-3 ofensivo con un mediocampo fresco, integrado por tres jóvenes surgidos de las divisiones inferiores que le dieron variantes de juego asociado a un equipo que solía saltear líneas y ser más directo: Alan Varela como mediocentro posicional, con Cristian Medina y Agustín Almendra como interiores. Varela se convirtió en una pieza importante para la salida desde atrás por su capacidad para recibir libre y dar fluidez al juego en pocos toques. Medina, en tanto, le sumó dinámica al ocupar espacios vacantes en campo contrario y profundidad al desprenderse para atacar el área rival. Esta nueva composición de la zona medular decantó en algunos automatismos ofensivos que se transformaron en un bálsamo transitorio ante la falta de un delantero centro, con Carlos Tévez cayendo a la zona de gestación y liberando sus espaldas para la irrupción de los nuevos interiores o los extremos, Sebastián Villa y Cristian Pavón.

El mediocampo de Boca Juniors con Varela, Medina y Almendra


Después de su experiencia en Los Ángeles Galaxy de la MLS, hay un nuevo Pavón en Boca. Se recuperó de una lesión y mostró su habitual desequilibrio en el 1v1 pero también exhibió mayor madurez y disciplina. Ha participado en goles desde la banda, siendo más eficiente en la toma de decisiones en el último tercio. Y eventualmente, cuando el equipo lo necesitó, colaboró en la fase defensiva. A diferencia de su etapa anterior en el Xeneize, Kichan retrasó unos metros su punto de partida –no más de 10 metros, pero es un cambio sustancial– para influir más en la creación, además de la finalización.

A la falta de identidad se la puede maquillar en ataque por el calibre de las figuras y el aporte enérgico de los jóvenes mediocampistas, aunque Boca Juniors no puede esconder bajo la alfombra su vulnerabilidad defensiva. Hay pasajes de los partidos en los que se hace evidente el desorden táctico, principalmente por negligencias conceptuales en relevos y coberturas, o desinteligencias en los retrocesos de los volantes y laterales. Incluso hay momentos en los que, por sostener el orden en la salida desde atrás, en algún punto la rigidez de las piezas también generan problemas en el plano ofensivo.

No es lo que sucede en el River de Gallardo, un equipo de rendimientos soberbios, que ha desarrollado un modelo de juego que sobrevive pese a las variantes tácticas y los cambios de intérpretes. Puede jugar con una primera línea de tres centrales o con cuatro defensores, con un triángulo en el mediocampo o doble pivot, pero jamás abandonará el pressing alto y la recuperación tras pérdida, la amplitud y profundidad en las bandas, o el juego asociado por dentro. Su fútbol es cada vez más líquido, de funciones más que de posiciones, versátil y veloz en todos los sectores. Es un equipo que exige por naturaleza y jerarquía, juega a un ritmo de élite.

Marcelo Gallardo sostiene un modelo de juego que trasciende a cualquier esquema táctico en River Plate (Foto: REUTERS)
Marcelo Gallardo sostiene un modelo de juego que trasciende a cualquier esquema táctico en River Plate (Foto: REUTERS)

Últimamente, Gallardo ha recurrido al 3-5-2 con Gonzalo Montiel y Fabrizio Angileri –o Milton Casco, si alguno no está disponible– transitando los pasillos externos y acoplándose a las distintas fases del juego. A nivel defensivo se incorporan a los zagueros y en ofensiva aprovechan para explotar los espacios que se generan cuando los atacantes fijan a los rivales por dentro. Ahí es donde la configuración puede variar según quiénes sean los ejecutantes, aunque Enzo Pérez se ha convertido en una pieza prácticamente irremplazable. Su influencia en la salida, en los apoyos, la distribución y las coberturas es vital para el funcionamiento.

No obstante, Paulo Díaz y David Martínez han mostrado una capacidad de conducción fiable para ganar metros y sacar el balón limpio desde el fondo. Agustín Palavecino es otro de los futbolistas que, pese a que atraviesa un lógico proceso de adaptación, puede aportar una gran cantidad de pases progresivos y eso encaja perfectamente en un River de transiciones rápidas, donde la calidad individual está al servicio del colectivo. En el conjunto de Gallardo, hay un dominio formidable de la ocupación de espacios y las permutas. Hay varios jugadores por delante de la pelota, a distintas alturas, todos disponibles para recibir. Matías Suárez y Santos Borré tienen los desplazamientos coordinados con Jorge Carrascal y Nicolás De la Cruz para destruir los bloques rivales.

Lo que ha provocado este cambio de sistema es que muchas veces River está tan estirado y volcado en ataque, que queda expuesto a posibles contragolpes, lo que implica un mayor desgaste físico y también concentración para no sufrir réplicas, sobre todo con los balones largos a la espalda de la defensa. Hubo varias ocasiones en sus últimas presentaciones en las que, aún con superioridad numérica, quedó descompensado posicionalmente. Es cierto que desde los inicios de ciclo existe un compromiso grupal para quitar la pelota en campo contrario y, en caso de no tener éxito, replegarse rápidamente para anular un posible contragolpe del rival, pero aparecieron algunos desacoples. Quizás sea por la adaptación de los refuerzos o el desgaste anímico de algunos jugadores que están más dubitativos que de costumbre, algo que también genera que sus oponentes le pierdan respeto.

Los Boca-River entre Marcelo Gallardo y Miguel Ángel Russo hasta ahora han sido empates (Foto: REUTERS)
Los Boca-River entre Marcelo Gallardo y Miguel Ángel Russo hasta ahora han sido empates (Foto: REUTERS)

En los duelos entre el Boca de Russo y el River de Gallardo hasta ahora hubo empates: 2-2 en la Copa Diego Maradona y 1-1 en la Copa de la Liga Profesional, ambos disputados en La Bombonera. El DT del Xeneize buscó en ambos espejar el esquema del rival para jugar 1v1 en casi todo el campo y anular fortalezas a través estos emparejamientos, aunque el estratega Millonario ha sacado rédito en el juego interno y la dinámica que ofrecen sus volantes creativos. Un nuevo capítulo de esta rivalidad histórica está por escribirse, otra batalla táctica que en esta ocasión tendrá indefectiblemente un ganador.

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