Pizzi, de 51 años, a la espera de una nueva aventura
Pizzi, de 51 años, a la espera de una nueva aventura

Durante un día la Ciudad de Buenos Aires se transformó en un barrio de Madrid. La expectativa por el clásico que protagonizaron merengues y catalanes generó una movilización de cientos de fanáticos pertenecientes a las diversas peñas que se instalaron en la Argentina hace décadas.

Moby Dick fue el punto de encuentro de los hinchas que vibraron con los goles de Vinicius y Mariano en el triunfo que consiguió el conjunto de Zinedine Zidane frente al Barcelona. Camisetas de todos los equipos pertenecientes a LaLiga decoraron al bar que se ambientó como sede del Santiago Bernabéu, donde banderines, butacas blancas y blaugranas, pantallas gigantes y la pasión se instalaron de inmediato en La Costanera.

En un sector más reservado, Juan Antonio Pizzi observó el partido más esperado del fin de semana pasado a través de la transmisión que organizó DirecTV. Con la tranquilidad que lo caracteriza, el ex delantero del Culé habló con Infobae sobre su pasado, su presente y su futuro.

Uno de los goles más recordados es el que le hiciste al Atlético Madrid en la remontada histórica del 5 a 4 en la Copa del Rey, ¿volviste a escuchar el relato?

—(Risas) Sí, me pongo muy contento. (Joaquim María) Puyal transmite una emoción en ese relato que fue increíble. A partir de ahí surgió el Qué bueno que viniste y lo de El Macanudo.

¿Y hoy quién sería El Macanudo?

—Messi, no tengas dudas…

La remontada del Barcelona ante el Atético de Madrid, con gol de Pizzi

¿Ese fue el gol más importante de tu carrera?

—No, creo que fue el más trascendente por la repercusión que tuvo y por la historia que hay detrás de ese partido. Significó la clasificación a las semifinales de la Copa del Rey que después terminamos ganando. Pero si tengo que elegir alguno me quedo con el de Rosario Central a Newell’s (Clausura del 2000), o los otros dos que metí en Colombia también jugando para Central (ante América de Cali por los cuartos de final de la Copa Libertadores del 2001), o el de la final contra el Betis en el Santiago Bernabéu. Todos esos me dejaron recuerdos imborrables.

Los mejores goles de Pizzi, elegidos por el

¿Cómo crees que te va a reconocer el fútbol el día de mañana? ¿Fuiste mejor jugador que entrenador o es al revés?

—Hay que destacar dos cosas: si bien la carrera del futbolista está íntimamente ligada con la del entrenador, son dos cosas completamente distintas. Hoy soy entrenador, pero no se compara con lo que uno disfruta cuando es jugador. El futbolista es la esencia del deporte, mientras que los entrenadores ayudamos, colaboramos y enseñamos en algunas oportunidades. Los verdaderos protagonistas del fútbol son los jugadores. Por eso, cuando era jugador me sentía que era protagonista, pero ahora, a pesar de ser el máximo responsable del grupo que me toque conducir, no dejo de reconocer a los futbolistas. Las diferencias pasan por el grado de responsabilidad que tienen unos y otros: los jugadores deben ser conscientes de la responsabilidad que tienen dentro de la cancha, y los entrenadores en todo lo que va más allá del juego.

¿Como manejar los egos en el plantel?

—Sí, es fundamental. Si bien hay aspectos tácticos que son muy importantes, en el nivel de profesionalismo extremo creo que es más necesario la conducción del vestuario. Saber los roles que ocupan los jugadores y cuál es el rol del entrenador. A partir de ahí se puede empezar a trabajar los aspectos tácticos.

En el Barcelona tuviste a compañeros como Figo, Ronaldo, Luis Enrique, Guardiola… ¿Ya se veía lo que podía ser Pep como director técnico?

—A Pep se lo veía muy inteligente. Fue un jugador top mundial con claridad, técnica y una visión de juego notable. Además, tenía una personalidad para decidir y transmitir ideas que es inigualable. Indudablemente todos sabíamos que después de su retiro iba a estar ligado al fútbol, pero nunca nos imaginamos que iba a conseguir todo lo que logró. Cuando uno tiene 29, 31 o 32 años es muy difícil imaginar lo que hizo después. Más allá de todos los títulos, yo lo vi dirigir al mejor Barcelona de toda la historia, que fue el mejor equipo que hemos visto. Era muy difícil proyectar que iba a conseguir eso.

¿Lamentás no haberlo tenido como compañero en el Mundial del 98 o en la Eurocopa del 96?

—En una de las competiciones creo que estaba lesionado. Si bien él estuvo en otros torneos representando a su país (Juegos Olímpicos de 1992, Mundial 1994 y Eurocopa del 2000) no se moría por ir a la selección porque tenía algunas discrepancias con el técnico (Javier Clemente).

Durante tu carrera no se dieron ciclos largos. Durante los 16 años como jugador estuviste en 8 equipos y en ninguno te mantuviste más de dos años excepto tu primera etapa en Rosario Central. Y como técnico la tendencia es la misma, ¿por qué se dio ese patrón? ¿Te aburrías?

—Muchas veces se dio así por decisiones mías o por cuestiones que eran ajenas a mí. No es algo que me guste, pero siempre he tomado decisiones pensando en la motivación que me transmitía cada desafío deportivo. Cuando me fui de un club, fue porque veía un reto superior en otro lugar. Lamento no haber podido consolidarme en un lugar estable tanto como jugador o como técnico.

¿La llamada de la selección española se dio porque llegó antes la propuesta de ellos o porque en Argentina estaba Batistuta?

—(Risas). Primero me nacionalicé porque la ley con los extracomunitarios era distinta a la de hoy, y así liberé un cupo para extranjeros. Y después el técnico me convocó porque le gustaban mis cualidades como delantero. Lo medité, lo analicé y lo charlé con mi familia antes de tomar la decisión de jugar para España.

¿Y cómo se vive el fútbol representando a otro país?

—Es diferente. Yo llevaba un tiempo viviendo en España y había formado muchas relaciones. Le tenía mucho cariño al país y me sentía identificado con el ciudadano español. Ese no era el problema, pero al principio me trajo algunos inconvenientes representar a otro país. Por suerte los compañeros, la prensa y los hinchas españoles nunca me hicieron sentir extranjero.

Otro desafío fue dirigir a la selección de Arabia Saudita en el Mundial de Rusia, ¿cómo fue esa experiencia?

—Siempre me costó el tema de la distancia por la familia. En ese momento no era abuelo, pero estaban mis hijas. Era una gran oportunidad para descubrir la cultura del Medio Oriente, que era un deseo personal. Como esa inquietud la tenía desde siempre, por encima de las aspiraciones como entrenador, y además estaba la posibilidad de dirigir el Mundial, se dieron todas las condiciones para aceptar esa propuesta. Fue un trabajo muy difícil, porque futbolísticamente están un paso por detrás de las grandes potencias. Considero que fue una experiencia maravillosa. Creo que para el fútbol árabe y para mí fue algo enriquecedor. Ojalá que se den nuevas oportunidades para trabajar ahí.

Durante el Mundial del 2018, Juan Antonio Pizzi dirigió a la selección de Arabia Saudita que cayó 5 a 0 frente a Rusia, 1 a 0 con Uruguay y derrotó 2 a 1 a Egipto. Foto: REUTERS/Suhaib Salem
Durante el Mundial del 2018, Juan Antonio Pizzi dirigió a la selección de Arabia Saudita que cayó 5 a 0 frente a Rusia, 1 a 0 con Uruguay y derrotó 2 a 1 a Egipto. Foto: REUTERS/Suhaib Salem

¿Cómo era el día a día? ¿Es cierto que había que parar los entrenamientos para que los jugadores puedan rezar?

—En la selección es diferente, porque estás menos tiempo. Igualmente, nos adaptamos bastante bien. Yo tenía tres traductores y muchos chicos que jugaban en Europa hablaban en inglés. Con buena voluntad nos entendíamos muy bien. Además, teníamos una buena predisposición de la liga para juntar a los futbolistas y hacer giras por España o Alemania. Fijate que eso sería imposible aplicarlo en la Argentina, y son cosas que considero fundamentales para la conformación del grupo. Lo del rezo es depende cómo te lo vendan o cómo crees que te influye. Es cierto que durante algunos entrenamientos escuchamos las sirenas que anunciaban la hora del rezo, pero nosotros aprovechábamos para tomar agua y hablar de algunos aspectos tácticos. No es que se paraliza el mundo para rezar, pero éramos respetuosos con sus costumbres. Incluso programábamos la actividad para que no coincida con ninguno de los 5 rezos diarios, porque todos los días varían según la salida y la puesta del sol.

¿Cómo hacían el proceso de la selección de jugadores? ¿Conocías algo del campeonato de Arabia Saudita antes de asumir en la selección?

—Una de las principales decisiones que tomamos, que fue bien valorada, fue irnos a vivir allá. Llevamos un staff de 12 personas para tener el control en la mayoría de los partidos. También teníamos una lista de 50 o 55 jugadores que podían ser citados; y a partir de ahí comenzamos el proceso de selección.

¿En Chile tuviste la mayor satisfacción y el máximo dolor, por lo que significó ganar la Copa América y no poder lograr la clasificación al Mundial de Rusia?

—Uno de los fracasos más duros de mi carrera deportiva fue no clasificar a Chile al Mundial. Habíamos hecho un gran trabajo y teníamos un plantel que generaba grandes expectativas, pero nos tocó quedar afuera por diferencia de gol. Fue un dolor muy grande no haber podido ir a la Copa del Mundo con ese equipo.

Después de la final de la Copa Confederaciones el Chelo Díaz decidió no hablar más con los medios de su país por las críticas que recibió ¿Tan dura es la prensa chilena?

—Creo que es innecesario tomar esa postura. Creo que Marcelo Díaz no fue el culpable. El fútbol chileno ha tenido pocos jugadores como él y tienen que estar agradecidos por todo lo que le dio a su selección. Es cierto que la prensa es dura, pero forma parte de nuestro trabajo aceptar las críticas de los medios de comunicación, aunque muchas veces sea de manera injusta y sin fundamentos. Cada uno sabe cómo ejerce su profesión.

Cuando estuvo a cargo de Chile, ganó la Copa América en Estados Unidos, fue finalista en la Copa Confederaciones en Rusia, pero no logró la clasificación al Mundial. Foto: REUTERS/Darren Staples
Cuando estuvo a cargo de Chile, ganó la Copa América en Estados Unidos, fue finalista en la Copa Confederaciones en Rusia, pero no logró la clasificación al Mundial. Foto: REUTERS/Darren Staples

¿Se puede hacer una comparación con lo que te pasó en San Lorenzo, donde tuviste la oportunidad de ser campeón, pero en el segundo ciclo no se dieron los resultados?

—No, la verdad es que este año habíamos arrancado bien conformando un gran plantel, pero hubo varios parates con las elecciones, las PASO y las fechas FIFA que nos impidieron consolidarnos. La selección de Paraguay nos sacó a los Romero y la Sub 20 convocó a Gaich y a Herrera; entonces todo eso hizo que no pudiéramos consolidar nuestra línea de juego. Además, tuvimos varios lesionados y el equipo empezó a caerse futbolísticamente. Tuvimos resultados que no esperábamos y cuando el ciclo empezó a ser nocivo hablé con Marcelo (Tinelli) y Matías (Lammens) para decirles que no iba a haber ningún problema si creían que la solución era que diera un paso al costado. Me parece que el aire fresco renovó las expectativas, porque en el momento en el que se va un entrenador se generan energías positivas dentro del plantel.

Pero a la larga se vio que no fue la mejor opción. Monarriz tuvo que dejar el cargo y hoy San Lorenzo está con un interinato a cargo de Romagnoli, Acosta y Tocalli

—Sí, pero cuando nos fuimos nosotros consiguieron un par de resultados. Perdieron con Independiente, pero ganaron varios partidos, entre ellos contra River en el Monumental.

Fue rara tu salida, ¿te molestó la bandera que pusieron?

—Había un proceso previo a las elecciones, donde se vivía una disputa política entre el sector oficialista y el opositor. Lamentablemente nosotros salimos dañados de esa situación, pero a mí no me afectó para nada. Si bien no comparto lo que hicieron y repudio que hayan puesto esa bandera, tampoco me afectó demasiado.

¿Tan loco es el fútbol argentino? En Colón también tuviste una experiencia negativa.

—Sí, porque se venden expectativas que después son muy difíciles de cumplir. Cuando se genera mucha ilusión en base a muchas cosas que pasan, la desilusión es proporcional a la gran ilusión que se había generado. Todos quieren salir campeones, pero en este caso hay 23 equipos que no salen campeones. Se valoran muy poco los procesos. No se le da importancia si un equipo durante los últimos 5 años estuvo entre los 8 primeros. No hay paciencia. Se venden muchas expectativas. Ahora mismo le pasó a Colón, que después de jugar la final se creían los dueños de Sudamérica y hoy están peleando por evitar el descenso.

¿Vas a volver a dirigir?

—Tuve varias propuestas, pero hoy por hoy analizo bien cada situación. Hace 10 años me volvía loco por las ganas de dirigir, pero ahora lo tomo con más calma. Analizo los planteles que voy a tener, las expectativas que genera el equipo, la proyección que tienen los dirigentes del club, aunque después no se cumplan los proyectos. Hay una realidad marcada por los resultados, porque si no se dan rápidamente se terminan los proyectos.

¿Pensás más en un club o en una selección?

—Yo creo que puedo trabajar en cualquiera de los dos. Ambos tienen sus pros y sus contras. En la selección tenés muchos beneficios y otras presiones, mientras que un club te da la posibilidad de trabajar en el día a día. Yo estoy dispuesto a todo.

¿Qué técnicos te gustan en la actualidad?

—Me gusta cómo trabajan el Toto Berizzo y Gaby Milito. Es evidente que cuando das nombres, después se titula con eso: Gallardo es el mejor o Guardiola es el mejor, pero no me interesa destacar a uno en sí. Valoro mucho los mecanismos de trabajo y la actividad que desarrollan, sin importar los resultados. Yo tuve entrenadores que no trascendieron por falta de títulos, pero fueron unos maestros que me marcaron mucho. Siempre van a resaltar los del Real Madrid, Barcelona, Juventus, Milan y ese tipo de potencias.

¿Quiénes fueron los que te marcaron y pudiste hacer escuela?

—El Patón Bauza me enseñó mucho. Van Gaal, Solari y Ramón Díaz también. Tuve muy buenos entrenadores que desde el punto de vista táctico o personal me han dejado muy buenos conceptos.

¿Seguís creyendo que hay mucho verso en el fútbol?

—Sí, no lo dudes. Muchos protagonistas del ambiente se la pasan mintiendo. Que se entienda que la palabra verso la uso como una metáfora general. Todos decimos que vamos a salir campeones , pero las matemáticas te dicen que sólo uno va a ser campeón. Entonces los otros 23 te están verseando. La idea es trabajar para salir campeón, pero aún así hay otros 10 equipos que no tienen ninguna posibilidad de ser campeón. Se necesitan inventar ilusiones en la gente y muchas veces se venden situaciones que después no se cumplen.

En este sentido, Caruso Lombardi es considerado un vendehumo. Incluso en su momento habló mal de vos y te puso un apodo muy duro, ¿joden esas cosas?

—No, prefiero no hablar de él. No amerita que le dedique tiempo a esa persona.

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