
El petróleo y la minería han dado incontables muestras de crecimiento en los últimos dos años. Apalancados por Vaca Muerta, el “boom” del litio y la llegada de múltiples inversiones en ambas ramas de actividad, los números dan cuenta de una expansión sin precedentes para ambos rubros económicos. Sin embargo, aún dentro del contexto favorable, desde la llegada del gobierno de Javier Milei se perdieron casi 9.000 puestos de trabajo formales en esas áreas.
Según estadísticas publicadas por el Ministerio de Capital Humano, en base a datos del SIPA, en noviembre de 2023, justo antes de la llegada de Milei, había 94.576 trabajadores registrados a nivel nacional en las actividades de “petróleo y minería” (serie desestacionalizada). Poco más de dos años más tarde, en enero de este año, el número de trabajadores ya se había reducido a 85.841, lo que significa que de una punta a otra se perdieron 8.735 empleos en total.
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El resultado contrasta con otras estadísticas que marcan una dirección contraria. Sin ir más lejos, en 2025 se registró el nivel de producción de petróleo más alto en lo que va del siglo XXI. Ese año hubo un crecimiento productivo del 9,2% en relación al 2024 y todo indica que en 2026 se alcanzará una nueva marca histórica. Según la estimación de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), este año las petroleras extraerán en forma conjunta unos 54,5 millones de metros cúbicos de crudo, un valor que superaría en un 11% el récord histórico de 1998.

En paralelo, la minería no para de crecer a nivel general. De acuerdo con los últimos números publicados por el Indec, desde que llegó Milei el Índice de Producción Industrial (IPI) minero creció 14,3%, impulsado principalmente por la extracción de minerales no metalíferos, que se expandió un 37% en ese período. Sin duda, el mayor protagonismo lo ha tenido la extracción de litio, que desde noviembre de 2023 hasta hoy registró un repunte de 112%, según las estadísticas oficiales.
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Cómo se explica la paradoja
La convivencia entre una producción en alza y una planta laboral que se achica no es sencilla de interpretar, pero los especialistas tienen una lectura clara del fenómeno. Para Daniel Schteingart, director de desarrollo productivo de Fundar, la clave está en entender que ninguno de estos dos sectores es un bloque homogéneo: dentro de cada uno coexisten subsectores que van en direcciones opuestas, y esa dualidad es la que termina distorsionando el resultado agregado.
“Petróleo y minería hoy tienen menos empleos formales que en noviembre de 2023, porque dentro de ambos sectores hay también una economía dual”, explicó Schteingart en una entrevista para Ahora Play. En el caso del petróleo, el auge de Vaca Muerta concentra la atención y los recursos, pero no es el único frente de actividad del sector. Mientras la formación neuquina bate récords de producción, en las cuencas más tradicionales el proceso es inverso. “Petróleo tiene el boom de Vaca Muerta, pero en paralelo cierran pozos de petróleo en las cuencas más tradicionales”, señaló el sociólogo.
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La misma lógica se replica en la minería. El litio atraviesa un momento de expansión notable, con un crecimiento de más del 112% desde fines de 2023, pero arrastra consigo una distorsión: no es el segmento que más empleo genera dentro del sector. “En la minería al litio le está yendo bien, pero todo lo que tiene que ver con la minería asociada a la construcción, que es la que genera más empleo, también está parada”, advirtió Schteingart. Esa rama, íntimamente ligada al ciclo de la obra pública y privada, sufrió el impacto del ajuste fiscal y la caída de la actividad constructora durante el primer tramo de la gestión Milei, y su recuperación ha sido más lenta que la de los segmentos extractivos más dinámicos.

Una foto hoy, otra en 2027
Desde una perspectiva diferente, el economista Daniel Garro, director de Value International Group, cuestiona que el período analizado sea el más representativo para sacar conclusiones sobre el empleo en estos sectores. Su argumento apunta al momento del ciclo inversor en el que se encuentra la economía argentina: los proyectos que hoy se anuncian o se están ejecutando todavía no han volcado su demanda de mano de obra al mercado laboral en forma plena.
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“En 2024 y 2025 los proyectos de minería y de petróleo todavía no estaban lanzados. Entonces, puede ser que haya menos empleo”, planteó Garro. Desde su punto de vista, medir el impacto laboral del ciclo inversor actual requiere esperar a que esas inversiones maduren y se traduzcan en contrataciones efectivas.
“Habrá que medir la cantidad de empleo de ahora hasta fines del 2027, cuando se afiance toda la masa de proyectos que recién ahora se están volcando a la economía, principalmente a Vaca Muerta y al litio”, sostuvo el economista. Bajo esa lectura, la caída registrada hasta enero de 2026 sería una foto de la etapa previa al despliegue real de las inversiones, y no un indicador del rumbo estructural del empleo sectorial.
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Lo que los dos análisis tienen en común es que ninguno niega la paradoja: la producción crece, pero el empleo formal todavía no acompaña. La diferencia está en si esa brecha se explica por la estructura dual de los sectores, como sostiene Schteingart, o por el desfase temporal entre inversión y generación de puestos de trabajo, como argumenta Garro.
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