Argentina logró un avance clave en su posicionamiento internacional ante inversores tras el anuncio de Fitch Ratings de subir la calificación de la deuda soberana a largo plazo en moneda extranjera y local de ‘CCC+’ a ‘B-’ con perspectiva estable. Esta mejora, según explicaron, respondió a los resultados en los saldos fiscales y externos, el avance de las reformas en el Congreso y el programa de compra de reservas del Banco Central de la República Argentina (BCRA). Sin embargo, advirtieron que el Gobierno de Javier Milei enfrenta al menos cuatro riesgos que van desde el exigente perfil de vencimientos hasta las elecciones presidenciales de 2027. Por su parte Moody’s, otra de las 3 grandes del sector, prefirio postergar un cambio en la nota de deuda.
Fitch Ratings identificó el cambio de tendencia en los principales indicadores macroeconómicos y políticos del país. La agencia señaló que la mejora estructural en los saldos fiscales y externos, junto con avances en las reformas económicas y una perspectiva favorable para la acumulación de reservas de divisas, permitió elevar la nota crediticia de Argentina. Además, la expectativa de que el gobierno obtenga financiamiento suficiente para cubrir sus obligaciones de deuda sumó argumentos a favor de la suba. A pesar de este avance, la calificadora remarcó que la posición de liquidez internacional todavía resulta insuficiente para enfrentar posibles crisis de confianza, y que la inflación elevada y la inestabilidad macroeconómica continúan limitando el potencial de mejora.
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La suba de la nota por parte de Fitch entusiasmó a los mercados. Pero pese a la expectativa que generó con la posibilidad que otras agencias calificadoras lo repliquen, este miércoles la burbuja se pincho cuando Moody’s aseguró que no tiene prevista una suba inmediata de la calificación para la deuda soberana argentina, debido a la persistencia del riesgo político y a que todavía espera conocer un programa que detalle cómo se van a cumplir los abultados compromisos financieros que enfrentará el país en 2027.
Durante una presentación realizada ayer en el hotel Four Seasons de Buenos Aires, Jaime Reusche, vicepresidente y senior credit officer expuso que la nota de Argentina “ha subido fuertemente” en el último año y medio dentro de la escala interna de la agencia, pero enfatizó que la evolución de la calificación depende de la continuidad en las políticas. “Sería prematuro subir la calificación si no hay certeza de continuidad en las políticas”, sostuvo. Remarcó que el país presenta una “reducción en riesgos” respecto de escenarios previos, aunque aclaró: “La confianza de que estas políticas van a continuar es clave para la calificación”.
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Tres factores clave para las mejoras
La primera variable que impulsó la mejora de la calificación fue el avance de la agenda de reformas. Tras las elecciones de medio término en octubre de 2025, el presidente logró un respaldo más sólido en el Congreso para avanzar con su programa económico. El informe de Fitch Ratings destacó victorias legislativas como la reforma laboral, las modificaciones a la Ley Nacional de Glaciares que flexibilizan las restricciones ambientales sobre la minería y la aprobación del presupuesto 2026, que mantiene una base fiscal robusta. La desregulación y los incentivos para atraer inversión privada en sectores estratégicos como energía y minería también figuran entre los ejes de la gestión actual.
El segundo factor relevante es la mejora en la posición externa. Argentina se transformó en un exportador neto de energía, lo que fortaleció su resiliencia ante la volatilidad de los precios internacionales. Con ello, Fitch señaló que el déficit por cuenta corriente se reducirá marginalmente este año hasta el 1% del Producto Bruto Interno (PBI), bastante por debajo del 3,7% de déficit que muestra la mediana de países con calificación ‘B’. El crecimiento sostenido de las exportaciones, sumado a un tipo de cambio fuerte que incrementa la demanda de importaciones y turismo emisor, permitió consolidar este resultado. Es que el superávit comercial del primer trimestre alcanzó un récord de USD 5.500 millones, muy por encima de los USD 1.100 millones del año anterior.
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La calificadora sostuvo que la cartera de proyectos en energía y minería, bajo el régimen Regimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI), debería seguir atrayendo inversión extranjera directa y que la emisión de deuda externa corporativa y provincial favoreció el ingreso de capitales al país. “Están subestimadas. ¡Ni se imaginan los que vienen!”, escribió semanas atrás el ministro de Economía, Luis Caputo, en la red social X a una publicación de Federico Domínguez en donde aseguraba que este año la balanza comercial de energía y minería será de USD 13.000 millones, mientras que en 2031 alcanzaría a USD 75.000 millones.

La tercera variable que destacó Fitch Ratings es la política de acumulación de reservas. El gobierno priorizó la compra de divisas con el objetivo de alcanzar entre USD 10.000 y 17.000 millones en el año. Hasta abril, las compras sumaron 7.100 millones de dólares, y la agencia previó que el ritmo se acelerará con el avance de la cosecha de soja. Aunque las reservas brutas subieron en menor medida debido al pago de compromisos de deuda, Fitch proyectó que podrían llegar a los USD 52.700 millones hacia fin de año. Las reservas internacionales netas se mantienen bajas si se descuentan los pasivos de corto plazo, pero la agencia estimó que crecerán en USD 8.000 millones, en línea con el objetivo fijado en el acuerdo SAF con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
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A su vez, la agencia destacó que el equipo económico negocia un nuevo paquete de financiamiento para cubrir vencimientos de bonos en moneda extranjera y respaldar la acumulación de reservas. Bajo un esquema incluye garantías multilaterales por al menos USD 2.500 millones, una operación mayor con el sector privado, emisión de bonos locales en dólares por USD 4.000 millones y USD 2.000 millones provenientes de privatizaciones.
Ayuda para salir al mercado internacional
Dentro del mercado financiero local, Eric Ritondale, economista jefe de PUENTE, señaló que la suba de calificación de Argentina por parte de Fitch Ratings marca un “hito cualitativo en la narrativa de crédito del país”. Una decisión que se apoyó en la consistencia de la compra de reservas, el mantenimiento del superávit fiscal y la mejora en la capacidad de servicio de la deuda. Así, consideró que el fortalecimiento de los buffers de liquidez redujo las inquietudes sobre el refinanciamiento de corto plazo y mejoró la previsibilidad del programa económico.
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Lo más relevante de alcanzar la categoría ‘B’, para Ritondale, es que funciona como un catalizador discreto para activar la demanda de inversores institucionales, muchos de los cuales enfrentan restricciones normativas para invertir en activos con notas dentro del rango ‘CCC’”. El economista sostuvo que aunque parte de la mejora ya estaba reflejada en los precios, el upgrade contribuye a ampliar la base de inversores y debería sostener la compresión de spreads. Además, enfatizó que “Fitch es la primera de las grandes agencias en dar este paso; S&P y Moody’s podrían seguir una tendencia similar en los próximos meses, alineándose con otros precedentes internacionales donde una mejora inicial de una agencia funcionó como precursor de un repricing más difundido”.
Y si bien el equipo económico sostiene que hay que cortar la dependencia con Wall Street y que cuentan con financiamiento más barato para cubrir los vencimientos de julio e incluso de enero y julio de 2027, para Ritondale, esta mejora en la calificación de deuda por parte de Fitch Ratings facilita un eventual regreso de Argentina a los mercados internacionales.
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Cuatro riesgos que limitan el potencial
Pero las agencias calificadoras también expusiero cuatro riesgos principales que siguen afectando la perspectiva de la deuda argentina y una de ellas tiene que ver con el plano político. El primero es la debilidad de la liquidez internacional ya que si bien la acumulación de reservas avanzó, la cobertura todavía resulta insuficiente ante posibles shocks de confianza. Las reservas netas siguen bajas si se consideran los pasivos de corto plazo, como operaciones de recompra, requisitos de reserva y la línea de swap con el Banco Popular de China.
El segundo factor de riesgo es la inflación. El informe de Fitch señaló que la inflación mensual cayó a 1,5% en mayo de 2025, pero volvió a subir al 3,4% en marzo de 2026 debido a la transmisión de la depreciación del tipo de cambio, los ajustes en tarifas, el aumento de los precios de la carne y el repunte global de la energía. Aunque proyectan que la inflación descenderá a menos del 2% mensual hacia fin de año.
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El perfil de vencimientos de deuda es el tercer riesgo crítico. Fitch detalló que el servicio de deuda en moneda extranjera se incrementó y aumentará aún más en 2027, antes de las elecciones. El gobierno pagó la mitad de los USD 8.800 millones en vencimientos de bonos en enero y debe cancelar el resto en julio de 2026. En 2027, los pagos sumarán USD 9.800 millones. Adicionalmente, los títulos BCRA BOPREAL representan vencimientos de USD 2.300 millones en 2026 y USD 5.200 millones en 2027. Los acuerdos de recompra con bancos comerciales vencerán en 2027 y su renovación no está garantizada en un contexto de crisis. Fitch calculó que los reembolsos a organismos multilaterales se cubrirán con nuevos desembolsos.
La necesidad de “un puente” hasta 2028, cuando empezarán a sentirse los efectos de las grandes inversiones en minería y energía, es clave para capear los vencimientos de 2027 también para Moody’s Ratings. “La política del Gobierno ha sido no salir a los mercados externos a cualquier costo, sino buscar deuda barata para cumplir con los nuevos compromisos. Tiene sentido, pero la pregunta es: ¿existen suficientes recursos para cumplir con esos compromisos?”, planteó Reusche.
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El cuarto riesgo surge del contexto político y electoral. Fitch remarcó que la oposición permanece débil y fragmentada, pero la persistencia de la inflación y el bajo crecimiento afectan la popularidad del gobierno. La agencia advirtió que los mercados financieros mantienen una alta sensibilidad a los eventos políticos y que Argentina sigue vulnerable a crisis de confianza, sobre todo si las elecciones de 2027 anticipan modificaciones de las políticas actuales. Para Moody’s, la continuidad de políticas austeras en materia fiscal es clave para nuevas subas de nota.
El informe de Fitch se precisó que el crecimiento económico se concentró en actividades extractivas como minería, petróleo y gas, además de la agricultura y la intermediación financiera. Los sectores intensivos en mano de obra, como la construcción y la manufactura, se estancaron o retrocedieron, lo que se tradujo en pérdida de empleos formales y un deterioro en la confianza del consumidor. Fitch señaló que la actividad económica se mantuvo estable en el primer trimestre, aunque previó una recuperación para los próximos meses.
El punto fue reforzado por Marie Diron, Managing Director, Global Head of Sovereigns, Moody’s Ratings, quien resaltó la importancia de que el crecimiento se traslade a sectores económicos con más incidencia en la generación de empleo “para que el programa tenga apoyo”.
Para los meses que vienen proyectan que las tasas de interés más bajas y una inflación mensual en descenso favorecerán el crédito y la mejora de los ingresos reales y espera una mayor tracción en la adjudicación de obras públicas, siendo un punto que destacó el ministro Caputo con la concesión de los 9.000 kilometros de rutas nacionales. Fitch proyectó un crecimiento de la economía de 3,2% en 2026, por debajo del 4,4% de 2025, pero marcando dos años seguidos de crecimiento, algo que no ocurría desde 2011, exceptuando la salida de la pandemia.
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