Isabel Zapata y un idioma “nuevo y antiguo a la vez”: dos poemas de su libro “Montaigne, etc.”

La escritora mexicana aborda la figura de Michel de Montaigne desde la poesía en un diálogo ficticio e intergeneracional que trasciende el tiempo

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Isabel Zapata
Isabel Zapata (Foto: Alejandro Guyot / Malba)

Montaigne, etc., la nueva obra poética de Isabel Zapata, introduce una propuesta literaria que escapa a las clasificaciones tradicionales y desafía las expectativas editoriales del año. Este libro, editado por Rosa Iceberg, surge de una premisa inusual: la decisión de Zapata de abordar la figura de Michel de Montaigne recurriendo a la poesía en lugar del ensayo, género con el que el pensador francés revolucionó la literatura occidental en el siglo XVI.

El libro construye un diálogo ficticio e intergeneracional que trasciende el tiempo y el idioma presentando una voz poética que interroga el presente a través de emisiones de un Montaigne imaginario, así como de su propio padre, madre, amistades y detractores, en un español que la editorial define como “nuevo y antiguo a la vez”.

Allí escribe, por ejemplo, que “la prisa es una forma de penumbra”. Luego, siguen estos versos: “Entre orquídeas y pájaros / crestados, esquivando el estruendo / de lo vivo, mi caballo relincha y me / susurra: todos somos presas / y el mundo entero / está de cacería".

La autora, nacida en Ciudad de México el 23 de abril de 1984, ha cimentado una trayectoria en la que confluyen la escritura, la edición y la traducción. Ha publicado títulos como Ventanas adentro (2002), Las noches son así (2018), Una ballena es un país (2019), Alberca vacía (2019), In vitro (2021), Tres animales que caben en el agua (2022) y Troika (2024). Se formó en ciencia política en México y cursó una maestría en filosofía en Nueva York.

Isabel Zapata
“Montaigne, etc.”, editado por Rosa Iceberg

A continuación, dos poemas del libro: uno corto, “Contra los doctores”, y otro largo, “La gata se hace vieja”.

Contra los doctores<b> </b>

Me gustan los melones, el pan manso, en copa de cristal prefiero el vino, pescado, sal, voilà: listo el banquete. ¿No ensayamos también con nuestros gustos? ¿No intentamos el mundo con la boca, aunque eso no les guste a los doctores?

Un par de notas sobre los doctores: son duros de roer, nos quieren mansos. “Silencio, por favor, cierre la boca. Debe beber más agua y menos vino.” Pero no pienso censurar mis gustos. Ni loco los invitaría al banquete.

¿Se imaginan qué fiasco de banquete? Tener que soportar a los doctores, sufrir sus malas caras, tan a gusto

que estábamos aquí, el fuego manso, la abundancia, el hechizo del vino, filosofía brotando de la boca.

Porque entra la dicha por la boca (un pezón, queso blando, ¡qué banquete!) lo mundano supera a lo divino

y todo lo que ordenan los doctores en contra del placer como remanso lo olvido yo tranquilo, con buen gusto.

Recomiendo evitarse los disgustos absurdos en que siempre desemboca exigirle demasiado al sumiso

pellejo que nos viste. Ven, que te revelo eso que ocultan los doctores: al bailar bailo, cuando bebo vino

me dedico sin más a beber vino. Duermo largo, a pierna suelta, degusto cada plato con paciencia. Doctores: devuelvan las palabras a su boca y acepten que disfrutan el banquete. Las fortunas verdaderas se amasan

con pereza. Doctores: a la boca

le gusta el vino fresco, la chuleta eterna, mansa, libre, del banquete.

Isabel Zapata
(Foto: Felipe Bozzani / Casa REM)

La gata se hace vieja

No tengo idea quién juega cuando juego contigo. Mi especie es lo más vano entre lo vano.

¿Habrase visto algo más ridículo,

que esta criatura pobre y miserable

expuesta a los ataques y a los vicios

crea que tiene el control del universo?

La belleza indomable de los cuerpos celestes, ¿con qué fin? ¿De qué sirve la ciencia de las equivocaciones? ¿Cómo hablan su idioma las lombrices?

¿No te parece raro que se oculte

un enigma detrás de cada cosa?

¿Qué decir de las cejas? ¿De los labios? ¿De las ganas de amar y ser amados?

Tengo miles de libros y ninguno

ha podido ayudarme a resolverlo.

Pero tú dices todo sin decirlo. Me miras y conoces las respuestas. Podemos acostarnos donde sea, hacer nido con vista a la montaña y escondernos de la filosofía.

Hermoso es el silencio entre nosotros, hermosa nuestra forma

de exponernos en la dicha

común de lo presente.

Las arañas regalan su tejido.

Organizan exequias las hormigas. Cambia el pulpo de color

cambia de forma.

No habrase visto nunca un elefante traicionar a sus tropas y quebrarlas con la violencia de nuestros soldados. Meditan sin querer: alzan sus trompas con ojos fijos hacia el sol naciente sin dios y sin metáfora y sin prisa.

Reconocen sus faltas,

son capaces

de pasear por el gusto de pasearse y llevarse con calma cada día.

Por si eso fuera poco, galantean.

No me creas a mí, sino a la joven vendedora de “ores que tenía

por devoto a un enorme paquidermo.

También hubo un dragón enamorado y una oca enamorada, y un carnero. Pero eso te lo cuento en otra carta.

Me temo que volví a perder el hilo.

Ahí voy de nuevo:

el piojo interrumpió una dictadura. y hay futuro en el vuelo de las aves.

Sin mayor aspaviento,

sin esperar que nadie

lo llamara de vuelta a la otra orilla, el perro Hircano se arrojó a la hoguera donde esperaba el cuerpo de su amo.

Tú al fuego te aproximas por el brillo que habita y cruje en nuestra chimenea. Descubres una grieta en el castillo y en ella te derramas, te haces agua.

Yo en cambio tengo miedo de mí mismo y dudo y soy un loco y me arrepiento.

Sin escamas ni plumas que me cubran ando desnudo en la desnuda tierra desnudo me he mostrado en lo que escribo desnudo moriré y no me acostumbro al peso entumecido de mis muslos.

No sé nada de pausas ni de prisas detesto a los doctores, no soporto la venganza, desprecio el sonsonete cruel de lo normal.

No me sereno.

No sé qué hacer conmigo

y estar juntos resuelve ese dilema.

Envejecer, morir:

¿habrá empresa personal

más compartida?

Eres bella: no sirves para nada.

Entregas sin dudar

lo que no tienes, sabes

qué hacer con mi alegría.

Anoche tuve un sueño muy extraño.

Andabas muy campante por las viñas como rejuvenecida.

Qué envidia me dio entonces tu pelaje.

Para ti, el desorden de mi espíritu el lado más “exible de mi alma mi cuerpo libre y suelto

la brisa del verano

y sus perfumes.

Espero dejar claro mi mensaje.

Amiga mía: adiós,

nos vemos pronto.

Muchas gracias por tanto ronroneo. Hasta luego y felices vacaciones.

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