
Salman Rushdie mira de frente a la cámara, en primer plano. Se lo ve más delgado, pero lo que más impacta es que el cristal derecho de sus anteojos es oscuro y opaco. Con esta reaparición pública tras el ataque que sufrió el 12 de agosto pasado por parte de un fanático musulmán –recibió más de diez puñaladas: perdió la visión de su ojo derecho, adelgazó veinte kilos y tiene problemas de movilidad en su mano izquierda–, el escritor inició en Twitter la promoción de su nueva novela, Ciudad Victoria. El libro salió a la venta hoy, martes, y fue publicado en Argentina por Random House con traducción de Luis Murillo Fort.
En el texto que acompañaba la foto –la publicación se borró misteriosamente de Twitter, y el autor volvió a publicarla hoy–, Rushdie le respondió con humor a la revista The New Yorker, que había publicado otra impactante imagen suya en blanco y negro (tomada por Richard Burbridge), con un par de anteojos similar y una cicatriz en el lado derecho del rostro y el cuello, y que acompaña el artículo “El desafío de Salman Rushdie”, firmado por el director de la revista, David Remnick. “La foto en @NewYorker es dramática y poderosa pero este, más prosaicamente, es mi aspecto real”, escribió.

“Es estupendo estar de vuelta, en un lugar que no es un hospital, que es donde más he estado. Y estar en esta oficina es… Llevo décadas viniendo aquí y me resulta un lugar muy familiar. Y poder venir aquí a hablar de literatura, a hablar de libros, a hablar de esta novela, Ciudad Victoria, a poder hablar de lo que más me importa“, dijo Rushdie en la entrevista a The New Yorker. También que está “teniendo en cuenta lo que había pasado” y que su “principal sentimiento es la gratitud”. Nacido en Bombay, el autor indio-británico que desde el año 2000 vive en Estados Unidos cumplirá 76 años el 19 de junio.
“Tengo eso que se llama trastorno de estrés postraumático. Estoy teniendo muchas, muchas, dificultades para escribir. Me siento a escribir, y no sucede nada. Escribo, pero es una combinación de vacuidad y desechos, cosas que escribo y borro al día siguiente”, explicó. Gracias al terapista, con el que se trata desde hace ya varios años, tiene muy claro que no piensa “adoptar el papel de víctima”. “He sufrido pesadillas, que tienden a disminuir. Estoy bien, soy capaz de levantarme y caminar. Cuando digo que estoy bien, quiero decir que hay partes de mi cuerpo que necesitan controles constantes. Fue un ataque colosal”, aseguró.
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