
Aunque Kurt Vonnegut Jr. publicó más de diez novelas y más de cien relatos, es reconocido en el ámbito literario por un puñado de títulos: Cuna de gato (1963), Desayuno de campeones (1973) y, especialmente, en todo el planeta, por Matadero cinco (1969), que relata sus traumas en la Segunda Guerra Mundial, durante el bombardeo aliado de la ciudad alemana de Dresde, en una forma muy propia, con varias marcas reconocibles: narrativa experimental, elementos de la ciencia ficción, humor absurdo y una amargura subyacente que deviene en acidez dirigida hacia la política, el conglomerado científico-industrial, la guerra y la religión en general.
La obra de Vonnegut ha sido traducida al mundo audiovisual con una recepción favorable. Matadero cinco fue adaptada como película en 1973, dirigida por George Roy Hill—tarea nada sencilla por los saltos temporales y espaciales que atraviesa Billy Pilgrim, nuestro protagonista—y como novela gráfica en 2020, con guion de Ryan North e ilustraciones de Albert Monteys.
Vonnegut fue presidente honorario de la Asociación Humanista Estadounidense desde 1992, al fallecer Isaac Asimov, hasta su muerte en 2007. A Vonnegut se le atribuye un one liner que dice: “El que crea en la telequinesis, que levante mi mano”. Antropólogo de vocación, Vonnegut desarrolló un análisis estructural de las historias de ficción, “The Shape of Stories” (“La forma de las historias”), que se ha compartido miles de veces en Internet y ha servido para prescribir reglas de escritura, algo que fascina a los docentes universitarios.
Su amigo y editor de sus cartas Dan Wakefield, lo llamó “un ateo que amaba a Cristo”. Wakefield relata que cuando volvió al redil del cristianismo, luego de un hiato de incredulidad, publicó un ensayo con el título de “Volver a la Iglesia”. Al llegar a su casa, se encontró con un mensaje en el contestador telefónico que decía “Aquí Kurt. Te perdono”.

El recuerdo de su hijo
Mark Vonnegut, cuyo nombre de pila proviene de Mark Twain, tan admirado por Kurt, fue uno de los tantos hijos que este tuvo. Padeció esquizofrenia, hecho que narra en The Eden Express: a memoir of schizophrenia (1975), reeditado en España en 2022 como Expreso al paraíso: Memoria de una locura, y hoy ejerce como médico pediatra en Boston. Sobre la posible influencia de su padre en su propia escritura, Mark señala: “Bromeo al respecto, pero de hecho creo que él tomó tanto de mí como yo de él”, y cita a otros escritores que admira, como Ring Lardner, Jack London y James Baldwin.
Existe un Kurt Vonnegut mítico, idealizado por fans y críticos, pero Mark recuerda que para él era como un hermano menor impredecible, antes que un padre. Con el paso de los años, según muestra el esperado (y logrado) documental Kurt Vonnegut: unstuck in time (2021) nuestro homenajeado se volvió cada vez más taciturno, con episodios de agresividad propios de alguien que pasa por estrés postraumático. Mark recuerda: ”Una vez tuve que convencerlo para que no se pelee con tres estudiantes universitarios que me habían dicho ‘hippie’. Yo era un hippie y nos hubieran partido la madre a los dos”. Con todo, Vonnegut hijo considera que deberíamos leer a su padre porque es la puerta de entrada a la lectura y al pensamiento crítico, que no abundan en el mundo contemporáneo.

¿Cómo se lee (y edita) a Vonnegut en Argentina?
Eric Schierloh es escritor –Manual de edición artesanal (2022), La escritura aumentada (2021) y Kilgore (2010)—, editor en Barba de abejas y traductor de Melville, Thoreau, Emerson y otros. Schierloh recuerda que lo primero que leyó de Vonnegut fue Matadero cinco, que le pareció “una lectura desquiciada, como si Eric Hobsbawm hubiera tomado LSD, mezclado con el pulp de la ciencia ficción y el estilo vonnegutiano de humor negro”. Poco tiempo después abrió una librería con un amigo, a la que decidieron llamar Vonnegut libros, que todavía existe en La Plata, culturosa y fascinante capital de la provincia de Buenos Aires. Fue gracias a esa librería, y a sus otras lecturas de Vonnegut (Las sirenas de Titán, Madre noche, La pianola) que los editores de La bestia equilátera lo convocaron para que escribiera el prólogo de Desayuno de campeones.
Sobre la obra de no-ficción de Vonnegut, Schierloh responde críticamente. Le resulta “panfletaria, en el peor de los sentidos”, porque está “del lado amigo del panfleto: es antirepublicana y prodemócrata” (para estas latitudes el bipartidismo norteamericano representa, por lo menos, una farsa difícil de digerir). En las novelas, señala Schierloh, está mucho más desarrollada la crítica de Vonnegut hacia la maquinaria de guerra, el consumismo y demás males que le podamos endilgar a los Estados Unidos. En Vonnegut hay un escritor con un estilo único, que aportó elementos interesantes—relacionados con la historia y la manera de narrar—a la ciencia ficción, género antes considerado menor.
Andrés Beláustegui, responsable de Compañía Naviera Editora, con la que publicó Hombre sin patria en 2020, aporta su testimonio sobre lo que significa editar a Vonnegut. Beláustegui fue jefe de producción en el Grupo Editorial Norma, y en 2014 fundó la editorial Páprika/Sigilo, proyecto que codirigió hasta 2017. En 2018 inició Compañía Naviera Ilimitada editores.

El editor comenta: “A principios de los 2000 empecé a cruzarme cada vez más seguido con referencias a Kurt Vonnegut desperdigadas en un lado y en otro. Y todo lo que escuchaba o leía me urgía leerlo. Para esa época en Buenos Aires no circulaban ediciones de sus novelas, salvo la edición de bolsillo de Anagrama de Matadero cinco. La leí y junto con un amigo nos pusimos en campaña para conseguir en las librerías de viejo todo lo que pudiéramos”. Beláustegui observa que posee una edición de Madre noche (1977) publicada por Bruguera, “chiquita, amarronada y remendada con cinta”, y considera que tal vez sea uno de sus libros favoritos.
Obtener los derechos de publicación de Un hombre sin patria no fue fácil. Según Beláustegui, “el interés por la obra de Vonnegut ya no era un secreto. En los últimos diez años se habían publicado casi todas sus novelas, colecciones de cuentos y todo tipo de escritos póstumos. Con Claudia Arce, mi socia, recordamos Un hombre sin patria, este librito maravilloso, el último que Vonnegut publicó en vida, que habíamos leído en una edición de algún sello de Planeta España, que poco había circulado por América Latina y no se había vuelto a publicar. Apostábamos que era un título que había quedado al margen de recientes negociaciones de cambio de editorial de la obra de Vonnegut. Y acertamos. Tuvimos que negociar con la editorial originaria, también con el agente que empezaba a llevar los derechos de su obra”.
En cuanto a su valoración de la obra de no-ficción de Vonnegut, Beláustegui difiere con Schierloh. “En sus ensayos y escritos de no ficción transmite lo mismo que en su obra de ficción. Se pueden ver claramente los temas que le interesan y le preocupan. Desarrolla su mirada terriblemente lúcida sobre los males del mundo y su fe, casi candorosa y emocionante, en la humanidad. Y siempre aparece su particular humor, que rescata y da sentido a estar vivo. Todo esto, de una forma más directa que en sus novelas. Pero Vonnegut por suerte siempre es Vonnegut”, concluye Beláustegui, y es imposible no estar de acuerdo. De un escritor de ciencia ficción publicado en oscuras (o lejanas, como la argentina Más allá) revistas del género, reconocido como una joven promesa, Vonnegut pasó, con un estilo reconocible, al panteón de escritores celebrados internacionalmente.
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