¿Cómo llega un libro a tus manos? 4 problemas centrales en la industria editorial de América Latina

Luego del proceso de escritura, de corrección, de edición y de impresión llega una parte importante: cómo distribuir y vender esos títulos que tanto trabajo llevaron. En esta nota, docentes, editores y especialistas en la materia se refieren a temas que necesariamente hay que atender

Feria del Libro de Buenos Aires, 2019 (Foto: David Fernández / EFE)
Feria del Libro de Buenos Aires, 2019 (Foto: David Fernández / EFE)

En la mesa de un bar, abierto de par en par, junto a un café de pocillo o en el regazo de un chico sentado en un banco despintado de la plaza o en la vidriera de una librería en la avenida principal del pueblo o en la biblioteca de un centro cultural bajo la wiphala, un libro siempre es una posibilidad latente de trastocar la realidad. Pero, ¿cómo llegó ese cúmulo de hojas encuadernadas a las manos del lector indicado? ¿Qué recorrido hizo desde que fue el archivo definitivo en la computadora del editor, llegó a la imprenta, se multiplicó en ejemplares para viajar hacia los puntos de venta? ¿Cuáles son los problemas que enfrenta la industria del libro de América Latina en cuanto a la distribución y la venta? “No importa el ángulo desde el que se lo mire, no importan las dimensiones o la naturaleza del proyecto editorial, librero o de distribución que uno esté llevando adelante, si se pretende hacerlo sostenible y crecer, tanto en términos culturales como comerciales, la formación no es una opción, es una necesidad”, dice Alejandro Dujovne, director del Centro de Estudios y Políticas Públicas del Libro perteneciente a la Universidad Nacional de San Martin.

El Centro acaba de lanzar su primer curso de formación que lleva por título Cómo distribuir y vender libros hoy en América Latina. La modalidad es virtual y cuenta con Emilia Franco, Víctor Malumián y Hernán López Winne como docentes. Junto a Flavia Costa, coordinadora del área de formación, y luego de un diagnóstico previo, diseñaron “una serie de cursos que ofrezcan claves para reflexionar y actuar en el complejo, cambiante y cada vez más competitivo mundo del libro a partir de la experiencia de los principales referentes latinoamericanos en cada ámbito”, comenta Dujovne y agrega que, “si bien hay buenos manuales y existen recorridos de formación valiosos, buscamos aportar desde otro lugar, apuntamos a crear un espacio que permita desplegar y compartir el conocimiento de los propios actores y estimule la reflexión colectiva”. Comienza el 10 de agosto y se divide en seis encuentros donde, siguiendo el programa, se profundiza sobre aspectos específicos de la industria editorial. Ahora, acá, en esta conversación grupal con Infobae Cultura, reflexionan sobre algunas problemáticas ineludibles del sector.

Logística

Una editorial que ya tiene sus libros impresos tiene dos opciones: o se dedica a venderlo de forma directa o se sumerge en el entramado de librerías y distribuidoras para llegar a más lectores. De cualquier manera, necesitará que sus libros llegan a las manos que los deseen. “Uno de los grandes problemas es la relación entre el precio de venta al público versus los costos logísticos del libro“, dice Víctor Malumian, editor de Godot y uno de los organizadores de la Feria de Editores. “Por ejemplo, un celular ocupa menos espacio, tiene un costo de traslado similar pero su valor de mercado es quizá cien veces mayor. El costo logístico del libro es un impedimento a la hora de pensar su circulación, que no se agota con la instancia digital”. La industria editorial tiene su ley de precio único, eso significa que el “precio de tapa”, el que paga el lector, es siempre el mismo. Y si bien esto es una enorme ventaja, puede convertirse en un problema cuando los costos de envío ocupan un gran porcentaje para los editores, incluso también para los lectores.

“Existen políticas en otros países donde los libros se trasportan subvencionados. Correo Argentino tiene una oportunidad única de liderar la región con una política de tarifa plana para enviar libros de un punto a otro del país. De hecho, sería una gran política para empezar a nivelar las disparidades que se dan entre el centro y la periferia. El problema logístico arrastra décadas, y un poco es debido a que la solución final solo la puede aportar un Estado. Las editoriales pueden pensar dinámicas de impresión local, coediciones, etcétera, pero son soluciones parciales que resultan eficaces solo en determinados casos”, agrega. En esa línea es que desde hace años se viene debatiendo, al menos en Argentina, sobre la necesidad de crear un Instituto del Libro que funcione como mesa permanente para pensar políticas concretas. En una entrevista de 2019, en la prepandemia, Alejandro Dujovne daba un ejemplo de la importancia de generar un federalismo cultural: “Muchos lectores, o potenciales lectores, no pueden acceder al libro en el interior porque no hay librerías, y si las hay son dos o tres donde acceden los grandes grupos”.

Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, Ciudad de México, 2020 (Foto: Galo Cañas / CUARTOSCURO.COM)
Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, Ciudad de México, 2020 (Foto: Galo Cañas / CUARTOSCURO.COM)

Exportación

“El principal problema es las grandes distancias, por los costos de los traslados de los libros físicos y por las dificultades que conlleva para sostener una relación fluida, personal y fructífera entre editores, distribuidores y libreros, que es clave para que los libros lleguen a los lectores”, dice Flavia Costa y abre una puerta para pensar, dentro de la logística, la oportunidad siempre latente que tiene una editorial de saltar la frontera nacional y buscar canales en otros países. ¿Cuáles son las dificultades en la exportación? Sostiene Hernán López Winne, también editor de Godot y organizador de la Feria de Editores, que “hay un gran problema, sobre todo pensando en editoriales chicas o independientes o el término que le queramos poner que es la exportación, un tema muy complejo porque los costos son muy elevados para el importador. Si vos querés mandar cantidades pequeñas vía DHL el costo en general es bastante más alto para el que importa los libros y ahí ya hay un problema. El caso de Argentina es muy puntual por cuestiones como el control de ingreso de divisas, el tipo de cambio al cual las tenés que ingresar”.

En el caso de grandes cantidades, continúa López Winne, “cuando uno exporta, en general los distribuidores de América Latina, porque así es como funciona el mercado, no te compran ‘en firme’, sino a consignación, entonces hacés una exportación vía aduana, que es justamente lo que genera el permiso de embarque y luego el control del ingreso de divisas, lo que eso termina generando es que en realidad estás exportando pero son libros que van en consignación porque todas las librerías de todos los países, al menos en América Latina, trabajan en consignación. Y eso lo que genera es que vos estás exportando con una factura libros que no están vendidos. En el caso puntual de Argentina tenés seis meses para ingresar las divisas. Ahí se genera un problema porque sí o sí tenés que ingresar divisas a los 180 días. Entonces el distribuidor te dice: ‘bueno, entonces no me mandes porque si te voy a tener que hacer factura y te voy a tener que pagar a los seis meses X montos...’ no sucede. Ahí hay un gran problema que es logístico, el movimiento de los libros”.

Importación

El otro movimiento que sucede en la industria es la importación. Emilia Franco de Siglo del Hombre, editorial y distribuidora de Bogotá, aclara que es “fundamental pensar primero si estamos hablando de distribuir libros en nuestra región, sin importar la procedencia del país, pues los problemas de circulación del libro en América Latina no son los mismos si estamos hablando de libros de origen español o latinoamericano. En Colombia por ejemplo, cerca del 80% de la oferta de los libros importados en español no proviene de América Latina sino de España. Eso nos debe llevar a preguntarnos por los motivos de esa tendencia que son múltiples”. Entre esos motivos, sostiene, está la “devaluación de las monedas en América Latina, lo cual aparentemente puede mejorar los precios para el exportador, pero empeorar los costos para los importadores, lo que al final deviene en PVP (precio de venta al público) no competitivos”, también la “falta de profesionalización del oficio de distribución en varios países de la región” y que hay “menores tirajes, comparados con los españoles y por tanto precios no tan competitivos”, entre tantos otros.

Feria del Libro de Lisboa, 2020 (Foto: Pedro Fiuza / Zuma Press)
Feria del Libro de Lisboa, 2020 (Foto: Pedro Fiuza / Zuma Press)

Comunicación

El último de los puntos que aquí referimos tiene que ver con algo mucho más básico: la comunicación. ”La distribución y venta dependen muchísimo de comunicar con claridad qué proyecto es cada libro, porque en el mundo del libro, cada título importa”, sostiene Costa y agrega que “esta industria llegó a un momento de hiper especialización, reflexividad y sutileza. Todo comunica: la tapa, las solapas, una breve entrevista, un conjunto de piezas para Instagram. Necesitamos transmitir con enorme nitidez qué quisimos decir con eso que publicamos y que sabemos que el lector necesita, desea o espera, porque le va a transformar algo importante de su experiencia. El desafío es cómo construir esos lazos de comunicación a distancia y sostenerlos”. En esa línea, Franco desliza una pregunta de fondo: “¿Falta de credibilidad en la calidad de la producción editorial latinoamericana por parte de libreros y distribuidores de la región?” Y agrega como consecuencia la “deficiente apropiación del mundo de la tecnología como aliado fundamental” y “la ilegalidad, la piratería, y el sálvese quien pueda”.

“¿Qué pasa cuando el libro llega al país que uno lo envía. Hay que lograr cierto movimiento en términos de comunicación”, dice López Winne que, junto a Malumian y otros editores, dirigen la distrbuidora Carbono. “Si uno manda a Uruguay una cantidad de libros, mínimamente hay que hacer una difusión, hay que hablar con los libreros de Uruguay, hay que comunicar. Ese es otro gran punto y casi indisoluble de los anteriores. Porque si me voy a relajar sabiendo que el libro ya llegó estoy frito. Cómo informar y qué contacto establecer con las librerías de cualquier otro país. No diría que es un problema, pero sí un tema que atender. Si pretendés distribuir en otros países tenés que hacer lo mismo que hacés acá en la Argentina o en el país que estés: conocer las librerías, hablar con la gente, hacer capacitaciones, entrar en contacto permanente con tu distribuidor de allá, qué libro tiene, qué stock, qué libro se puede promocionar, qué contenido podemos generar para apoyar la llegada del libro”, concluye.

* Para más información del curso, ingresar acá.


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