Entre recuerdos, miles de libros con anotaciones y la máquina de escribir con la que cimentó su obra, Guido y Luciana, los nietos de Ernesto Sabato, cuidan la casa de Santos Lugares en la que vivió durante seis décadas y reciben al público para compartir, en el marco de visitas guiadas, las anécdotas y el perfil más familiar del escritor.
Al cumplirse 110 años del nacimiento del autor de El túnel y Sobre héroes y tumbas y siete desde que su hogar reabrió como museo, aquella casa sencilla en la ex calle Saverio Langeri 3135 -ahora lleva el nombre Ernesto Sabato- se convirtió en resguardo de su obra y trayectoria pero también en un punto de encuentro cultural en el que se organizan charlas, recitales y espectáculos que solo pudo apagar (de momento) la pandemia.
Sabato vivió allí junto Matilde, la mujer que lo acompañó desde los 17 y con quien compartió casi seis décadas en pareja. Se instalaron en los años 40 buscando un hogar donde Ernesto pudiera dedicar tiempo completo a la escritura y dejar su trabajo como docente e investigador de física. Tal como se lo había propuesto, en esa casa Sabato escribió casi toda su obra.

Y en ese hogar se criaron sus hijos Mario y Jorge y jugaron sus seis nietos. La casa también recibió la visita del brasileño Jorge Amado, del pintor Antonio Berni, del pensador Arturo Jauretche y hasta del rey Juan Carlos de España, un declarado admirador de sus libros. Allí el escritor que vivió hasta los 99 años atravesó su enfermedad hasta el último de sus días, el 30 de abril de 2011.
La casa de Santos Lugares fue construida en 1927 por el cineasta Fernando Valle y en 1945, cuando se instaló la familia Sabato, Valle conservó para sí durante algunos años el sótano.
“Cuando terminé el colegio, me anoté en arquitectura. En mi casa, como yo era la mayor de cuatro, no había mucho lugar para desplegar maquetas ni para quedarse estudiando de madrugada. Entonces me mudé a lo de mi abuelo. Ahí sí me sentía muy cómoda”, cuenta Luciana Sabato, la nieta mayor del escritor. Fue durante aquellos años que, por primera vez, ella se enteró de la voluntad del “Tata”, como llamaban al escritor. “Él me dejaba cartas, le gustaba dejar todo por escrito. Desde la lista del súper a las cosas importantes. En una de esas cartas, me contó que quería que, tras su muerte, la casa se convirtiera en un museo para la comunidad”, recuerda.

En 2014, gracias al proyecto del cineasta (ya retirado) Mario Sabato y tras una refacción a cargo de Luciana -que fue muy importante porque parte de la casa estaba a punto de derrumbarse- se abrió al público. Lejos de ser un mausoleo, es un espacio vivo que propone un encuentro casi íntimo con el escritor: allí están su biblioteca, los espacios en los que escribía, los sillones o el jardín con árboles añosos por el que caminaba.
Un documental de Mario en el que se pueden ver imágenes cotidianas del escritor habitando la casa sirve para recibir al visitante en cada ambiente. Pero son los nietos, con distintas improntas, los encargados de guiar por los distintos espacios. Luciana trabaja como docente en la Universidad de Buenos Aires y en el Centro Universitario de Vicente López, pero los sábados, se convierte en la guía de museo de quienes llegan para conocer algo de la vida íntima del intelectual.
“Con los años, siento el peso y las obligaciones que implica mantener el museo. Pero el cariño que la gente tiene hacia mi abuelo y a su obra dan fuerza para seguir”, cuenta ella sobre las dos visitas de los sábados, a las 15 y a las 16:30. “En cada espacio de la casa hay un relato de tinte familiar. Cambié varias veces el guión de acuerdo a mi humor o a la recepción que fui teniendo, pero trato de conservar esa línea”, confiesa.

La segunda visita está a cargo de Guido, su hermano, es músico -toca la guitarra y canta tango, jazz y bossa nova- y también se ocupa de programar actividades artísticas. “Nos visitaron desde Adriana Varela hasta Catupecu Machu. Ahora con la pandemia es complicado organizar grandes eventos pero volverá a ser pronto un lugar de reunión”, asegura. Las visitas de Guido, a diferencia de las de su hermana, giran alrededor de la biografía del escritor iluminada por cuestiones históricas. “Ernesto vivió casi todo el siglo XX. Su vida, de alguna forma, da cuenta de una época y me interesa hablar de su vida, de la ciencia, de su rol en la Conadep a la luz de lo que sucedía en cada momento”, cuenta Guido.
Como su hermana, también él vivió unos años junto al escritor aunque recuerda que el vínculo era distinto: “Siempre me pareció que nosotros teníamos personalidades parecidas y eso, en algún punto, nos hacía chocar. Nuestra relación era más intelectual, de la cabeza. Mientras que con Luciana creo que tenía algo más afectivo”.
En cada recorrido, Guido apuesta a “reivindicar la figura de un tipo que fue un librepensador y que siempre apostó a ser activo y a dejar una marca de excelencia”. En cuanto a su obra, destaca la trilogía de novelas El túnel, Sobre héroes y tumbas y Abaddón el exterminador y Hombres y engranajes, “un texto que a mitad del siglo XX supo dar cuenta de la realidad que vivimos hoy”.
En marzo de este año el museo reabrió tras la pandemia. Ahora, para poder visitarlo se requiere acordar la visita para no exceder el cupo permitido por protocolo: por mail casadesabato@gmail.com o por whatsapp +54 11 6167-7626.
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