Mario Sabato (Martín Rosenzveig)
Mario Sabato (Martín Rosenzveig)

Con 15 películas en su haber, Mario Sabato es un reconocido director de cine argentino. Entre sus obras se destacan El poder de las tinieblas (1981), adaptación de Informe sobre ciegos, uno de los capítulos de Sobre héroes y tumbas, clásico de la literatura argentina escrito por su padre, Ernesto Sabato, a quien también homenajeó en el documental Ernesto Sabato, mi padre, en el que reunió antiguas filmaciones familiares, muchas de ellas inéditas.

El cineasta acaba de publicar La Imposible Melancolía (Walhuter Editores), un libro de memorias, en las que relata algunas "experiencias de vida seleccionadas", desde remembranzas de los juegos de su infancia en Santos Lugares, con escenas de la vida familiar hasta diferentes experiencias de su carrera cinematográfica.

La génesis de la publicación fue "inusitada", explica Sabato a Infobae Cultura: "Comencé a escribirlo en mi página de Facebook, mientras mis hijos, que saben más de estas cosas, me decían que era una aventura suicida, que las redes están pobladas de canallas, que son una cloaca. Yo les dije, 'los canallas no son de leer libros' y en todo este tiempo solo hubo dos, entre 15 mil comentarios, con mala fe".

“La Imposible Melancolia” (Walhuter Editores), de Mario Sabato
“La Imposible Melancolia” (Walhuter Editores), de Mario Sabato

Para el autor ese feedback inmediato le dio la pauta de ir un poco más allá y convertir aquellos posteos en un libro físico: "Cuando se exhibían mis películas yo acechaba en las salas para ver las reacciones del público, llegué a seguir a gente para escuchar sus comentarios. Hoy, con las redes la respuesta es inmediata y eso es maravilloso. De esos borradores fue surgiendo un libro porque, como soy de la época en que se leía, quería tener el libro impreso".

"Son experiencias de vida seleccionadas, excepto 3 ó 4 cuentos, son las experiencias más lindas que tuve, no es que no tuve malas, las tuve muchas y muy horribles, pero llegué a esta edad con alguna serenidad por algunos principios. Uno es que puedo olvidarme inmediatamente de alguien que me haya agredido. Odio el resentimiento, a los que odian, a los gritones. Y mucha gente siente necesidad de lo mismo, a ellos va dirigidos el libro", agrega Sabato.

En el libro hay una gran presencia de su madre, Matilde, es quien marca un poco los ritmos de su infancia.

Mi madre fue fundamental en mi vida, mucho más que mi padre. Las enseñanzas de ella son las mejores que tengo. Mi padre me enseñó cosas simbólicas, genéricas, ella era la experiencia y la enseñanza de las cosas pequeñas, pero las más importante: la caridad, la solidaridad, el amor por la gente, por los animales. Mi padre me enseñaba la rectitud, los grandes valores. Mi madre fue un personaje muy especial, era una madre judía muy judía, que se convirtió al catolicismo. Ella sufría por humanidad, pero más por lo que estaban más cerca.

Ernesto Sabato junto a su mujer, Matilde Richter
Ernesto Sabato junto a su mujer, Matilde Richter

Usted cuenta una anécdota que revela un poco cómo era la relación con su padre en aquellos primeros años, cuando pide para Reyes Magos un rifle de aire comprimido.

-Sí. Yo quería un rifle a aire comprimido y mi madre se oponía absolutamente a cualquier tipo de arma. Y mi padre tuvo un curioso apoyo y lo que yo vi luego, que me enseñaba a utilizarlo una y otra vez sin que pudiera yo tocarlo, es que lo quería para él, no me lo dejaba usar. Mi padre era como todos los padres de esa época: tenían muy poca relación con los hijos hasta la adolescencia, enseñaban las cosas fuertes, precisas, normativas.

-¿Cuándo comenzó a formar un vínculo más estrecho con Ernesto?

-Él empezó a hablar con mi hermano mayor (Jorge Federico) y conmigo cuando teníamos cosas que decirle, cuando nuestras opiniones le importaban. Todas las decisiones importantes las terminaba consultando con nosotros; como que se invirtieron los roles y hacía lo que le decíamos, nos oía.

Interior de la casa de Santos Lugares, hoy Casa Museo Ernesto Sabato
Interior de la casa de Santos Lugares, hoy Casa Museo Ernesto Sabato

Esa casa de su infancia, en Santos Lugares, era un lugar especial aún antes de la llegada de su familia y tuvo, escribe usted, cierta incidencia en lo que fue luego su profesión como cineasta, sobre todo por el 'Estudio', que era una gran construcción de paredes y techo de vidrio.

-Desde niño siempre me llamaron la atención esas paredes de vidrio, de las que algunas estaban pintadas. Cuando empecé a pensar en imágenes, a soñar con el cine, me imaginé que eso que llamábamos 'Estudio' había sido utlizado para hacer cine, como las habitaciones primitivas que se armaban así para aprovechar toda la luz posible. Luego abandoné la idea, me parecía una fantasía muy linda. Hasta que Domingo Di Núbila, un historiador de cine, estaba haciendo una biografía sobre Federico Valle, que era el dueño de la propiedad y vivía atrás, y me confirmó que efectivamente había sido un estudio, que se usó para pocas películas. Valle, que fue uno de los primeros directores del país, influenció mucho en mi vida sin quererlo, fue como un abuelo, por cercanía y carácter, pero nunca se lo dije.

En uno de los relatos, llamado Fantasmas y otras alucinaciones, revela la relación que tenían sus padres con el espiritismo, ¿cómo fue crecer con espíritus en el sótano?

– La casa de Santos Lugares era un imán para locos. Locos formales, como escritores, poetas, pintores, folcloristas, pero también curanderos, milagreros. A mis padres siempre les fascinó eso, y usaban el sótano para convocar a fantasmas y aparecidos, a los muertos. Mi hermano se daba cuenta ya que eran farsantes, incluso yo, que era más pequeño, también lo notaba. La mayor parte eran estafadores que abusaban de la buena fe de mis padres; ellos decían 'pero si no nos cobran nada', pero siempre 'por agradecimiento' se les hacía alguna cartita, que era lo que los tipos querían, un aval firmado por el escritor. Pero ninguno jamás llegó a contactar a nadie.

Mario Sabato dirigió 15 películas (Martín Rosenzveig)
Mario Sabato dirigió 15 películas (Martín Rosenzveig)

En otro momento del libro se revela una desconfianza por la ciencia. Si uno lo piensa a priori, no es lo que se pensaría, por ejemplo, de alguien con un doctorado en Ciencias Físicas y Matemáticas, como su padre.

Casi nadie es lo que parece. Donde escarbás en cualquier familia, toda esa apariencia no resiste una mirada muy honda. Las contradicciones forman parte indisoluble del hecho de ser humano. Mi madre siempre fue muy espiritual y mi padre desconfiaba de los científicos y con razón. Los científicos tienen una visión muy ambiciosa y enana al mismo tiempo de lo que es la vida. Los neurocientíficos, que están tan de moda, en lo evidente tienen razón, en lo profundo son tremendamente ignorantes. Esa persona que determina 'esto es así porque es lo que está probado' tiene una visión miope y absolutista de la realidad. El cuidado infinito que debemos tener sobre lo que no entendemos es el punto al que el científico llega y no progresa.

Para dejar en claro su postura, Mario recuerda una historia familiar, que no aparece en el libro: "Mis padres tenían algunas costumbres y manías risibles, algunas de las cuales con el tiempo dejaron de serlo. Cuando yo tenía 8 años, el médico de la familia dijo que me tenían que operar de las amígdalas y mi padre dijo 'de ninguna manera, si están ahí es por algo'. No me operaron, luego hubo una epidemia de polio y una de las razones, se supo después, era la extirpación sistemática de eso que se creía que no tenía ninguna función. Todo lo que nos rodea, todo lo que somos, es infinitamente más complejo de lo que pueda abarcar un científico".

(Martín Rosenzveig)
(Martín Rosenzveig)

Hace unos meses, Infobae Cultura publicó la nota "¿Quién es el 'número dos' de la literatura argentina?", en la que opinaron varios autores y que asume a Borges como el primer autor nacional. Una de las ausencias más llamativas fue la de su padre y luego hubo una columna de Pacho O'Donnell en la que explicaba por qué la expulsión de Sabato del canon argentino es injusta. ¿A qué cree que se debió el olvido?

-La respuesta está en el sector que eligieron para preguntar. Los académicos, los escritores, están llenos de enanos y los enanos odian a los gigantes. No es el único escritor que fue ninguneado por la diplomacia de las letras. A mi me divierte muchísimo la SADE, siempre está de presidente alguien que uno jamás ha leído. ¿Cómo puede haber un sindicato de escritores cuando hay pocas cosas tan individuales como la literatura? En el cine tenés 40 personas rodeándote, en la literatura estás solo. Si tenés talento te basta con una birome y un cuaderno para hacer una obra genial.

-¿Por qué cree eso de los académicos y escritores?

Hubo mucha envidia por parte de algunas personas, muchas de las cuales ya están olvidados, que no soportaron el afecto de la gente por mi padre, no soportaron que ellos apenas vendían y mi padre vendía muchísimo. Eso es solo una parte. Cuando lo enterramos, en el velorio, fueron muy pocos escritores y fueron multitudes de personas. Horas de colas de gente para despedirse. A mi me gustaría saber si cualquiera de estos que lo han denostado, que han ninguneado la obra de mi padre, si va a ir a verlos alguien más allá de la familia. Igual, no es el único que fue olvidado.

Ernesto Sabato y Jorge Luis Borges
Ernesto Sabato y Jorge Luis Borges

¿Qué otros autores creen que fueron olvidados?

-La Argentina es especial en esto de ningunear. Yo no estoy de acuerdo con esos rankings, pero no importa. Admiro a Borges absolutamente. Un escritor espléndido y un personaje mezquino. Cuando hablo de literatura pienso en novelas, aunque respeto muchísimo a los poetas y a los cuentistas. En un momento existía un tridente, Borges, Sábato y Bioy, que después se convirtió en cuarteto, con Cortázar. Sin embargo, la ausencia de mi padre no fue la única. Jamás se incluyó a Marechal que, a mi gusto, discutible como todo, es uno de los escritores más importantes que dio la Argentina y muchísimo más seductor que Bioy Casares. ¿Quién determina esas cosas? También se olvidaron de Mujica Láinez.

El 19 de mayo de 1976, unos pocos meses después del golpe de estado cívico-militar, se celebró un almuerzo en la Casa Rosada, del que participaron el dictador Jorge Rafael Videla, el general y secretario de la Presidencia, José Villarreal, el sacerdote Leonardo Castellani y los escritores Jorge Luis Borges, Horacio Esteban Ratti y Ernesto Sabato.

Ernesto Sábato y Jorge Luis Borges posan junto a Rafael Videla
Ernesto Sábato y Jorge Luis Borges posan junto a Rafael Videla

Mucho se ha escrito y opinado sobre aquel encuentro, ¿cree que hizo mella en la imagen de su padre aún habiendo él participado de la CONADEP en la publicación del Nunca más?

Hubo muchos que tomaron esa reunión para repetirlo hasta el hartazgo, descontextualizarlo. Es una herencia que tenemos de los italianos, de los españoles y de los franceses. Después de la muerte de Mussolini todos los italianos habían sido partigiani; tras la caída de Pétain, todos los franceses habían estado en la resistencia, los españoles tardaron un poco más, 40 años, pero bueno, nadie admite claramente haber sido franquista. Lo mismo nos pasó a nosotros, es el espejo en el que no nos queremos mirar. Hubo un apoyo de muchísima gente a la barbarie que se iniciaba, hubo muchísimas obleas de 'Los argentinos somos derechos y humanos', a algunos les costó despegarlas y lo hicieron recién en democracia. Hubo y hay toda una idea de que el pueblo acompañó la insuficiente tarea de Alfonsín y que los partidos políticos también, lo que es mentira. La mayor parte de los partidos políticos, empezando por el principal, se opusieron a la investigación de la CONADEP y a que se derogase la ley de amnistía. Varios de los organismos de derechos humanos se negaron a participar de las investigaciones y muchísima gente se incomodaba con esto. Era el 'algo habrán hecho', 'por qué no tapamos el pasado'. Recordamos la historia así en general y me parece que estamos condenados a repetirla, siempre. Hubo un conjunto de difamadores profesionales que se ocuparon de martillar sobre eso.

Comentó al principio que su padre le enseñó acerca de "los grandes valores", ¿qué es lo que más admiró de su personalidad?

-Su compromiso humano, con sus contradicciones, fallas y potencias. Mi padre vivió la mitad de la historia argentina e intervino decididamente en ¾ partes de la mitad. El nunca negoció su verdad, lo que él pensaba, por incómodo que pareciese, por peligroso que fuera. En internet se encuentra una entrevista que se llama "reportaje a fondo" donde él dice cosas en un momento muy complicado, mientras varios de los que criticaban lo hacían desde el exilio.

¿Por qué él nunca se exilió?

-Me acuerdo a fines del 76, las amenazas ya eran continuas, la cosa estaba muy dura para nosotros. Unos amigos trataban de convencerlo para que fuera a Italia, lo consultó con nosotros y tanto mi hermano como yo lo dijimos 'mirá vos no te debés ir, podés irte, pero no debés porque hay muchos argentinos que quieren irse y no pueden' y no nos fuimos. Esa cosa de ser un símbolo, con todo el riesgo, de lo que valía la pena defender, eso es lo que más admiré de mi padre. Y creo que no fui el único.

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