
Así como el surgimiento de los autos eléctricos dejó en evidencia una insuficiente capacidad de responder con energía proveniente de fuentes renovables como para responder a la demanda, hay muchos otros temas que empezaron a ser preocupación con el advenimiento de los autos modernos y conectados.
Los eléctricos son silenciosos y por lo tanto contribuyen también a reducir la contaminación auditiva en las ciudades, pero esa menor rumorosidad ha motivado que ahora se escuchen mejor todos los ruidos mecánicos de un automóvil, que van desde la suspensión hasta el propio dibujo de los neumáticos al rodar sobre el asfalto. Entonces han empezado a rediseñar esos otros elementos también, y así la cadena se va extendiendo a medida que se descubren nuevos problemas.
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La seguridad es uno de ellos, pero no la seguridad activa de los ocupantes de un auto a batería, sino la de las personas que comparten la vía pública con ellos, como peatones o ciclistas, por ejemplo. No escuchar que un auto se acerca es motivo de numerosos accidentes viales, muy comunes en aquellas personas que van escuchando música con auriculares a un volumen suficientemente alto como para no percibir un vehículo que se acerca.

Conscientes de ese peligro que implica un auto que no hace ruido, se ha establecido que los autos eléctricos deben tener un sonido artificial que permita que se los escuche cuando circulan en las calles de una ciudad. Lo que no está reglamentado es qué tipo de sonido deben tener, porque sería antinatural fabricar una banda sonora que reproduzca el audio de un auto con motor de combustión interna, ya que sería muy complejo de lograr de modo que parezca acorde a la dinámica del vehículo.
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Lo que se ha tomado como una base normal, es que el sonido sea constante, sin variaciones que tengan relación con la velocidad o con la condición de estar acelerando o frenando. Así, a medida que se van viendo distintos modelos, se puede ir encontrando ese sonido particular que cada marca diseñó para diferenciarlos.
Hay sonidos agradables, suaves y poco invasivos, pero hay otros que incluso resultan demasiado audibles para los pasajeros del mismo auto que los genera. También se empieza a notar una diferenciación en el sonido según se trata del tamaño del vehículo. Los autos compactos o medianos tienen un tono menos llamativo que las grandes camionetas o los autos deportivos.
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Pero aun así, el murmullo de las ciudades parece no alcanzar para hacer audibles a los vehículos a batería, entonces, aprovechando que la mayoría de los vehículos que desarrollan la conducción autónoma son también propulsados por motores eléctricos, investigadores de ingeniería de la Universidad de Tokio, han decidido poner a prueba una idea muy ocurrente, y que tiene que ver con la atención al tránsito que suelen poner los peatones, y su influencia en los accidentes con automóviles.
La premisa era comprobar si colocando ojos en los vehículos autónomos se podían reducir los accidentes.
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La razón por la que buscaron hacer ese experimento era que en autos normales es posible percibir si el conductor está prestando atención a los peatones, pero en uno autónomo eso jamás ocurrirá ya sea porque el auto se conduce solo o porque aún con una persona sentada en el puesto de conducción, ésta puede estar distraída entendiendo que el automóvil detectará los posibles obstáculos y frenará automáticamente.
Así fue como esos investigadores japoneses, desarrollaron un sistema por el cual se pudieron montar dos grandes ojos en el frente de un vehículo, en el lugar que habitualmente se alojan las luces delanteras y se comenzaron los ensayos con Realidad Virtual, de modo de reproducir situaciones sin asumir riesgos innecesarios.
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El estudio se hizo con 18 personas, combinando hombres y mujeres por partes iguales. Se diseñaron dos escenarios posibles, y en ambos se reprodujo la misma situación, una vez con un auto equipado con los ojos y una vez con un auto convencional. En uno de los escenarios, el auto miraría al peatón que estaba al costado de la calle en posición de cruzar, y en el otro, los ojos estarían mirando para la vereda contraria, como detectando a otra persona en el lado opuesto de la calle.

Lo que se buscaba era simular la situación en la que el peatón tuviera la sensación de haber sido detectado o no por la inteligencia artificial del automóvil.
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El resultado no pudo ser más elocuente. Cuando el auto se acercaba mirando a los peatones, estos cruzaron la calle sin dudar, mientras que, aun sabiendo que el vehículo tenía el sistema de detección de peatones, cuando la prueba se hizo con los ojos mirando a otra dirección, el porcentaje disminuyó considerablemente, en particular en el caso de las mujeres, que decidieron no cruzar hasta que el auto no se hubiera detenido.
El estudio lo que hizo fue confirmar que la tecnología requiere de alguna cualidad que le permita interactuar con personas. En un mundo ideal de autos completamente autónomos, en el que todos los peatones tengan la certeza de la capacidad de los autos de detectarlos, quizás el factor confianza no cuente tanto. Pero en un escenario híbrido como el actual, la búsqueda del peatón es la mirada del automovilista o al menos la certeza de haber sido visto antes de cruzar.
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Hay una situación que siempre se pone como ejemplo como la más exigente prueba para el frenado autónomo de emergencia en los autos con sistemas ADAS. Es la situación en la que un peatón aparece repentinamente delante del vehículo en un entorno en el que hay otros obstáculos fijos y móviles alrededor, como autos estacionados, autos en movimiento, ciclistas o motociclistas y peatones caminando en la misma dirección que el auto, es decir por la vereda.
Los autos con los mejores equipos de sensores, radares y cámaras, esa prueba la superan como parte de su validación previa a salir a la comercialización en el mercado. Pero hay situaciones accidentales, como podría ser un ciclista que circula en el mismo sentido que el auto, apenas unos metros adelante y pierde el equilibrio por una causa externa como la de un automovilista que abre la puerta estacionado y lo sorprende, generando que caiga delante del auto que viene detrás suyo en la calle. Cuánta velocidad de reacción tenga el sistema de frenado autónomo frente a la que sería una igual reacción de un conductor humano atento es algo que probablemente no se pueda igualar.
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Los accidentes se podrán reducir cada vez con mayor efectividad con el desarrollo de la tecnología que equipa a los automóviles, pero son accidentes y no siempre se podrán evitar.
“Pasar de la conducción manual a la conducción automática es un gran cambio. Si los ojos realmente pueden contribuir a la seguridad y reducir los accidentes de tránsito, deberíamos considerar seriamente agregarlos. En el futuro, nos gustaría desarrollar el control automático de los ojos robóticos conectados a la IA autónoma”, dijo el Profesor Takeo Igarashi de la Escuela de Graduados en Ciencias y Tecnología de la Información.
“Espero que esta investigación aliente a otros grupos a probar ideas similares, cualquier cosa que facilite una mejor interacción entre los automóviles autónomos y los peatones, lo que finalmente salva la vida de las personas”, finalizó.
Lo interesante de este estudio de la Universidad de Tokio, es que cuando las personas se sintieron seguras por percibir que habían sido vistos, cruzaron la calle con seguridad y sin apuro como quienes decidieron cruzar aun cuando no sabían si el auto los vería y se detendría.
“No hay suficiente investigación sobre la interacción entre los vehículos autónomos y las personas que los rodean, como los peatones. Por lo tanto, necesitamos más investigación y esfuerzo en dicha interacción para brindar seguridad y garantía a la sociedad con respecto a los automóviles autónomos”, concluyó el profesor.
Y de eso se trata, de encontrar el punto de equilibrio en el que la tecnología y las personas puedan lograr una mejora en la vida por complementarse.
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