
Tener espalda permite afrontar compromisos o momentos críticos con mucha más facilidad, de eso no hay dudas. Las pérdidas económicas siempre son eso, un déficit de un negocio que debería funcionar pero por alguna razón o varias, no lo logra. Y si las pérdidas son sostenidas, quién tiene ese respaldo puede decidir continuar asumiendo ese costo, o cambiar algo momentáneamente. Quién no lo tiene, probablemente se enfrente a una quiebra o a la finalización del proyecto.
Con la irrupción de los autos eléctricos, que por su tecnología requieren menores estructuras edilicias, de personal y plantas de ensamblado de motores y transmisiones, por ejemplo, numerosas empresas jóvenes, conocidas como startups, se han aventurado al mundo del automóvil siguiendo el mismo sueño que tuvo Elon Musk al crear Tesla. A muchos les ha ido bien hasta ahora, y otros tantos todavía se encuentran en esa fase de iniciación en la que requieren inversores que confíen en sus promesas o prototipos para poder empezar a producir.
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Hay quienes consiguieron dar un buen golpe al conseguir apoyos muy grandes, como es el caso de Rivian. Su fundador, R.J. Scaringe sedujo nada menos que a Jeff Bezos, Mr. Amazon, no solo vendiéndole una flota completa de furgones de reparto eléctricos, sino que lo sumó como socio para la producción de la pickup Rivian R1T, la primera camioneta eléctrica del mercado. Sin embargo, aun así, actualmente se enfrenta a serios problemas financieros porque la falta de suministros impide terminar y entregar unidades a los propietarios. Por esa causa, en el último trimestre, la marca produjo 2.553 unidades, y sin embargo solo pudo entregar 1.227 terminadas.
Es aquí donde tomar distancia y ver las cosas en perspectiva, permite comprobar cuál es el fuerte de las grandes marcas frente a las nuevas que intentan sacar la cabeza en la multitud. Mientras las cosas fueron bien, incluso ya en plena pandemia del Covid-19, nacieron muchos modelos y compañías, pero ahora que la vida de la industria se empezó a normalizar, la diferencia entre quienes estan en condiciones de afrontar las consecuencias que todavía perduran de falta de componentes y los que no, puede significar el final para muchos.
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Elon Musk es quién ha permitido tomar una referencia más aproximada del momento que se vive en el mundo automotriz. Recientemente, el empresario nacido en Pretoria, Sudáfrica, ha confesado que “tanto las fábricas de Berlín como las de Austin, son hornos gigantescos de quemar dinero en este momento. Realmente es como un rugido gigante, que es el sonido del dinero ardiendo”, le dijo a Reuters.
Hay dos razones de logística y producción. El retraso acumulado en los puertos de China y la falta de baterías por escases de materia prima. Según los reportes, la planta de Tesla en Texas está fabricando considerablemente menos de su potencial y proyección debido a la falta de las nuevas baterías 4680 producidas por Panasonic para autos eléctricos, pero a su vez, está sufriendo el retraso de los embarques con herramientas para seguir ensamblando los vehículos con las baterías de la anterior generación, las conocidas como 2170.
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La planta de Berlin no trabaja con baterías 4680, por lo que su producción está ralentizada, pero tiene más posibilidades de recuperarse en pocos meses, una vez que los confinamientos que todavía retrasan la producción de China empiecen a levantarse.
“Como sabe cualquiera que haya intentado pedir un Tesla, la demanda de nuestros automóviles es extremadamente alta y la lista de espera es larga”, dijo Musk durante su alocución en el Foro económico de Qatar. “Eso no es intencional y estamos aumentando la capacidad de producción tan rápido como sea humanamente posible”, completó.
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Musk puede asumir el momento como pocos fabricantes en el mundo. Solo las grandes compañías automotrices pueden suspender eventuales producciones o incluso abandonar países como ha ocurrido con las operaciones de Renault en Rusia. Pero las previsiones más optimistas aseguran que los problemas de suministro y flete no mejorarán hasta ya entrado 2023. Entonces es probable que algunas marcas no consigan resistir.
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