
El último accidente aéreo en la Ruta de la Muerte, como se llamaba a un tramo que antecedía al antiguo aeropuerto de Quito, sucedió la tarde del 19 de marzo de 2009. Fue uno de los más trágicos en la historia de la ciudad. En el tranquilo y exclusivo barrio de González Suárez, ubicado en el norte de la urbe, la vida cotidiana se vio interrumpida por un accidente similar a los ocurridos el 10 y 22 de diciembre de 1992.
Según los informes publicados en el 2009 por RTVE, El Nuevo Herald y EFE, fue alrededor de las 17:30 (hora de Ecuador) cuando la tragedia se desencadenó. Un avión militar, identificado como un Beechcraft de matrícula AEE-101, se aproximaba al antiguo aeropuerto de Quito, ubicado en el centro de la ciudad. Sin embargo, una densa neblina cubría la zona, dificultando la visibilidad y creando condiciones adversas para el aterrizaje.
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Como sucede en las tragedias, el destino intervino en ese momento fatídico. El avión, que transportaba a tres tripulantes militares y a dos civiles, entre ellos la esposa e hijo del piloto, perdió el control y se estrelló contra un edificio residencial de cuatro pisos conocido como Linda Vista. La colisión fue seguida por un estallido de llamas que devoraron el inmueble, sembrando el pánico entre los residentes y transeúntes cercanos.

La magnitud del siniestro se hizo evidente a medida que pasaban los minutos. Los equipos de emergencia, incluida la Cruz Roja ecuatoriana, se movilizaron rápidamente hacia el lugar del accidente para brindar asistencia médica y apoyo emocional a las víctimas y sus familias, según recogieron los medios locales. La escena era caótica, con heridos siendo atendidos en el lugar y otros trasladados de urgencia a centros médicos cercanos.
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Las horas posteriores al choque estuvieron marcadas por la confusión y la incertidumbre. Las autoridades locales y nacionales se apresuraron a iniciar investigaciones para determinar las causas del accidente y prevenir futuras tragedias. La Junta Investigadora de Accidentes (JIA) del Ejército tomó el liderazgo en la investigación, mientras que la Fiscalía abrió una indagación dirigida por el fiscal Henry Estrada, de la Unidad de Delitos Contra la Vida, según informó El Comercio.
Las primeras informaciones provenientes de RTVE confirmaron que el accidente resultó en la pérdida de siete vidas, incluidos los tres tripulantes del avión militar y cuatro civiles. Entre las víctimas se encontraban el piloto, mayor Julio Zaldumbide, la esposa de este, Claudia Uscocovich y su hijo Julio Andrés; el copiloto, subteniente Jorge Zurita; el mecánico Mario Figueroa. El impacto no se limitó a los ocupantes del avión. Dos personas que residían en el edificio, incluida una mujer identificada como Elena Reascos, perdieron la vida en el accidente.
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El accidente de la avioneta militar revivió el debate sobre la seguridad aérea en Quito, especialmente considerando su ubicación geográfica y las condiciones climáticas adversas que a menudo enfrenta la ciudad. El barrio de González Suárez, donde ocurrió el accidente, era conocido como “la ruta de la muerte” por los anteriores incidentes aéreos en la zona.
Infobae conversó con uno de los damnificados de la tragedia del 2009. Esta persona, que prefirió mantener su nombre en reserva, contó que, por suerte, no se encontraba en su departamento, tampoco su familia estaba allí, en el momento de la colisión. Esta persona, como otras, perdió todo y fue indemnizada por el Estado, pero firmó un acuerdo de confidencialidad que le impide revelar cuál fue el monto que recibió. No obstante cuenta que luego de quedarse “tan solo con la ropa del día”, la indemnización estatal le permitió costearse un nuevo departamento con todos los enceres y logró también adquirir una segunda propiedad.
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Los accidentes que obligaron a reubicar el aeropuerto
Según el Equipo de seguridad operacional de pista (RST) de Quito, desde 1949 hasta el 2012, se registraron 19 accidentes aéreos en la ciudad: 9 fueron salidas de pista y 10 ocurrieron en las cercanías del aeropuerto.

Uno de esos fue el trágico accidente del avión de Cubana de Aviación. Esta, considerada la mayor tragedia aérea del Ecuador sucedió porque un avión no despegó. Lo que prometía ser un viaje seguro a La Habana, Cuba, se convirtió en una experiencia dolorosa para quienes abordaron el vuelo 389. El 29 de agosto de 1998, cerca del mediodía, el avión Túpolev Tu-154M, fabricado en la antigua Unión Soviética, se preparaba para despegar del antiguo aeropuerto Mariscal Sucre de Quito, que en esa época se encontraba en el centro norte de la ciudad. En el vuelo viajaban 91 personas. El plan de viaje indicaba que partirían de Quito hacia Guayaquil y luego a La Habana. El primer tramo apenas tomaría alrededor de 40 minutos.
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Al terminar el abordaje, los 77 pasajeros y los 14 miembros de la tripulación se disponían a abandonar la pista. Cuando los pilotos encendieron el avión se percataron de que los motores no respondían, había un bloqueo. Sin embargo, luego de la inspección, el vuelo 389 tuvo autorización para volar, eran las 12h50.
Doce minutos más tarde de recibir la autorización de vuelo, el avión estaba listo para despegar. En el Control de Tráfico Aéreo se escucha: “Vuelo 389, autorizado para despegar, pista 17, viento 160º a 8 nudos. Ascenso inicial a nivel 230″. Todo parecía marchar bien.
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Según recoge el divulgador aeronáutico Pedro Carvalho en su cuenta de Twitter, cuando el avión había alcanzado la velocidad de rotación y empezaba a elevar el morro (la nariz del avión), los pilotos no lograron que la aeronave ascienda. Al percatarse de lo que sucedía el capitán al mando decide abortar el despegue, se activaron las reversas y aplicaron los frenos. Sin embargo, quedaban solo 800 metros de pista.
Con el frenazo a raya, la tragedia había comenzado. El avión se rompió. Apenas había pasado un minuto desde que empezó el despegue cuando el vuelo 389 atravesó la cerca del aeropuerto, cruzó la avenida y chocó con dos casas y un taller mecánico a más de 200 km/h. La aeronave en llamas se detuvo en medio de un campo de fútbol, donde jugaban varios niños.
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La tragedia aérea del vuelo 389 le cobró la vida a 70 de las 91 personas que abordaron el avión, incluidos los 14 miembros de la tripulación. Otras 10 personas que estaban en tierra también murieron y cerca de 40 resultaron heridas.
Con esos antecedentes, la construcción de un nuevo aeropuerto en Tababela, a las afueras de la ciudad, se convirtió en una prioridad para las autoridades municipales y nacionales como una medida para mitigar estos riesgos. Este nuevo aeropuerto, inaugurado en 2013, se ubica a 32 kilómetros del centro financiero y burocrático de Quito, y se volvió en una alternativa más segura y eficiente para las operaciones aéreas.
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