Hasta no hace mucho tiempo, para los argentinos el dengue figuraba en la lista de enfermedades raras y distantes. Era como esas afecciones que, como el zika o la malaria, se conocían por las novelas de García Márquez o Uslar Pietri.

Aunque esto era cierto hace unas décadas, el problema es que lo que mantenía alejadas las posibilidades de ingreso de estas dolencias era el clima. Y hoy todos sabemos que el clima ha cambiado. Una vez que comenzaron a verse en nuestro país los efectos del calentamiento global algunas cosas dejaron de resultarnos lejanas.

En el verano de 2018 se detectaron en Argentina más de 76 mil casos de dengue y se produjeron 11 muertes
El mosquito que transmite el dengue ingresó al país cuando el clima empezó a tropicalizarse
El mosquito que transmite el dengue ingresó al país cuando el clima empezó a tropicalizarse

La Argentina comenzó a tropicalizarse y el mosquito que trasmite el virus del dengue encontró aquí un lugar perfecto para crecer y vivir. Y para picarnos y contagiarnos, claro está.

Esa tropicalización facilitó la expansión del dengue hasta hacerlo epidemia: en el verano de 2018 se detectaron en Argentina más de 76 mil casos y se produjeron 11 muertes. Un daño superior en un 53% al de la epidemia que habíamos sufrido en 2009.

Lo único que sí permanece lejana es la esperanza de hallar una vacuna eficaz contra la enfermedad. Hasta que ésta no aparezca, la única solución al problema es la eliminación de quien lo trasmite: el mosquito Aedes Aegypti.

El mosquito actúa como vector, es decir, como transmisor del virus productor de la enfermedad. El insecto lo adquiere al picar a una persona enferma y cada vez que vuelva a hacerlo, estará transmitiendo la enfermedad y continuando la cadena de propagación.

El dengue es transmitido por el mosquito Aedes Aegypti. Sin vacunas ni medicamentos específicos la medida más importante que se impone es la prevención y esta consiste, básicamente, en eliminar todos los criaderos de estos insectos

Las hembras depositan sus huevos en las paredes de diferentes recipientes pequeños, artificiales y con paredes lisas. Cuando éstos tienen agua, los huevos eclosionan y allí nace el mosquito.

Sin vacunas ni medicamentos específicos la medida más importante que se impone es la prevención y esta consiste, básicamente, en eliminar todos los criaderos de mosquitos, es decir, todos los recipientes que contienen o pueden acumular agua, tanto en el interior de las casas como en sus alrededores.

Hay poner foco en la deschatarrización, en todas las estaciones del año
Hay poner foco en la deschatarrización, en todas las estaciones del año

Aunque gran parte de la sociedad ha tomado conciencia sobre esto existe una dificultad: generalmente la población decide actuar cuando ya los mosquitos sobrevuelan sus casas, es decir, tarde.

El desove se produce en invierno. Por eso es necesaria una campaña muy agresiva de descacharrización y de toma de conciencia cuando aún es posible prevenir el nacimiento de los mosquitos, es decir en los próximos meses de frío que aún quedan.

Ya serán necesarios, a partir de la primavera, mantener los ambientes libres de mosquitos utilizando espirales o tejidos mosquiteros en puertas y ventanas.

Pero este es el momento del año en que hay que convencer a la población de descacharrar toda casa, escuela o fábrica a la que se tenga acceso.

La crisis climática trajo una tropicalización que nadie esperaba y que cambió hasta la manera de nombrar algunas cosas: lo que antes era un simple recipiente con agua en el patio pasó a denominarse criadero de mosquitos y usina de enfermedades.

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