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¿Existe la depresión posparto en varones? El relato de un médico que la vivió sin saberlo

Christopher Choukalas describió en el podcast Good Inside cómo la llegada de sus mellizas desencadenó ataques de pánico, ira y una necesidad de control que tardó meses en reconocer como algo más que agotamiento

Hombre de mediana edad con gafas, chaqueta azul y camisa a cuadros, sentado en un sillón verde. Un micrófono negro con logo amarillo. Plantas y cuadro abstracto en fondo
El podcast de Good Inside abordó la depresión posparto masculina a partir del testimonio del médico Christopher Choukalas y la entrevista de Becky Kennedy (YouTube: Good Inside)
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En el podcast de Good Inside, la psicóloga Becky Kennedy conversó con el médico Christopher Choukalas sobre la depresión posparto en varones a partir de su propia experiencia como padre de mellizas durante los primeros meses de crianza.

El episodio presentó a Kennedy como entrevistadora y a Choukalas como invitado y protagonista de un relato centrado en la ansiedad, el control y el deterioro del vínculo familiar tras el nacimiento de sus hijas.

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El comienzo de la paternidad

Choukalas contó que la situación se había vuelto caótica a los seis meses del nacimiento de sus hijas, aunque el desborde había empezado antes. Relató que las niñas habían nacido en plena pandemia de COVID, cuando él trabajaba como médico de terapia intensiva en la Universidad de California y veía “cosas horribles” cada día. A ese cuadro se habían sumado los incendios forestales, mientras su esposa se recuperaba de una cesárea de urgencia y de una hemorragia que la había dejado cerca de la muerte.

Primer plano de un hombre sosteniendo a un bebé recién nacido envuelto en una manta clara. Se ve la cabeza del bebé, no su rostro. El hombre mira al bebé.
Christopher Choukalas relató que la paternidad de mellizas en plena pandemia de COVID coincidió con su trabajo en terapia intensiva y la recuperación crítica de su esposa tras una cesárea de urgencia (Imagen Ilustrativa Infobae)

El entrevistado recordó que en ese momento solo intentaba sostenerse y seguir adelante. “Nuestro trabajo es mantener el tren en movimiento”, dijo, en referencia a una forma de actuar marcada por la exigencia de funcionar aun en medio de la crisis.

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Durante esos días, se ocupaba de trasladar a las bebés entre la nursery y la unidad de cuidados intensivos, además de colaborar con la alimentación mientras su esposa seguía internada.

El conflicto antes y después del parto

La conversación mostró que las diferencias en la pareja no habían empezado con el nacimiento. Choukalas señaló que, tras cinco años de búsqueda de embarazo y un proceso de fertilización asistida, él quería controles, estudios y ecografías, mientras su esposa buscaba atravesar la gestación con menos intervención médica. Esa tensión, explicó, había anticipado discusiones posteriores sobre la crianza.

Hombre de mediana edad con gafas, chaqueta azul y camisa a cuadros, sentado en un sillón verde. Un micrófono negro con logo amarillo. Plantas y cuadro abstracto en fondo
Tras el nacimiento de sus hijas, Choukalas dijo que desarrolló una necesidad de control centrada en el sueño de las bebés y en la rutina diaria de la crianza (YouTube: Good Inside)

Después del alta, el conflicto se trasladó a la rutina diaria con las bebés. Choukalas admitió que había desarrollado una necesidad excesiva de controlar todo, sobre todo el sueño. Explicó que, si las niñas no dormían, sentía que no podía respirar.

Su esposa interpretaba esa actitud de otra manera: “Yo estaba sacándole hasta la última gota de alegría a la experiencia de ser padres”, dijo él al resumir cómo ella veía su conducta.

El sueño como eje del control

En el episodio, Kennedy le pidió ejemplos concretos de ese comportamiento. Choukalas respondió que todo quedaba subordinado al horario de descanso: la salida, la comida, el cambio de pañales y el regreso a casa. La lógica era rígida y encadenada. Si se alteraba una parte, el resto también quedaba amenazado.

Un hombre con barba y un bebé duermen abrazados en un sillón beige, cubiertos con una manta clara, con estanterías y una ventana al fondo.
El posible diagnóstico de depresión posparto masculina apareció cuando una amiga de su esposa sugirió revisar síntomas y ponerle un nombre a lo que ocurría (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esa organización, que a él le daba alivio momentáneo, generaba más tensión en la convivencia. Cuando su esposa decidía quedarse un rato más fuera de casa o extender una caminata, él reaccionaba mal.

“No, no, no, nos vamos a quedar más tiempo afuera. En realidad vamos a dar otra vuelta”, recordó sobre la postura de ella, mientras él entendía ese gesto como una ruptura del orden que necesitaba para tolerar la incertidumbre.

El diagnóstico que abrió una explicación

El giro se produjo cuando una amiga de su esposa sugirió que él podía estar atravesando una depresión posparto masculina. Choukalas relató que ella volvió de una salida con esa idea después de revisar síntomas en internet. Al llegar, le dijo: “Creo que sé qué te pasa”.

Primer plano de padre y niño de piel blanca y cabello castaño. En la cabeza del padre se superpone un cerebro digital con la amígdala activada, brillando en rojo.
Choukalas enumeró ataques de pánico, ira, irritabilidad, dificultad para conectar con sus hijas, consumo de alcohol y cigarrillos, y conductas de riesgo como parte de su malestar (Imagen Ilustrativa Infobae)

La reacción inicial fue de rechazo. Él pensó: “¿Por qué ahora tiene que haber algo mal conmigo?”. También se preguntó por qué no podía ser simplemente una etapa terrible. Con el tiempo, la posibilidad de ponerle un nombre a lo que vivía empezó a modificar su mirada. “Tal vez no soy solo un padre terrible”, dijo.

Cómo se manifestaba el malestar

A lo largo del intercambio, Choukalas repasó síntomas que, según dijo, habían formado parte de ese período: ataques de pánico, dificultad para conectar con sus hijas, ira, irritabilidad, consumo de alcohol, cigarrillos y conductas de riesgo.

Sobre la ansiedad, explicó que entonces la confundía con responsabilidad parental, aunque en los hechos sufría palpitaciones, sobresaltos físicos y una sensación de alarma constante.

Hombre joven sudoroso con camiseta gris se agarra el pecho con mano izquierda, expresión de dolor, arrodillado en sala de estar con luz diurna.
La terapia permitió que Christopher Choukalas relacionara su crisis con experiencias previas y describiera un cambio en su vínculo con sus hijas y en su vida familiar (Imagen Ilustrativa Infobae)

También describió que, al volver del trabajo, tomaba caminos más largos y sinuosos para manejar a gran velocidad. Durante esos segundos sentía alivio. “Había una especie de liberación”, dijo. Pero ese efecto duraba poco: “La curva se endereza y tu atención vuelve a lo que vas a encontrar en casa”, afirmó.

La terapia y el cambio posterior

Choukalas contó que aceptó buscar ayuda y finalmente encontró un terapeuta con quien pudo empezar a hablar desde un lugar de vulnerabilidad. En esa primera conversación, según recordó, se quebró casi de inmediato. A partir de ese proceso, empezó a vincular su crisis actual con experiencias anteriores de abandono y con una forma de crianza atravesada por el estoicismo y los gritos.

Hacia el final del episodio, describió un presente muy distinto. Dijo que ahora estaba más calmo, que podía relacionarse con sus hijas desde otro lugar y que lograba disfrutar situaciones que antes le resultaban intolerables. “De verdad quiero estar en sus vidas”, afirmó.

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