La trampa de medirlo todo: qué revela la obsesión moderna por contar pasos, calorías y horas de sueño

En Infobae a la Tarde, la politóloga Piera Fernández analizó el auge de las aplicaciones que registran calorías, sueño y actividad física, y advirtió sobre la presión social por optimizar cada aspecto de la vida cotidiana

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Piera Fernández analizó en Infobae a la Tarde la obsesión por medir pasos, calorías y horas de sueño con aplicaciones y relojes inteligentes

¿Cuántos pasos caminaste hoy? ¿Dormiste las horas suficientes? ¿Consumiste más calorías de las recomendadas? Cada vez más personas responden estas preguntas a través de aplicaciones, relojes inteligentes y plataformas que prometen mejorar la salud y el bienestar. Pero ¿qué sucede cuando la búsqueda de una vida más saludable se transforma en una exigencia permanente?

Ese fue el punto de partida de la columna de la politóloga Piera Fernández en Infobae a la Tarde, donde analizó el fenómeno de la cuantificación de la vida cotidiana y advirtió sobre la creciente presión por optimizar cada aspecto de la experiencia humana.

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“Vivimos bajo una presión de optimización constante”, resumió Fernández durante la conversación con Manu Jove, Maia Jastreblansky, Paula Guardia Bourdin y Marcos Shaw.

Una adolescente acostada en una cama oscura mira un teléfono móvil iluminado con una aplicación que muestra un gráfico circular en verde y blanco.
Fernández contó que una aplicación con una mascota virtual que registra calorías convirtió la alimentación en una lógica de recompensa y control (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando la vida se convierte en una planilla de datos

Fernández relató su propia experiencia con una aplicación que calcula calorías a partir de fotografías de comidas. El sistema incluía un componente lúdico: una mascota virtual que reaccionaba según las elecciones alimentarias del usuario.

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“Tenés un mapache que se pone feliz o triste según lo que comés”, explicó. Sin embargo, la dinámica terminó generándole una situación tan absurda como reveladora. “Le mentía al mapache. Cuando comía mal no lo cargaba y después le sacaba una foto a una manzana”.

La anécdota abrió una reflexión más amplia sobre el modo en que las plataformas digitales reemplazan criterios profesionales por algoritmos y parámetros estandarizados. “Hoy lo hace una aplicación o una balanza, sin necesariamente tener el criterio que puede aportar un nutricionista que conoce tu situación particular”, señaló.

La especialista vinculó esta tendencia con el movimiento conocido como quantified self —“yo cuantificado”—, una corriente que impulsa el registro permanente de datos corporales y hábitos cotidianos con el objetivo de mejorar el rendimiento físico y mental.

Hombre de mediana edad sentado, con barba, sostiene un teléfono móvil con una aplicación de seguimiento de metas. En la mesa, una botella de agua y una computadora portátil.
El movimiento quantified self impulsa el registro permanente de datos corporales y hábitos cotidianos para mejorar el rendimiento físico y mental (Imagen Ilustrativa Infobae)

Como ejemplo extremo mencionó al empresario tecnológico Bryan Johnson, famoso por destinar millones de dólares anuales a monitorear cada indicador posible de su organismo en un intento por retrasar el envejecimiento.

“La cuantificabilidad de absolutamente todo lo que hacemos para optimizar el bienestar personal se volvió una aspiración permanente”, sostuvo.

La presión sobre el cuerpo y los estándares imposibles

La conversación derivó luego hacia el debate público generado por el cruce entre Valeria Mazza y Evelyn Botto sobre el peso, la disciplina y los condicionamientos biológicos.

Para Fernández, la discusión puso en evidencia una tensión más profunda: la presión social que existe sobre los cuerpos, especialmente los de las mujeres. “De alguna manera muestra toda esa presión social sobre los cuerpos femeninos”, explicó.

La politóloga aportó además un dato preocupante sobre la situación argentina: cerca del 29% de la población tiene o tuvo algún trastorno de la conducta alimentaria, una de las tasas más elevadas del mundo.

Cinco jóvenes, tres hombres y dos mujeres, sentados en un banco verde de plaza. Uno de ellos muestra un reloj inteligente en su muñeca izquierda.
El movimiento quantified self impulsa el registro permanente de datos corporales y hábitos cotidianos para mejorar el rendimiento físico y mental (Imagen Ilustrativa Infobae)

A eso se suma una dificultad estructural. “En Argentina está demostrado que comer mal es más barato que comer bien”, recordó, al mencionar estudios y diagnósticos recientes sobre el costo de los alimentos de mayor calidad nutricional.

La presión estética, advirtió, ya no afecta únicamente a las mujeres. También alcanza a adolescentes y varones jóvenes, impulsada por nuevas corrientes culturales y por la lógica de exposición permanente de las redes sociales.

“Cada vez más chicos sienten una presión enorme sobre el cuerpo. Hay movimientos que plantean que un hombre tiene que alcanzar determinado ideal físico para ser valorado”, explicó.

El negocio detrás de los datos personales

Más allá de la salud y el bienestar, Fernández puso el foco en otro aspecto menos visible: el valor económico de la información que los usuarios entregan voluntariamente. “Además de mis clics, ahora también le estoy dando a una empresa datos sobre todo lo que como. Y eso es un negocio enorme”, advirtió.

Según explicó, muchas de estas plataformas no solo registran hábitos, sino que construyen perfiles cada vez más precisos para ofrecer publicidad, productos y servicios personalizados.

En ese contexto, la búsqueda de validación también encuentra un nuevo escenario en las redes sociales. “Muchas veces terminamos preguntando de manera indirecta: ‘¿Qué pensás de cuánto corrí? ¿Qué pensás de cuánto comí?’”, observó.

Un joven de cabello oscuro sentado en una cafetería mira su celular, que muestra una aplicación de seguimiento de salud con gráficos. Una taza de café y un cuaderno están en la mesa.
La columna remarcó que las aplicaciones de salud y bienestar convierten los datos personales sobre comida, sueño y actividad física en un negocio de perfiles y publicidad personalizada (Imagen Ilustrativa Infobae)

Durante el intercambio, Paula Guardia Bourdin aportó un matiz sobre las razones que explican la popularidad de estas herramientas. “Entiendo perfectamente que una persona busque alguna sensación, aunque sea ilusoria, de control a través de medir las calorías o los pasos”, reflexionó.

Lo que no puede medirse

Hacia el final de la columna, Fernández propuso detenerse en dos preguntas que, según consideró, ayudan a tomar distancia de la lógica de la autooptimización permanente: qué dicen realmente esas métricas sobre una persona y cuánto de esa exigencia surge de una decisión propia y cuánto responde a expectativas sociales.

La reflexión final quedó en manos de Guardia Bourdin, quien sintetizó el debate con una frase que resonó en el estudio: “Las cosas tienen precio. Las cosas tienen métricas. Las personas tenemos dignidad, y la dignidad no se mide”.

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