
El dolor crónico surge cuando una lesión, inflamación o enfermedad mantiene activo el sistema nervioso y genera molestias persistentes que pueden alterar la vida diaria. Las opciones actuales para aliviarlo presentan limitaciones y no resultan efectivas en todos los casos.
Un nuevo estudio realizado por científicos del CONICET y publicado en Frontiers in Pharmacology analizó el impacto de medicamentos utilizados para tratar la presión arterial alta sobre procesos que intervienen en el dolor persistente.
El equipo del Instituto de Histología y Embriología de Mendoza (IHEM) estudió si intervenir sobre dos proteínas presentes en las neuronas que detectan el dolor permite reducirlo en un modelo de laboratorio. Esta investigación buscó comprobar si fármacos ya usados para otras enfermedades pueden influir sobre los procesos que mantienen el dolor crónico.
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De qué manera la química del cuerpo influye en el dolor crónico
El dolor crónico es una molestia que persiste durante más de tres meses y puede aparecer en cualquier parte del cuerpo. Según la Cleveland Clinic, entre sus causas se encuentran lesiones, enfermedades como la artritis, problemas musculares, alteraciones del sistema nervioso o procesos inflamatorios. Puede sentirse como ardor, presión, punzadas o rigidez, y a menudo afecta el bienestar emocional, el sueño y las actividades diarias. Por eso, se recomienda buscar atención médica cuando el dolor interfiere con la vida cotidiana.

El estudio describe que el sistema renina–angiotensina, conocido principalmente por su función en el control de la presión arterial, también participa en procesos relacionados con el dolor causado por inflamación o daño en los nervios. Dos moléculas presentes en las neuronas, llamadas AT1R y AT2R, pueden influir sobre la cantidad de un canal específico que deja pasar potasio, conocido como TWIK1.
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La entrada y salida de potasio a través de este canal ayuda a regular la actividad eléctrica de las neuronas. Cuando el funcionamiento de TWIK1 se altera, las neuronas pueden volverse más sensibles y enviar señales de dolor con mayor facilidad, incluso sin un estímulo fuerte. Los experimentos demostraron que, al bloquear de forma conjunta estas dos moléculas con medicamentos ya aprobados para la hipertensión, se logra revertir la disminución de TWIK1 provocada por una lesión en el nervio ciático.
Este bloqueo también redujo comportamientos asociados al dolor en ratas, como la sensibilidad aumentada al tacto y al frío. Además, la intervención farmacológica modificó los niveles de sustancias inflamatorias en la sangre y alteró la actividad de células que rodean a las neuronas.
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De acuerdo con el artículo, los resultados más favorables se observaron cuando ambos receptores se bloquearon al mismo tiempo, lo que sugiere que esta vía del organismo podría convertirse en un objetivo para diseñar nuevos tratamientos contra el dolor crónico de origen nervioso.
Cómo se probó la efectividad de los fármacos en el laboratorio

El equipo empleó un modelo de laboratorio en el que ratas adultas hembra recibieron una lesión controlada en el nervio ciático, una técnica que permite estudiar el dolor crónico de origen nervioso. “Utilizamos ratas hembras en este estudio por varias razones. En primer lugar, la mayoría de las investigaciones sobre el dolor se han realizado en ratas macho (alrededor del 90%), aunque la incidencia de dolor crónico es mucho mayor en mujeres que en hombres”, comentan en el estudio.
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Se les administraron los medicamentos seleccionados por medio de pequeñas bombas colocadas bajo la piel, lo que garantizó una dosis constante durante el experimento. Todo el procedimiento siguió normas internacionales para el uso ético de animales en investigación y contó con la aprobación de la Universidad Nacional de Cuyo.
Para medir el dolor, los científicos aplicaron pruebas como el uso de filamentos delgados que presionan suavemente la pata, la exposición a un estímulo frío y la observación de movimientos espontáneos, métodos que permiten identificar cambios en la sensibilidad de los animales. Además, analizaron muestras de tejido nervioso para evaluar la presencia de los canales de potasio y las proteínas estudiadas, y midieron en sangre los niveles de moléculas vinculadas a la inflamación.
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Según los resultados, la lesión del nervio provocó una disminución de TWIK1 en las neuronas sensoriales, pero el tratamiento que combinó ambos medicamentos logró restaurar o aumentar esa cantidad. El bloqueo de AT1R y AT2R también bajó los niveles de moléculas inflamatorias en la sangre y redujo la activación de células de soporte que rodean a las neuronas, lo que apunta a un efecto antiinflamatorio de estos fármacos.
Qué significa este avance para nuevas opciones de tratamiento
La investigación propone que medicamentos antihipertensivos ya aprobados pueden tener un nuevo uso en el control del dolor crónico, al actuar sobre mecanismos neuronales e inmunológicos. “La idea era reutilizar drogas existentes, con perfil seguro, para explorar nuevos usos en otras patologías, evitando el largo proceso de aprobación de nuevos compuestos”, explicó Cristian Acosta, investigador del CONICET en el Instituto de Histología y Embriología de Mendoza (IHEM, CONICET-UNCUYO) y uno de los autores del estudio.
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El hallazgo de que ciertos medicamentos pueden modificar tanto los canales que regulan la actividad de las neuronas como la inflamación asociada al dolor crónico sugiere nuevas formas de tratar este problema con fármacos ya aprobados para otros usos. De acuerdo con el comunicado del CONICET, el grupo de investigación planea seguir estudiando cómo interactúa este sistema hormonal con las sustancias que provocan inflamación, para entender mejor su papel en el desarrollo y la persistencia del dolor.
Según el equipo, estos resultados ofrecen una base experimental para avanzar hacia tratamientos más seguros y eficaces, aprovechando compuestos que ya se encuentran disponibles en el mercado. El estudio aporta herramientas para comprender mejor cómo se produce el dolor en el cuerpo y para imaginar futuras terapias que permitan mejorar la calidad de vida de quienes lo padecen.
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