
El contacto físico es fundamental a lo largo de la vida, desde el nacimiento hasta la muerte. Se sabe que las caricias, los abrazos, el contacto erótico sexual estimulan receptores de la piel y la liberación de hormonas y neurotransmisores que bajan la ansiedad, protegen al sistema cardiovascular, mejoran el sueño y el estrés.
La pandemia de Covid-19 puso en evidencia este síndrome de privación de contacto y sus consecuencias. Desde el punto de vista psicológico la distancia entre los cuerpos aumenta la ansiedad, el estrés, y el malestar subjetivo (baja estima, aislamiento, sentimientos de inferioridad, irritabilidad, síntomas hipocondríacos, reclamos a los demás, et.).
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El hambre de piel o de contacto centra la atención en sí mismo (como lo haría un narcisista, solo que en este caso sufre por lo que le pasa y por no tener recursos propios de superación). Es como tener hambre de comida y estar rodeado de alimentos, lo único que queda es estar focalizado en el malestar sin poder permitirse la solución. En algunos casos ese dolor subjetivo por la carencia de contacto se traduce en reclamos, en quejas, demandas hacia el exterior, lo cual aleja a los demás. En muchas parejas se reclama lo que existió en un principio y después dejó de pasar.

La nostalgia por lo perdido
Los estudios revelan que el hambre de contacto es tan frecuente en hombres como en mujeres, solo que ellas se animan a ponerlo en palabras y ellos no. El reclamo apunta no solo a la falta actual, comprende también compararla con el pasado, como si este fuera el ideal del contacto y erotismo. Cuando el problema viene en envase de reclamo, de queja, de angustia que irrumpe por cualquier otra discusión, la respuesta es alejarse, reactivando un circulo vicioso. La persona que siente el vacío del contacto está alerta, ansiosa, susceptible a cualquier estímulo que provenga del otro.
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Un hecho banal puede detonar una crisis mucho mayor. Si bien existen medios sociales que ayudan, por ejemplo: amistades, grupos de trabajo, de baile, gimnasia, etc., no llegan a ser suficientes para calmar la carencia de pareja, incluso se compara el comportamiento social y afectivo presente con otros, pero no con la pareja: “con mis amigos me río, soy espontáneo, me siento yo mismo, en cambio no puedo ser de la misma manera con mi pareja”.
Los vínculos sexoafectivos necesitan renovar el contacto físico según las etapas que van viviendo: “Siempre tiene que estar a pesar de los cambios y las experiencias de vida”.
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Las personas creen que, por el hecho de estar unidas, ya es suficiente para sostener el amor y el sexo, sin embargo, no es así. Cada etapa de la vida induce a movilizar mecanismos adaptativos flexibles para encararla, sobre todo en estos tiempos de redes sociales y aplicaciones que aumentan el aislamiento y la relación con la virtualidad.

Las diferencias según la orientación sexual
La heterosexualidad visibiliza el contacto y nadie se asombra por ver una pareja heterosexual abrazarse y besarse en lugares públicos, incluso con pasión. No sucede lo mismo con las parejas homosexuales; todavía existen reparos, prejuicios e incluso violencia hacia lo diverso. Si bien la visibilidad de la diversidad es un hecho, existen muchas parejas homosexuales que no se animan a salir abrazados o de la mano por temor al rechazo.
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El contacto está limitado a la intimidad de los espacios personales, sobre todo si la familia o el grupo de amigos/as no saben de esta relación y por prejuicios culturales, ideológicos o religiosos, se hace difícil hablar del tema. La convivencia, sin importar la orientación, es implacable con la distancia corporal, sobre todo si no se hace nada por fomentar el acercamiento.
Siempre existirán excusas para no acercarse y tocarse: “Estamos cansados, si lo toco va a pensar que quiero sexo, los hijos están cerca, no estoy en el mejor día”. Si los cuerpos de distancian tendrán que hacer el doble esfuerzo para volver acercarse”. Así como los receptores sensoriales de la piel se encienden con el tacto provocando una cascada de acontecimientos saludables, también se apagan con igual rapidez.
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Diez sugerencias para fomentar el contacto
- No justificar la falta de contacto con excusas varias (cansancio, hijos, estrés, etc.)
- Estar atentos a síntomas asociados: irritabilidad, quejas, angustia, síntomas hipocondríacos, síntomas físicos que puedan ser consecuencia de un cuerpo carente de contacto físico.
- El trabajo comienza por uno mismo: la autoexploración, tocar el cuerpo y sentirlo, activar la sensorialidad de la piel, son experiencias que se deben tener en cuenta.
- No aislarse, mantener contacto social y presencial con amistades, familia, o bien asistir a actividades grupales.
- Hablar el tema con la pareja y cuestionar posturas rígidas, por ejemplo, no quedarse con las frases “Yo siempre fui así” o “En mi familia no se demostraba el afecto.
- Fomentar todo tipo de contacto dejando de lado el supuesto de que “Si empezamos a tocarnos es porque se quiere tener sexo”.
- Planear objetivos que contemplen salidas en pareja.
- Animarse a expresar el afecto en lugares públicos: tomarse de la mano, acariciarse, besarse, o jugar con la transgresión (tocarse bajo la mesa, acariciarse en la oscuridad de un cine, etc.).
- Si hay disponibilidad económica contratar un día de Spa o un masaje sensitivo que ayudan a activar la sensorialidad de la piel.
- No dejemos de conectarnos con nosotros mismos en términos de salud, apariencia, disfrute, humor, etc. Vencer el pudor o el prejuicio de salir sola/o es el comienzo de un desafío enriquecedor.
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