
El concepto de “dopamine dressing” ganó notoriedad en los últimos años, especialmente en redes sociales y entornos vinculados al bienestar emocional. El término se refiere a la elección consciente de prendas, colores y estilos que, según quienes siguen esta corriente, pueden estimular el ánimo y aportar sensaciones de vitalidad, confianza y alegría.
La idea se fundamenta en que ciertos colores o atuendos activan circuitos emocionales asociados a la dopamina, neurotransmisor relacionado con el placer, la motivación y el bienestar. Más allá de la moda, la ciencia y el psicoanálisis comenzaron a indagar sobre el alcance real de este fenómeno y sus implicancias en la vida cotidiana.
Influencia de colores y estilos en el estado de ánimo y la autoestima
Patricia O’Donnell, psiquiatra y psicoanalista miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA), explicó a Infobae que, desde la perspectiva psicoanalítica, la ropa puede ser vista como sustituto de las membranas fetales, símbolo de protección y amor materno, capaz de brindar amparo e identidad.

O’Donnell sostuvo: “La ropa reafirma el sentimiento del yo y expresa una búsqueda de aprobación. Es la envoltura que señala quiénes somos y frente a quiénes estamos”. Según su mirada, la moda transmite poder y prestigio; su constante variación responde a la necesidad psíquica de renovación. Los colores desempeñan un papel determinante en el impacto emocional de la vestimenta.
“Los colores y sus significados han cambiado a lo largo del tiempo. El amarillo, unido simbólicamente al sol, irradia calidez y energía; el verde aporta equilibrio y calma; el azul evoca misterio, amor, melancolía y sueños; el rojo encarna vitalidad y energía”, explicó la especialista. En su análisis, subrayó: “Los colores despiertan los sentidos”.
Además, O’Donnell señaló un aspecto simbólico en el origen de la palabra “color”: “En su etimología, significa ‘ocultar’ o ‘recubrir’. En griego y otras lenguas se relaciona con la palabra piel, lo que invita a pensar la ropa como una segunda piel y a reflexionar sobre la experiencia que transmite”.
“Claramente la ropa tiene que ver con el contexto cultural y social de la persona, desde el valor económico de las prendas hasta las necesidades de uso específico”, afirmó a Infobae la licenciada Agustina Fernández, psicoanalista, miembro de APA, especialista en adolescentes. “Mucha gente se viste según su estado anímico”, agregó.

Como ejemplo histórico, O’Donnell evocó a Christine de Pizán, escritora medieval que fue una de las primeras mujeres en vivir de su trabajo. Eligió vestir un atuendo sobrio y cómodo de color azul, distinción de identidad en una época regida por leyes suntuarias y fuerte desigualdad de género.
Esta decisión resalta cómo el vestuario puede transformarse en sello personal y herramienta de expresión, incluso ante limitaciones externas.
Contexto cultural, social y autenticidad
Consultada sobre la influencia de factores externos, O’Donnell indicó: “Existe un ideal estético, así como modas, como en todas las épocas. Por ello, es fundamental promover la aceptación y la confianza personal, enfocarse en cualidades y valores internos, y mantener una relación saludable con la belleza y el cuidado personal. Es necesario preservar la identidad y la singularidad de cada uno”.
Así, la especialista pone en valor la búsqueda de autenticidad y la protección de la individualidad ante las presiones sociales. Su mensaje es claro: cuidar aquello que hace única a cada persona, incluso a través de la forma de vestir.

Respecto a los posibles riesgos de usar la ropa como herramienta de bienestar emocional, O’Donnell remarcó: “Resulta esencial buscar la marca personal, pero la autoestima baja no se corrige solamente con un cambio de vestuario, por más acertado que sea”.
La clave, para la especialista, reside en la autenticidad y el autoconocimiento: “Se trata de descubrir un estilo propio; de elegir atuendos según la ocasión y el deseo personal, favoreciendo el sentirse cómodo con uno mismo, más allá de lo que dictan las tendencias”.
“Desde mi experiencia clínica de muchos años con pacientes no encontré nunca un riesgo o límite en el uso de una vestimenta”, afirmó Fernandez.
Para O’Donnell, el rol de la indumentaria es acompañar el proceso de autoconocimiento, sin convertirse en sustituto de carencias emocionales profundas.

La relación entre vestimenta y estado mental fue motivo de interés también para la ciencia. En 2015, un equipo de la Universidad Estatal de California, Northridge y la Universidad de Columbia realizó un estudio sobre la influencia de la vestimenta en el procesamiento cognitivo.
Los resultados mostraron que vestir de modo formal modificaba la forma en que los participantes pensaban y tomaban decisiones, demostrando que la ropa afecta tanto la autopercepción como el estado mental.
La importancia de mantener una identidad propia, comprender el efecto de la vestimenta en el bienestar emocional y relacionar moda, colores y autenticidad personal constituyen el núcleo de esta moda. El dopamine dressing, para sus defensores, va mucho más allá de la superficie: invita a explorar el vínculo entre el vestir y el mundo interno.
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