Durante años, la idea de una “relación tóxica” circuló en conversaciones cotidianas, redes sociales y espacios terapéuticos. Pero más allá del término popular, muchas personas atraviesan relaciones emocionalmente desgastantes sin identificar claramente los elementos de toxicidad que las constituyen.
Jennie Marie Battistin, terapeuta estadounidense matrimonial y fundadora de Hope Therapy Center, explicó a Wellandgood, que la toxicidad puede manifestarse de muchas maneras diferentes, lo que puede dificultar determinar si una relación es perjudicial.
Una toxicidad difícil de ver desde adentro
Aunque desde una mirada externa una relación tóxica pueda parecer sencilla de clasificar, como aquella que provoca malestar, muchas veces, mientras se atraviesa por ella, no se percibe. Esto ocurre especialmente cuando hay manipulación emocional.

Según expertos, la experiencia de estar en una relación tóxica no siempre se percibe como peligrosa en el momento, sobre todo cuando la parte tóxica es manipuladora.
Una de las características estructurales de las relaciones tóxicas es que están marcadas por la desigualdad y el control. “Mientras que una relación sana se basa en la igualdad y el respeto, una relación no sana o tóxica se trata de poder y control”, afirmó Katarena Arger, terapeuta matrimonial.
Este dominio suele crecer de forma progresiva, erosionando la autonomía de quien la sufre.
Las cinco señales más comunes de una relación tóxica

1- Comunicación hostil
Las diferencias de opinión son normales en toda pareja. Pero el problema surge en la forma en que se expresan. Según la terapeuta Darcy Sterling, “la comunicación que surge del desprecio, o que implica que la pareja se siente superior, es el archienemigo de las relaciones sanas”.
Battistin también destaca que las actitudes como los insultos, las críticas constantes, la obstrucción y las amenazas con romper la relación son signos claros de toxicidad.
2- Sensación de estar caminando sobre “cáscaras de huevo”
Si hablar con libertad en la relación se vuelve una amenaza o motivo de tensión constante, podría tratarse de un vínculo perjudicial. Sterling lo resume así: “Si te encontrás oscilando entre querer compartir algo y preocuparte de que pueda provocar a tu pareja, la relación puede ser tóxica”.

3- Dar apoyo sin recibirlo
Battistin advierte que una relación de pareja debe ser recíproca. Si una persona se ve obligada a priorizar todo el tiempo las necesidades de su pareja por encima de las propias, eso configura un desequilibrio dañino.
4- Aislamiento progresivo
Cuando una relación se vuelve el centro excluyente de la vida social, afectiva y recreativa, hay un problema. Sterling señala: “Si notás que tu mundo se encoge y tus otras relaciones se deterioran, eso presagia problemas”. Battistin añade que también se pierde el vínculo con los intereses personales y la propia identidad.
5- Manipulación y pérdida de autonomía
La manipulación puede adoptar múltiples formas: desde el bombardeo amoroso hasta la culpabilización. Lo común es que quien la ejerce busque beneficios a costa de la voluntad del otro.
Battistin advirtió que, en casos extremos, este control puede anular completamente la capacidad de decisión y privacidad de la persona afectada.

¿Cuándo es momento de irse?
Identificar la toxicidad no implica necesariamente tener la fuerza o las condiciones para salir de la relación. Arger señaló que existen obstáculos prácticos (como compartir una vivienda o la dependencia económica), pero también factores emocionales, como la inversión afectiva o el temor a estar solo.
Battistin añadió una dimensión psicológica más profunda, “a menudo, tu autoestima se ve dañada en una relación tóxica y podés empezar a creer que esto es todo lo que merecés”, dijo.
Frases como “si me esfuerzo más, las cosas van a mejorar” o el apego a la imprevisibilidad del vínculo son formas en que se manifiesta esa manipulación internalizada.
Cómo cortar el vínculo sin ponerse en riesgo

La decisión de terminar no siempre puede concretarse de manera directa. “Si existe algún riesgo para la seguridad hacé planes para mudarte con un familiar o amigo, avísales a tus compañeros de trabajo y amistades que no revelen tu paradero, limitá tus publicaciones en redes sociales y considerá cambiar tu número de teléfono”, dijo Battistin.
Si la ruptura puede manejarse sin peligro, Arger sugirió una conversación planificada. “Establecé un momento para hablar sobre tu deseo de terminar la relación, para no tenderle una emboscada a la otra persona, y practicá una comunicación asertiva”, aconsejó. También aclaró que no hay obligación de justificar de más. “Recordá que ‘no’ es una frase completa”.
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