
La Pascua es una de las festividades más celebradas en el mundo cristiano, pero su significado trasciende el ámbito estrictamente religioso. Aunque su origen se encuentra en la conmemoración de la resurrección de Jesús, con el tiempo se convirtió en un evento que también conmemora el ciclo natural de la primavera en el hemisferio norte, un tiempo de renovación, crecimiento y esperanza. Esto permitió que se fusionen rituales cristianos con tradiciones anteriores, muchas de ellas relacionadas con la fertilidad y el renacer de la naturaleza.
A lo largo de diferentes regiones, representa un momento para compartir en familia. Elementos como los emblemáticos huevos, el fuego, el agua, los panes dulces, los símbolos de animales y las comidas especiales no solo responden a la tradición, sino que se entrelazan con significados culturales que evolucionaron con el paso de los siglos.
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Cómo se festeja la Pascua en los distintos países y regiones
Las festividades religiosas conservan un lugar destacado, especialmente en ciudades como Jerusalén y Roma. En la primera, donde se considera que ocurrieron los últimos momentos de la vida de Jesús, miles de fieles reviven, entre el Jueves Santo y el Domingo de Pascua, el camino hacia la crucifixión recorriendo las calles de la ciudad vieja.
El Viernes Santo es la jornada más significativa, con grupos que cargan cruces y peregrinan hacia la iglesia del Santo Sepulcro, punto donde se cree que fue enterrado y resucitó.
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Roma, en tanto, despliega su centralidad simbólica dentro del catolicismo con un programa litúrgico que inicia el Viernes Santo con el viacrucis nocturno en el Coliseo y culmina con la bendición “urbi et orbi” el Domingo de Resurrección por el Papa desde el balcón central de la basílica de San Pedro.
En otras regiones del mundo, la dimensión ritual se combina con expresiones culturales propias. En África, por ejemplo, las iglesias suelen estar decoradas con flores y colores vivos. Específicamente en Etiopía, donde la Pascua ortodoxa se celebra como Fasika, los creyentes siguen un ayuno estricto durante 55 días, que excluye carne y productos animales.
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La noche previa al festejo, las vigilias comienzan con recogimiento, pero se transforman al amanecer en expresiones de alegría, con música, danzas y banquetes comunitarios. Estas formas, aunque menos visibles, siguen marcando profundamente la vida religiosa y social en muchos pueblos del continente.

Mientras tanto, en otros países esta época adquirió un tono más doméstico y lúdico, especialmente centrado en la infancia. En Estados Unidos, la imagen del conejo de Pascua, originaria de Alemania, forma parte del imaginario colectivo desde el siglo XVIII.
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Los niños buscan huevos de colores escondidos en parques y jardines, una costumbre extendida por las familias que refuerzan el espíritu festivo. La Casa Blanca incluso organiza desde 1878 el tradicional “Easter Egg Roll” que, según la página oficial de la Asociación Histórica de la Casa Blanca, se trata de una competencia en la que “los participantes hacen rodar huevos duros teñidos por el césped para ver cuál llega más lejos antes de romperse”.
Símbolos de renovación en las diferentes celebraciones
Un elemento constante, transversal a muchas culturas, es el huevo. Su forma cerrada y su contenido latente han sido asociados históricamente con el misterio de la vida y el renacimiento. En Ucrania, los pysanka representan una de las expresiones más elaboradas de esta simbología.
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Se trata de huevos decorados con técnicas de cera y color, que permiten grabar motivos geométricos y religiosos con gran precisión. En Bulgaria, además del uso ornamental, se emplean en juegos rituales, como los duelos de “choque de huevos” para determinar quién tendrá mejor suerte en el año.
En Grecia, país de tradición ortodoxa, esta práctica se convierte en parte central del Domingo de Pascua. El tsougrisma enfrenta a los comensales en una competencia simbólica: cada uno toma un huevo duro decorado y lo golpea contra el del otro. El que logra mantener su huevo intacto, según la creencia popular, gozará de buena fortuna.
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Otro símbolo persistente es el fuego, que aparece en diversas variantes. En Alemania, los pueblos encienden hogueras la noche del Sábado Santo para representar la victoria de la luz sobre la oscuridad, un gesto que remite tanto a la resurrección de Cristo como al regreso del sol tras el invierno. En Italia, el encendido del cirio pascual en las iglesias tiene el mismo significado.
Sabores de Pascua: la comida como eje central

La dimensión alimentaria también tiene un rol destacado en las celebraciones. En el Reino Unido, los hot cross buns, pancitos dulces con una cruz en la parte superior para simbolizar la crucifixión, se consumen tradicionalmente el Viernes Santo y marcan el fin del ayuno de Cuaresma. Su receta, que incluye especias y frutos secos, remite a prácticas medievales y sigue vigente en países de influencia británica.
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En muchas regiones del este de Europa, el pan adquiere un significado simbólico particular. En Bulgaria, el kozunak es un pan trenzado, de sabor dulce, que se prepara para estas fechas. En Polonia, el babka es un bizcocho que se integra a las comidas familiares del domingo pascual. La elaboración de ambos marca el retorno a la abundancia tras un periodo de austeridad.
En América Latina, especialmente en Argentina y Brasil, la celebración combina elementos religiosos con manifestaciones populares. Los locales, decorados para la ocasión, exhiben enormes huevos de chocolate, listos para ser regalados a niños y adultos. Esta abundancia refleja tanto la tradición católica como la vitalidad de las culturas locales.
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Entre los alimentos dulces que no pueden faltar en Semana Santa en estos países está la Rosca de Pascua. Este pan dulce, con su forma de anillo, simboliza la continuidad de la vida y la resurrección de Cristo. Remonta sus orígenes a tiempos antiguos, cuando en las festividades romanas se ofrecían tortas con el mismo formato para rendir homenaje a la fertilidad.
Con el paso de los siglos, se adaptó a diversas culturas, y hoy en día se prepara con una base de masa suave y es decorada con frutas secas, chocolate o crema pastelera. Su forma circular también representa la unión familiar y el renacer.
Así, la Pascua se manifiesta como un mosaico de costumbres que, aun cuando parecen disímiles, comparten una misma lógica simbólica. El huevo, el fuego, el pan: cada uno expresa, en su lenguaje cultural, una idea de renacimiento. A lo largo del mundo, la celebración se adapta, se transforma y perdura, al tiempo que sostiene su sentido original de conmemorar el paso de la muerte a la vida.
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