¿Existe la felicidad? Para ponernos de acuerdo, primero vamos a describir aquello que no es. La felicidad no es simplemente alegría, exaltación o éxtasis, esos son sensaciones momentáneas. La felicidad es un estado emocional de fondo, algo profundo, es una emoción o sentimiento llamado secundario. Sé que puede parecer muy grandilocuente la palabra felicidad, por eso la vamos a homologar.
En medicina, que es nuestra área, se manifiesta como un estado de paz, serenidad y calma. Y eso sí que existe. De esa felicidad es la que vamos a hablar ahora. De esa paz, serenidad y calma. Ese estado ocurre cuando uno tiene un horizonte, como si fuera un pentagrama musical en que la vida le permite inscribir sus propias notas.
PUBLICIDAD
Y existe una U de la felicidad, porque la felicidad se estudia con test psicológicos, con cuestionarios. Y se analizó en más de 100 países en todo el mundo los niveles de felicidad. Y se configuró esto que ahora vamos a analizar.

¿Qué es la U de la felicidad?
Esta fórmula está relacionada con la edad. En la U de la felicidad, cuando la gente dice ser más feliz es alrededor de los 20 años. ¿Por qué? Porque tiene una vida por delante, son todos proyectos y ha tenido pocos golpes en general. No se separó, no lo despidieron del trabajo, y es probable que tampoco haya tenido grandes crisis existenciales.
PUBLICIDAD
A medida que los años van avanzando y uno va descendiendo por esa pata de la U, la vida se va complicando, porque aparecen situaciones más complejas. Todos las conocemos y cada uno habrá tenido la suya, porque a medida que envejecemos, la experiencia personal se empieza a complicar un poco. Así es la vida.

Entonces, los niveles de felicidad suelen ir bajando cuando se miden en personas de 25, 30 ó 35 años y así es la vida. Lo que sucede es que pasados los 40, si se quiere en la crisis de los 40 ó 50 años, usted ya va a empezar a ubicarse en la panza de la U, en la parte cóncava de la U.
PUBLICIDAD
Y de ahí es más los índices de los test empiezan a mostrar que a partir de los 50 ó 60 años es cuando empieza a subir esa sensación de plenitud y las personas empiezan a ser más felices o al menos a autopercibirlo de esa manera.
¿Por qué? La razón radica en el aprendizaje filosófico. Con los años, las personas comenzamos a valorar más lo que tenemos que aquello que podemos alcanzar más adelante. Aprendemos a disfrutar lo que tenemos por aprendemos la filosofía de vida.
PUBLICIDAD
*El doctor Daniel López Rosetti es médico (MN 62540) de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Presidente de la Sección de Estrés de la World Federation for Mental Health (WFMH). Y es autor de libros como: “Emoción y sentimientos” (Ed. Planeta, 2017), “Equilibrio. Cómo pensamos, cómo sentimos, cómo decidimos. Manual del usuario.” (Ed. Planeta, 2019), entre otros.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
El recalentado múltiple de la comida es seguro si se siguen medidas estrictas
La clave está en el ciclo de enfriamiento, la higiene y la manipulación correcta antes y después de cada proceso térmico, factores que en realidad determinan el nivel de exposición a toxinas bacterianas

La regla 3-3-3: el método fácil para resolver una picada variada y sin complicaciones
Una selección breve de embutidos, quesos y acompañamientos permite lograr equilibrio y contraste en la mesa, sin depender de utensilios especiales ni de ingredientes difíciles de conseguir

Las cábalas de los argentinos en el Mundial: por qué las repetimos en cada partido
Sentarse en el mismo lugar, usar la misma ropa o comer la misma comida. No hay razón que sostenga la cantidad de rituales que somos capaces de hacer cada vez que juega la Selección. Por qué nos aferramos a ellos, según los especialistas

Los últimos hallazgos que refuerzan el interés científico por rastros de vida en Marte
Nuevas investigaciones en el planeta rojo aportan pruebas sobre ambientes antiguos con agua, compuestos orgánicos y condiciones pasadas favorables para la existencia de organismos

Día Mundial del Microbioma: diferencias entre SIBO e IMO y las claves para no confundirlos
Ambos trastornos digestivos tienen como síntomas en común el malestar y la distensión abdominal. Especialistas los distinguen de otras afecciones y explican a Infobae las alternativas terapéuticas



