
En la vida cotidiana, solemos hablar de la tristeza y de la alegría, dos emociones opuestas de gran relevancia que están involucradas en nuestro día a día. Sin embargo, el enojo también tiene su protagonismo, es el compañero que muchas veces deseamos que no se haga presente y nos preguntamos para qué existe y cómo podemos quitarlo.
“Los factores que más nos molestan del enojo son lo que decimos o hacemos durante ese momento de molestia, y el daño que podemos llegar a ejercer. Cuando hablamos de daño, no nos referimos únicamente a un daño físico e irreparable, sino que también puede convertirse en un desgaste hacia nuestros vínculos, valores y metas personales. Un punto frustrante del enojo radica en que muchas veces puede ocurrir que aunque actuemos de ese modo, no podamos conseguir lo que queremos ni que tampoco nos escuchen, como consecuencia de nuestra forma de expresarnos”, explica el Licenciado Ignacio Enríquez, integrante del Departamento de Psicoterapia Cognitiva de INECO.
En la película “Locos de Ira”, se refleja justamente cómo se manifiesta esta emoción. El actor Adam Sandler interpreta a un personaje que tiene que enfrentar una serie de obstáculos y problemas en su vida, lo cual lo lleva a sentirse frustrado. En una escena, luego de haber transitado varias situaciones en las cuales se contuvo, el personaje recibe un comentario que lo detona y se vuelve impulsivo. De ese modo, tiene una serie de comentarios y de conductas que transmiten sus necesidades postergadas ante los malos tratos injustificados que ya había estado recibiendo anteriormente.

Este ejemplo, nos lleva a preguntarnos si fue injusta o no la manera en la que respondió el protagonista, y si debemos dejar pasar algunas situaciones en nuestra vida para poder manejar el enojo y no reaccionar ante los acontecimientos que nos generen molestia. Esa, probablemente, tampoco sería una buena idea, dado que en ese caso estaríamos eligiendo tolerar, lo cual, en un tiempo, es posible que termine ocasionando conductas indeseadas.
“Es necesario transitar el enojo, al igual que otras emociones, para comenzar a explorarlo. Así se podrá arribar a una idea que nos ayude a abordar nuestras necesidades de la mejor manera posible, dentro de un contexto real y a resolver aquello que precisemos”, plantea el licenciado Ignacio Enríquez.
A continuación, el profesional transmite una serie de ejercicios para intervenir sobre el enojo, el momento más álgido y problemático, y que podrán ser de ayuda para encauzarlo en un objetivo, personal, en el que nos sintamos autores de los resultados, de los cuales podremos disfrutar, en caso de que sean positivos, o aprender, si son negativos.












Estos ejercicios están tomados, en esencia, del modelo cognitivo conductual orientado a la construcción de valores y la modulación emocional, la terapia dialéctico comportamental. Es importante tener en cuenta que, aunque puedan parecer sencillos, muchas veces puede que no tengan el efecto esperado, dado que ello requiere de un trabajo privado, constante, y guiado por un terapeuta especializado.
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