La dieta mediterránea es, para decirlo de forma muy coloquial, un gol de media cancha. No lo llamaría dieta, sino un programa de nutrición, que le va a hacer muy bien. Este tipo de alimentación presenta una larga lista de beneficios: baja el azúcar, reduce el colesterol, los triglicéridos y otros lípidos.
Además, disminuye la posibilidad de desarrollar varias patalogías, desde cáncer, enfermedades articulares a dolor crónico. Ni que hablar de la disminución de la enfermedad relacionada con arterioesclerosis, menor probabilidad de infarto agudo de miocardio y menos accidentes cerebrovasculares. Seguir este tipo de alimentación, además, le va ayudar a controlar el peso.
¿En qué consiste la dieta mediterránea? Debe su nombre a los países que se ubican alrededor del Mar Mediterráneo en Europa, en esos lugares es habitual consumir esta dieta. Las naciones que se tomaron para popularizar el término son España, Italia, Grecia, Portugal y Francia.

En esos países los científicos notaron que había menos incidencia de las enfermedades más comunes, las que más mortalidad, envejecimiento e incapacidad producen, entre ellas estamos hablando, por ejemplo, del accidente cerebrovascular (ACV).
La dieta mediterránea privilegia “la buena comida”. La calidad y el sabor de cada plato es un valor de alto nivel en Italia y en todo el Mediterráneo. En este tipo de alimentación hay un gran cuidado en la producción de las comidas y se respeta la estacionalidad de las frutas y verduras.
Lo central de este programa de nutrición son, justamente, las verduras y frutas. Lo que viene de la tierra, todo. Siempre digo: “¿Cuál es la principal cadena de farmacias? La verdulería”. Usted va a la verdulería y todo lo que encuentra sirve como medicamento. Todas las frutas y verduras son, en gran medida, fármacos naturales.

¿Quiere hacer un tentempié? Utilice frutos secos: nueces, almendras. Incorpore legumbres: las lentejas, las arvejas, los garbanzos, los porotos o frijoles. Pescado, todo lo que quiera. Aceite sí, pero de oliva. Es como si aceitase el cuerpo, como un motor que se aceita. Porque si bien es grasa, es monoinsaturada, que es la que necesitamos, ni lo dude.
¿Qué evitar? Las carnes rojas, consuma lo menos posible. El pollo, lo menos posible. Evitar los dulces, los caramelos, el azúcar. Los granos, todo lo que es refinado, la harina y sus derivados también trate de no elegirlos.
Si va a utilizar, por ejemplo, cualquier arroz, que sea integral, eso sí. Los integrales sí. Porque en el proceso de industralización al arroz común o blanco se le saca la “cascarita”, y esa cascarita tiene todo lo que usted necesita: fibras, minerales, vitaminas, oligoelementos.

También es fundamental evitar todos los procesados. Es importante que sepa que cuando digo “lo menos posible” no quiere decir cero. Por ahí es complicado disminuir a cero.
Los productos ultraprocesados tienen una etiqueta, que detallas los ingredientes que contienen, mucho sodio, químicos y conservantes que tienen como función realzar el sabor y lograr que ese producto pueda durar mucho tiempo dentro del frasco. A veces, es necesario, pero si puede, evítelo, porque no es sano.
Esta es la dieta mediterránea. Le va a hacer muy bien a su organismo a corto, mediano y largo plazo. Usted se va a sentir mejor muy pronto luego de incorporar este plan de alimentación.
* El doctor Daniel López Rosetti es médico (MN 62540) de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Presidente de la Sección de Estrés de la World Federation for Mental Health (WFMH). Y es autor de libros como: “Emoción y sentimientos” (Ed. Planeta, 2017), “Equilibrio. Cómo pensamos, cómo sentimos, cómo decidimos. Manual del usuario.” (Ed. Planeta, 2019), entre otros.
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