
Un equipo de investigadores identificó un posible vínculo molecular que explicaría por qué la dieta mediterránea favorece un envejecimiento saludable. El estudio, publicado en la revista Frontiers in Nutrition, sugiere que el consumo de alimentos como el aceite de oliva, el pescado y las legumbres se asocia con mayores niveles de microproteínas mitocondriales, unos mensajeros celulares que parecen tener un rol protector en el sistema cardiovascular y cerebral.
A través del análisis de adultos mayores, los científicos observaron que quienes mantienen una alta adherencia a este patrón alimentario presentan concentraciones significativamente superiores de las proteínas humanina y SHMOOSE. Estos hallazgos abren una vía de investigación sobre cómo componentes específicos de la nutrición pueden influir en la biología de las mitocondrias y ayudar a mitigar el estrés oxidativo, lo que posiciona a estas moléculas como potenciales biomarcadores para futuras estrategias de nutrición de precisión.
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El vínculo entre la dieta mediterránea y la protección celular
La humanina y SHMOOSE son microproteínas producidas dentro de las mitocondrias, las estructuras encargadas de suministrar energía a las células. Se trata de moléculas muy pequeñas, formadas por menos de 100 aminoácidos, que cumplen funciones importantes en la protección de las neuronas, el metabolismo y la salud cardiovascular.
La investigación, dirigida por especialistas de la Universidad del Sur de California (USC) y la Universidad de Roma La Sapienza, examinó a 49 personas mayores, cada una con distintos niveles de cumplimiento de la dieta mediterránea.

El estudio se enfocó en medir la cantidad de humanina y SHMOOSE en la sangre. También se analizaron sustancias químicas que indican la presencia de estrés oxidativo, un proceso relacionado con el envejecimiento y el desarrollo de enfermedades crónicas.
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Los resultados mostraron que quienes seguían la dieta mediterránea de manera más estricta presentaron cantidades más altas de humanina y SHMOOSE en su sangre. En el grupo con mayor adherencia, que representó cerca del 41% de los participantes, las concentraciones de ambas microproteínas fueron marcadamente mayores que en quienes seguían la dieta en menor grado. El consumo frecuente de aceite de oliva, pescado y legumbres se asoció a niveles más altos de humanina, mientras que los valores de SHMOOSE aumentaron con el uso de aceite de oliva y la reducción en el consumo de pan refinado.
Estas microproteínas pueden funcionar como mensajeros del cuerpo, ya que transforman la información de los alimentos en señales que influyen en cómo trabajan y envejecen las células. Además, el decano de la USC Leonard Davis School e investigador del estudio, Pinchas Cohen, destacó que tanto humanina como SHMOOSE podrían servir como indicadores para medir si una persona sigue la dieta mediterránea y cómo esta alimentación impacta en la salud de las mitocondrias.
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El estudio también halló que, a mayor cantidad de humanina en sangre, menor era la presencia de un marcador llamado Nox2, relacionado con el estrés oxidativo. Esto sugiere que podría ayudar a regular procesos que, si se descontrolan, dañan las células por la producción de moléculas agresivas conocidas como especies reactivas de oxígeno.
Cómo se llevó a cabo la investigación
El estudio seleccionó a 49 personas mayores, con una edad promedio de 78 años. Todos los participantes fueron atendidos en el Centro de Aterotrombosis de la Universidad Sapienza de Roma, dentro de una investigación sobre un tipo común de arritmia cardíaca. Para asegurar resultados confiables, el grupo excluyó a quienes tenían enfermedades graves que podían alterar los análisis, como problemas renales avanzados, inflamaciones crónicas o cáncer.
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La adherencia a la dieta mediterránea se midió a través de un cuestionario de nueve preguntas sobre hábitos alimentarios, donde se evaluaba el consumo de aceite de oliva, frutas, verduras, legumbres, pescado, vino, carnes y tipos de pan. Luego, cada persona donó una muestra de sangre en ayunas, que se utilizó para medir la cantidad de ciertas microproteínas mitocondriales y de dos sustancias químicas que reflejan el estrés oxidativo en el organismo.

El artículo mostró que las personas que seguían la dieta mediterránea con mayor compromiso presentaron en sus análisis de sangre menores niveles de dos sustancias que indican daño celular causado por el estrés del cuerpo: sNox2-dp y 8-iso-PGF2α. Esto significa que, en estos participantes, las células estaban más protegidas frente al desgaste relacionado con el envejecimiento y las enfermedades crónicas.
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Un paso hacia dietas ajustadas a la biología individual
Los hallazgos aportan una perspectiva novedosa sobre la nutrición de precisión. La humanina y SHMOOSE podrían emplearse como biomarcadores para personalizar intervenciones dietéticas y optimizar el envejecimiento saludable.
El investigador principal, Roberto Vicinanza, afirmó en un comunicado oficial: “Nuestro objetivo es pasar de observar asociaciones a comprender la causalidad. Si logramos aprovechar estas vías, podríamos diseñar estrategias nutricionales que promuevan un envejecimiento saludable a nivel molecular”.
Este avance abre la puerta a nuevas formas de prevención y tratamiento, ya que identificar estos biomarcadores permitiría ajustar la alimentación de manera individualizada para reducir el riesgo de enfermedades asociadas a la edad. En el futuro, los profesionales de la salud podrían utilizar los niveles de humanina y SHMOOSE para diseñar estrategias específicas que ayuden a prolongar la vitalidad y proteger el corazón y el cerebro, integrando el conocimiento molecular en la práctica clínica cotidiana.
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