A Oscar Nilsson le fascinan los rostros, aunque no sabe exactamente por qué. No tiene una respuesta, sólo la emoción que le produce observar distintas facciones y ver cómo interactúan entre sí. Puede adivinar, claro, que lo que lo atrapa es cómo la estructura de una cara combina con sus expresiones, y con todas las variaciones que pueden existir o haber existido. La individualidad dentro de las infinitas posibilidades. Pero no se cuestiona sus razones.
Un retrato captura un momento preciso, o, como señala el escritor británico Neil Gaiman, “nos congela en el tiempo”. Oscar Nilsson, mediante técnicas de impresión 3D y análisis de ADN, “retrata” los rostros del pasado. El arqueólogo y escultor sueco recibe cráneos hallados en sitios arqueológicos y excavaciones alrededor del mundo y, gracias a sus conocimientos sobre la anatomía facial y habilidades para esculpir, hasta ahora logró reconstruir los rostros de unos 100 individuos que vivieron en distintas eras de la humanidad, como una noble peruana de 1200 años o una adolescente griega de 9000 años.

“Siempre estuve un poco obsesionado con las caras humanas”, reconoce Nilsson durante un intercambio vía e-mail con Infobae. “Creo que son infinitamente fascinantes. La estructura es un aspecto más sólido, firme, mientras que la expresión y las mímicas son emocionales, más fluidas. Esta combinación es emocionante; puede haber cosas muy pequeñas en una cara que crean diferencias importantísimas”.
Luego de estudiar varios años arte, y luego arqueología, Nilsson comenzó su carrera en 1996 al fundar su propia empresa (Art & Science By O.D. Nilsson - The Sculptor’s Studio) y crear esculturas de humanos para museos. “Aprendí arte forense y la técnica para reconstruir rostros a partir de cráneos en Manchester, Reino Unido, en el 2001, y desde ese momento he realizado unas 100 reconstrucciones faciales”, relata.

La técnica forense de reconstrucción que utiliza se ha estado desarrollado desde finales del siglo XIX, cuando se dieron los primeros pasos en la materia. En ese entonces, el foco estaba puesto en la profundidad del tejido (todavía lo está, hasta cierto punto, según aclara Nilsson). En la década de 1930, se empezó a reconstruir la cara músculo por músculo, y en los años ’70 y ’80, una combinación de estos dos métodos mostró buenos resultados. “Esta técnica combinada, tanto para construir músculo por músculo de la cara como para considerar la profundidad del tejido, se llama técnica de Manchester y es la que uso”, explica. “En los últimos 10 años, la información del ADN ha contribuido de forma muy valiosa a la fiabilidad del método; se pueden determinar los colores de la piel, los ojos y el cabello”.
Para Nilsson, todos los proyectos que encara son gratificantes e implican diversos desafíos, pero hay uno en el que no puede dejar de pensar. En el 2012, arqueólogos hallaron “El Castillo”, un complejo monumental que perteneció a la cultura Wari -una civilización anterior a los incas, que se desarrolló desde el siglo VII hasta el XIII d.C.- cerca de Huarmey, en Perú. Allí encontraron una tumba de unos 1200 años con los restos de 58 mujeres nobles, entre ellas cuatro reinas o princesas.

Enterrado en una cámara privada se hallaba el cuerpo de la más tarde apodada como “la reina de Huarmey”. “La encontraron rodeada de artefactos de oro, joyas y textiles preciosos, además de las otras mujeres de distintas edades que probablemente sean sacrificios humanos. Esta mujer noble, que más tarde se determinó que había sido una líder y una figura de gran importancia y poder en su sociedad, tenía unos 60 años de edad al momento de su muerte”.
Con una réplica del cráneo realizada con tecnología 3D, Nilsson logró reconstruir a mano sus facciones faciales.“¡Este proyecto es lo más cercano a una aventura estilo Indiana Jones que he tenido!”, bromea el arqueólogo sueco. “O por lo menos por ahora”.
Paso a paso: del cráneo a una reconstrucción hiperrealista

El proceso para lograr reconstruir un rostro es arduo, lleva unas 200 horas, y su exactitud depende de si existe material genético para analizar. “El primer paso es siempre hacer una copia del cráneo original, porque éste puede ser frágil y no se debe manipular más de lo estrictamente necesario. Por lo tanto, primero hay que escanearlo para así realizar una impresión 3D”, describe el arqueólogo.
Para empezar a reconstruir, Nilsson requiere la mayor cantidad de información posible que le puedan proporcionar osteólogos, además de los arqueólogos que hayan estado trabajando con el hallazgo, porque la edad, género, etnicidad y peso del individuo es de suma importancia para su trabajo. “También es fundamental saber si sufrió enfermedades, traumas y anomalías, por supuesto”, aclara. “El ADN, si se encuentra en un buen estado de preservación, también puede ofrecer información vital y asombrosa a mis proyectos”.

“Y luego reconstruyo el rostro con técnicas de reconstrucción forense basadas en la profundidad de tejido que anticipan varios puntos de referencia anatómicos del cráneo, además de colocar en la cara músculo por músculo”, describe. “También existen técnicas confiables para reconstruir partes específicas del rostro: la nariz, los ojos y la boca, a partir de pistas que otorga el cráneo”.
Finalmente, luego de que el experto ya haya reconstruido el rostro con plastilina de arcilla, hace un molde de silicona del color de la piel, al que le agrega más pigmentación y se le inserta el cabello.

El trabajo es laborioso y un arte en sí mismo que requiere de distintas habilidades por parte de su hacedor. Profesionales que realicen reconstrucciones físicas e hiperrealistas en 3D para museos “habrá más de cinco, pero definitivamente menos de 10, que yo sepa”, dice Nilsson, aunque reconoce que debe haber muchas personas que hacen reconstrucciones 3D digitales.
El rostro como herramienta para apreciar el pasado

Lo que Nilsson enseña con sus reconstrucciones es que somos muy parecidos físicamente a las personas de distintas épocas de la civilización humana: “Esto crea comprensión e interés por el pasado, y reconocimiento, así como vínculos emocionales con la historia. Es mucho más fácil hacer que las personas se fascinen con la Edad de Piedra si uno puede mostrar un rostro de este período, en vez de sólo mostrar artefactos como hachas de piedra. Supongo que tiene que ver con poder identificarse con esos individuos”.
Pero las diferencias entre cómo nos vemos hoy en día en comparación con, por ejemplo, cómo lucían los seres humanos hace 10.000 años es igualmente interesante. “Antes, los humanos éramos más musculosos, más armados. La información reciente que se obtuvo por ADN sobre los colores de la piel, los ojos y el cabello es fascinante. El hecho de que la mayoría de los europeos tenía la piel bastante oscura en ese momento es difícil de asimilar para algunas personas. ¡Pero es un hecho!”, asegura.

También aplicó sus habilidades en el campo de lo forense: “Hice una reconstrucción para la Policía de Suecia, pero hay una gran diferencia aquí en comparación con la realización de reconstrucciones a partir de descubrimientos arqueológicos, y es que literalmente no hay casi distancia en el tiempo, y esto hace que el trabajo sea muy especial y desafiante en muchos sentidos. Me gusta más la idea de reducir la distancia entre nuestros tiempos y el pasado que resolver casos policiales”.
El experto sueco, entonces, revela que la mayor recompensa que le otorga su trabajo es que genere un interés en la historia y en la arqueología, así como en la ciencia y los métodos que aplica. “En este contexto, ‘ADN’ es una palabra mágica que ha renovado y pulido la técnica. Me hace feliz poder trabajar con información genética que de otra manera se perdería para siempre”.
Fotos: Facebook ODNilsson
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