
El ser humano necesita ocho horas de sueño por noche para que el cerebro descanse, a fin de que los procesos metabólicos se lleven a cabo correctamente con la energía resultante producida, así como para la renovación celular que realiza el órgano más complejo del cuerpo mientras dormimos.
“Las necesidades del sueño cambian a lo largo de la vida. Los más pequeños requieren 11 o 14 horas para sentirse descansados y habitualmente toman siestas. En la adolescencia, la necesidad disminuye hasta que se alcanza la adultez. Un adulto típico requiere de 7 a 9 horas por noche para evitar los efectos de la privación del sueño. Los mayores de 65 solo necesitan de siete a ocho horas”, explicó Brandon Peters-Mathews, médico neurólogo y especialista en sueño, en The Conversation.
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Sin embargo, las exigencias de la vida actual no siempre hacen posible respetar las horas de sueño recomendadas. Ser productivos durante el día luego de una noche en la que se durmió poco es una batalla diaria para muchos, y que tarde o temprano traerá consecuencias negativas que impactarán en el organismo, específicamente, el cerebro.
Privarse del sueño acelera la muerte de las células cerebrales a corto plazo, y mantiene cansado y de mal humor durante todo el día a la persona que duerme poco. Esta desconexión natural que realiza el cerebro todos los días es necesaria para consolidar la memoria, aprender y darle tiempo al cuerpo a que haga sus funciones de limpieza a nivel molecular.
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Pero, ¿qué ocurre exactamente cuando uno no duerme bien?
Imposibilidad de dar una respuesta rápida
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La falta de sueño ralentiza el estado de alerta y el tiempo de respuesta. Investigadores encontraron una conexión entre el comportamiento letárgico y un procesamiento mental más lento con una calidad pobre de sueño. Esto quiere decir que aunque uno tenga una respuesta en una reunión de trabajo o durante un examen, es difícil acceder a esa información porque uno está cansado. De esta manera, en el ambiente laboral, por ejemplo, se cometen errores que podrían haber sido evitados con unas 8 horas de sueño.
Olvidarse más cosas que de costumbre
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Cuando se duermen menos horas de las recomendadas, hay una actividad cerebral reducida en las regiones que trabajan con la memoria. ¿Qué quiere decir esto? Que uno no puede asimilar información o pensar de manera creativa. Además, es difícil recordar eventos recientes. Heather Turgeon, terapeuta y fundadora de The Happy Sleeper, explicó en diálogo con Fast Company que “una de las líneas de estudio más recientes sobre el sueño sugiere que mientras dormimos, el fluido cerebroespinal elimina ciertas toxinas del cerebro y permite la formación de memorias. Si uno no duerme lo suficiente, se podría interrumpir la formación de estas memorias”.
El cerebro se vuelve más caótico, y puede comenzar a golpear la ansiedad
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Expertos creen que dormir lo suficientemente profundo como para generar sueños permite que nuestra mente tenga la oportunidad de eliminar energía negativa y estresante. Investigadores creen que soñar nos ayuda a analizar y sortear recientes experiencias intensas y emocionales al crear conexiones entre las neuronas y permitiéndonos despertar y sentirnos más calmados y relajados. Si esto no ocurre, los pensamientos pueden volverse más caóticos y esto puede llevar a una ansiedad elevada.
Problemas para controlar los impulsos
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Cuando uno no duerme lo suficiente, uno suele actuar antes de pensar, y salen a la luz los instintos más “animales”. En el trabajo, por ejemplo, si no descansamos bien somos más propensos a tener malas contestaciones con nuestros jefes o colegas. Esto ocurre porque nuestro cerebro, mal descansado, reacciona de una manera más lenta, por lo que hay una habilidad más baja de controlar nuestras reacciones emocionales inmediatas.
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