Delfina Chaves, en un alto en las grabaciones de “Argentina, Tierra de Amor y Venganza” (Instagram)
Delfina Chaves, en un alto en las grabaciones de “Argentina, Tierra de Amor y Venganza” (Instagram)

Martes de mayo. Delfina Chaves sale de trabajar, pasa por su casa y se va al teatro sola a ver Petróleo, la obra de las chicas de Piel de Lava. Le parece extraordinaria. Vuelve a su casa. Sigue su vida. Al día siguiente la espera otra jornada de grabaciones en Pol-ka. Novela: Argentina, Tierra de Amor y Venganza (ATAV), el hit del momento. Personaje: Lucía. Es su primer protagónico. Ya hizo personajes importantes en Edha, de Netflix, y en La Leona, por Telefe, 2016; pero ahora lo que recae sobre ella es otro peso.

Compra libros, Delfina. Tiene una lista en el celular con varios títulos que le recomendaron y no se quiere olvidar de leer. El último que incorporó: Demian, de Hermann Hesse, y Las cosas que perdimos en el fuego, de Mariana Enríquez. Le gusta la literatura, y algún día seguro escriba una novela. Un guión no, una novela.

Las redes sociales le gustan un poco menos, pero las usa bastante. Las considera parte del trabajo. Lo son. En su Instagram acumula -al cierre de esta nota- 784 mil seguidores. Pone fotos y llueven miles y miles de likes: chicos y chicas que la avalan, chicos y chicas que ven en ella una referencia. Delfina descree de eso, y un día espera poder sentirse coherente. ¿La coherencia es hacer lo que nos gusta? En la última foto de su feed se la ve en el Movistar FRI Music, en Neuquén (que tendrá una nueva fecha el 9 de junio en el Hipódromo de Palermo, con un recital gratuito de Fito Páez).

El look de Delfina Chaves en el Movistar FRI Music
El look de Delfina Chaves en el Movistar FRI Music

Lo que más disfruta Delfina es el proceso de construcción de personajes. Su oficio de actriz. "Tomar decisiones sobre cómo fue su infancia, cómo son sus relaciones. Desde los más mínimos detalles", dice. Y por último, al fondo en la lista de prioridades, las entrevistas, una veta del oficio que le interesa menos. ¿La razón? "Es rarísimo que de repente me pregunten cosas", justifica.

—¿No te gustan las entrevistas, entonces?

—No es eso, sino que me parece bastante raro tener que hablar de mí. Pienso: "¿Qué cuento que pueda ser interesante?". No sé, es bizarro. Además soy muy mala para la inmediatez de las entrevistas. Soy muy colgada. Lo que está en mi cabeza en un momento, no sé dónde estará en otro. A veces ni vos misma sabés las respuestas que das, y van a salir en todos lados. Pero bueno, qué sé yo… son las reglas del juego.

—¿Sos confiada o desconfiada con la gente?

—Soy confiada, demasiado. Yo compro mucho, me acerco mucho a lo ingenua. Para mí no existe el mal en la gente. Las que dicen que son malas personas, para mí son malas hasta que las conocés de verdad. No soy una mina que se abra fácil a los otros, pero suelo pensar lo mejor.

—Si pudieras elegir algo para sumar a tu vida, ¿qué sería?

—Creo un poco más de silencio mental. La posibilidad de tener más templanza. Me carcomo mucho la cabeza.

Delfina tiene 23 años. Vive sola y trabaja hace seis. Se mantiene y siempre guarda algo para el día en que haga falta. Uno nunca sabe cuándo un familiar lo necesitará, o cosas así, advierte. Es difícil de entender Delfina. Las entrevistas suelen transcurrir de manera lineal: tomar la autopista de la actualidad y acumular respuestas. Con ella sería un desperdicio. Todos le preguntan si está en pareja. Ella responde que no. Algunos la relacionan con Peter Lanzani, pero ella dice que es amigo. Otros mencionan al actor español Albert Baró, pero es solo su pareja en la ficción. En la vida real, Baró está en pareja con Nerina Uturbey. Delfina es más interesante para conversar. Ahí está, una chica que trabaja y lee, y a la que de repente le preguntan cosas.

—¿Qué cosas te gustan de ser actriz? ¿Dónde está el disfrute para vos?

—Disfruto mucho de construir mundos. Pensar los personaje. Tomar decisiones sobre cómo fue su infancia, cómo son sus relaciones. Desde los más mínimos detalles. Agarrar las escenas y pensar más en lo que no se cuenta que en lo que se cuenta. Pero después todo eso sí se cuenta. Se cuenta más en lo no dicho que en lo dicho. Es como en la vida. Una no hace más que esconder y decir cómo le gustaría que fueran las cosas o todo lo que quieras, pero lo posta posta está en los gestos, en lo que se cuenta corporalmente.

—¿Cómo es un día hoy en tu vida?

—Amanezco muy temprano. Desayuno a las seis de la mañana. Arranco para allá y estoy grabando todo el día. Vuelvo a casa a las seis o siete de la tarde, cuando salgo de Pol-ka. Y depende de las escenas del día siguiente, por ahí salgo a hacer algo, y sino, me guardo.

Una escena de Delfina Chaves y Albert Baró en "ATAV" (Video: El Trece)

—¿Sentís el cambio de vida en la vía pública?

—Obviamente, cambió un montón porque te reconocen en la calle muchísimo, o donde quiera que entres hay personas que se dan vuelta y demás. Pero yo elijo vivirlo a mí manera. Soy muy simple, soy muy sencilla… Sigo yendo en pijama al (supermercado) chino, sigo tomándome el subte, sigo haciendo las cosas como antes. Ni en pedo sería de las que se privan de hacer cosas porque es reconocida en la vía pública. Es una elección que hice y no pienso cambiar.

—¿Es algo que te sale naturalmente, o si es necesario lo vas a forzar, digamos? Tal vez sea incómodo viajar en subte cuando todo el mundo te reconoce…

—Yo sé que esta profesión es arriba y abajo, y así como hoy estás ahí arriba, mañana no te reconoce nadie. Entonces, hay que mantener el equilibrio entre esos dos picos tan alejados. Mantener el medio y no cambiar demasiado tu vida en función de esos dos contextos.

—Sos chica para haberlo aprendido, ¿no?

—No creo. Tengo 23 años, soy muy chica, pero me pasaron muchas cosas. Laburo hace seis años, ponele, y ese tiempo alcanzó para darme cuenta de que esto no es lo más importante. Esto no puede ser lo más importante tampoco, y hay que mantenerse simple.

—Arriesgo: no sos una persona tan simple… ¿Me equivoco?

—Soy muy mental. Es una contraposición bastante irónica. Soy mental y soy compleja al mismo tiempo, pero en mi hábitos soy muy sencilla. Creo que me definen ambas cosas.

Soy feminista. Me sentía medio afuera de lo que hablaban mis amigas o del pensamiento de mis papás, pero yo siempre supe que había una forma de pensar distinta

—Dijiste que no querés que la gente piense que tu vida es perfecta o que serían felices si fueran vos. Que te sentías hipócrita en relación a lo que mostrás en redes sociales. ¿Cómo es eso?

—Espero algún día poder hacer algo con esta opinión que tengo, porque por un lado yo digo que no me gustan las redes sociales, y es verdad. Porque partamos de la base de que en las redes sociales uno cuenta el recorte de vida que quiere contar. Y me parece muy fuerte cuando me dicen: "Si tuviera lo que tenés vos…". Porque al mismo tiempo hay un montón de problemas y cosas que no se cuentan, que no forman parte de esa red social. Y a la vez, cuando doy este mensaje me siento hipócrita porque hago uso de las redes porque yo tengo que pagar el alquiler, tengo que pagar las expensas… Entonces, me digo a mí misma: ¿cuál es el límite, cuál es el equilibrio? Pero bueno, soy chica, y espero en algún momento poder encontrarlo y ser lo más íntegra posible con lo que pienso.

—¿Cómo lidiás con el hecho de ser una referente para tantas personas más jóvenes que vos que te siguen y te respetan?

—Bueno, no puedo hacerme cargo tampoco. No dejo de ser actriz, de ser una piba de 23 años que se rompió el lomo para conseguir los laburos que conseguí, para hacer mi trabajo de la mejor forma posible. Y eso conlleva muchas cosas, el reconocimiento en la vía pública entre ellas; pero tampoco puedo hacerme cargo de ser el ejemplo para muchas adolescentes. Yo tengo mis opiniones y trato de dar el mensaje que a mí me cierra, pero no puedo considerarme un ejemplo de nada. Porque soy un ser humano y me mando cagadas, y estoy en constante cambio todo el tiempo. Entonces no voy a decir: "Este es el mensaje que quiero dejarle las generaciones más chicas". Pero sí ojalá encuentre la forma de hacerlo en el futuro porque me interesa muchísimo. Pero hoy no creo estar en condiciones de ser un ejemplo para nadie honestamente.

Delfina Chaves
Delfina Chaves

—¿Te considerás feminista?

—Sí, claro. Creo que esta revolución me ayudó a ponerle nombre a algo que yo venía sintiendo desde que soy muy chiquita. Pasa que a lo mejor me daba vergüenza o me sentía medio afuera de lo que hablaban mis amigas o del pensamiento de mis papás, pero yo siempre supe que había una forma de pensar distinta. Me costó mucho expresarlo o encontrarle una voz para decir: "Esto no es así y debiera ser así…". Y con esta lucha que está pasando pude ponerle nombre a esto que siento hace muchos años.

—¿Hay algo de trabajo que nunca harías o te puede divertir cualquier cosa?

Nunca digas nunca. Nunca sabés si el día de mañana tenés un familiar enfermo o alguien que querés mucho necesita algo y tenés que hacer igual un laburo que no te gusta. Por elegir, hay un montón de cosas que no elegiría. Pero nunca sabés qué puede pasar.

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