Nunca se dan por vencidos. Si pierden el poder en la tribuna, si la interna no les permite juntar fuerzas suficientes para desbancar a los barras oficiales, ellos igual se arreglan para conseguir conchabos ligados a la política, al sindicalismo y a lo que guste mandar. Y, a veces, en ese afán de ganar territorios, terminan pisando el negocio ajeno y lo que se produce es una guerra. Como la que sucedió el viernes pasado en el Mercado Central, cuando un grupo de barras liderados por uno de los jefes de la disidente de Independiente, Matías Mendoza, alias Mate Cocido, fue a buscar a otro pesado en el ambiente, el famoso Sergio Alejandro Medina, mucho más conocido como Ale de Budge y con nombre propio en la estructura interna de Los Borrachos del Tablón, la barra de River Plate.
Los videos a los que accedió Infobae hablan por sí solos: en una de las tantas naves del predio de Tapiales, un grupo de más de 30 barras fue con palos y manoplas a desalojar a Medina, que pisa fuerte también en La Saladita de Lomas de Zamora y quería hacer pata ancha en el lugar por donde circula toda la fruta y verdura que se vende en el AMBA. La pelea escaló y hubo varias agresiones pero, respetando el código de barras, no hubo denuncia.
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Ambos líderes disidentes también vienen de cuitas anteriores, ya que Mate Cocido tiene relaciones muy cercanas con la facción Lomas de Zamora de la barra de Boca, que fue amo y señor de La Salada durante mucho tiempo, como quedó demostrado en una causa judicial de la década pasada que mandó a prisión a varios de sus líderes, que trabajaban fundamentalmente para Enrique Quique Antequera, el dueño de Urqupiña, un predio con más de 2500 puestos y que fue quien, por ejemplo, financió el viaje de La Doce al Mundial de Sudáfrica 2010.
En cambio, Los Borrachos del Tablón trabajaban para la familia Castillo y sobre todo respondían a Adrián, el sobrino de Jorge, el jefe del clan. En ese negocio millonario, los barras se repartían las tareas de cobrarles a los puesteros de las calles por seguridad, los trapitos, y también hasta proveer mercadería de talleres textiles ilegales. En esa comunidad pisaban fuerte otras barras de la zona Sur como Los Andes, Temperley y, obviamente, la disidente de Independiente.
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Desde esa época había resquemores. Cada uno de cualquier manera fue haciendo negocios por su cuenta. Mate Cocido, por ejemplo, se hizo fuerte como mano de obra del sindicato de la Construcción sobre todo en la filial de la UOCRA en Quilmes. Y desde su patria chica, Dock Sud, trabó relación política municipal para juntar gente y lo que se necesite para el poder local que lleva con mano de hierro desde hace mucho tiempo el intendente Jorge Ferraresi.
Ale de Budge, en cambio, se hizo de la contra: logró conchabo en Camioneros, donde hasta hizo de custodia de Hugo Moyano en actos del sindicato, y también trabajó para los gremios de Panaderos, Marítimos Unidos y Atilra, el de los lecheros.
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Con semejante espalda, ambos quisieron retomar el poder en la tribuna perdido a fines de la década pasada. Medina creyó que sería tarea sencilla tomar el Monumental, más para él que había estado en la apretada a Sergio Pezzota en el entretiempo de la Promoción del partido contra Belgrano, que había llegado a un sitio privilegiado del paravalanchas secundando al líder Guillermo Caverna Godoy, y que después, aunque cayó preso por la guerra interna Borracha, logró salir en libertad por la pandemia del Coronavirus.
Pero, aunque juntó un grupo de 300 barras, no lo logró. En 2024 fue a la guerra y en la avenida Cantilo, en la previa de un partido de River contra Argentinos Juniors, fue emboscado por la barra oficial y terminó herido y preso. Y con derecho de admisión que vence recién en dos años. Así, su sueño de volver a liderar a los Borrachos, como mínimo, se postergó. Y volvió a las andadas en los otros mundos, como ahora en el Mercado Central.
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Mate Cocido también intentó lo mismo. Fue nombre importante en la barra por más de una década hasta que la tomó por asalto el grupo de Barracas, liderado por Mario Nadalich y Juan Ignacio Lenczicki. Ahí quedó fuera como tanta gente histórica, empezando por Pablo Bebote Alvarez que estaba preso. Con su gente de Dock Sud intentó negociar un regreso pero fue imposible. Después se unió a otro bando, el de los hermanos Escubilla, pero en la pelea de fondo tampoco tuvieron resultados positivos. Y el año pasado pensó que se abría una puerta para el regreso cuando, tras los salvajes incidentes de la barra oficial contra los de la Universidad de Chile por la Copa Sudamericana, hubo derecho de admisión para varios de los que manejan la facción oficial. Pero desde el club y la Agencia de Prevención de la Violencia en el Deporte le hicieron llegar la sugerencia de que no se metiera o terminaba preso. Consultó con sus padrinos políticos y le avisaron que, si quería seguir trabajando con ellos, esperara otra oportunidad para ir por la barra. Así, se dedicó a sus negocios, entre ellos los de entablar relaciones de seguridad y otras minucias con quienes manejan las naves del Mercado Central.
Ahí llegó la otra semana Ale de Budge queriendo pisar en algunos sectores que no eran propios. Y, a puro golpe, le dejaron en claro que no había espacio para ambos grupos de la barra. La disidente de Independiente es la que lleva la voz de mando en ese sector. Y la disidente Borracha tendrá que seguir manejando sus negocios lejos de donde reinan otros colores. O armar una guerra con resultados impredecibles que todos están intentando, por estas horas, desactivar.
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