"Cuando me llamaron para contarme que había muerto no entendía de quién me hablaban. Si había estado con él hacía unas horas… ¡No podía ser Rodrigo!".

A poco más de 18 años de aquel sábado 24 de junio, frío y lluvioso, Carlos Monti recuerda como si fuera hoy cada detalle del encuentro que mantuvo con Rodrigo Bueno la noche anterior a su muerte, en El Corralón. En qué mesa del restaurante estaba sentado, a quiénes saludó ese día, qué ropa vestía. Y también, una de las conversaciones que no olvidará jamás: aquella que llevó a Fernando Olmedo —el hijo del recordado Negro Olmedo— a subirse a la camioneta del cantante, sellando su destino fatal en aquel accidente en la Autopista Buenos Aires—La Plata.
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Según relata el periodista a Teleshow, ese viernes 23 Monti fue a comer con su mujer, Silvia Liceaga, y sus suegros al popular restaurante de Anchorena y Avenida Córdoba, frecuentado por los artistas de entonces. Y ese momento le pertenecía al Potro cordobés: sus discos eran los más vendidos, había hecho una serie de shows históricos en el Luna Park y el país cantaba sus canciones, como Lo mejor del amor. Además, disfrutaba de su hijo Ramiro Bueno, que en ese entonces tenía tres años. Y si bien ya no estaba en pareja con la madre del niño, Patricia Pacheco, ambos lo acompañaron en su visita a El Corralón.


Al entrar, el músico vio a quien era conductor del programa Rumores, en América. "Rodrigo se acercó a saludarnos a nuestra mesa con Ramiro de la mano —cuenta Monti—. Me contó que tenía un show en La Plata, que estaba cansado, pero que estaba feliz por su presente laboral. También me dijo que manejaba él, que no quería tener un chofer". Debido a esa costumbre, Rodrigo no podía tomar un oportuno descanso antes del show. "Me divierte, vamos cantando, escuchando música", le explicó el ídolo al periodista sobre los viajes que hacía al mando de su camioneta.
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Además de su hijo y su ex mujer, Rodrigo llegó a El Corralón con su representante, José Luis Gozalo, y sus asistentes. Lucía una remera y una camisa negra, un sobretodo de cuero bordó, un jean claro y unas botas texanas. Venía de grabar La biblia y el calefón, el exitoso programa que conducía Jorge Guinzburg en El Trece. Georgina Barbarossa, Andrea Pietra y Nacho Goano también habían estado en el ciclo donde el cantante terminó dando su última entrevista.
Minutos antes de que Rodrigo se acercara a saludar, Carlos Monti se entretuvo conversando con el productor televisivo y representante de famosos Pepe Parada —hermano de Emilio Disi—, quien había ido a comer con Fernando Olmedo. Y se produjo un pedido especial: Fernando le contó a Pepe que nunca había visto un recital en vivo de Rodrigo. "Pero, ¡andate con él!", le sugirió Parada al joven actor.
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Siendo un comensal frecuente en el restaurante, El Potro ya tenía una mesa asignada. Su lugar era en el fondo del local, cerca de un stand con una exposición de verduras frescas. Esa noche, en las mesas vecinas se sentaron Pepe Parada con Olmedo (al rato recibirían una modelo en franco ascenso: una tal Karina Jelinek), y Monti con su familia.

"Cuando vi que Rodrigo aceptó ir con Fernando, llamé a la cronista de Rumores para que les hiciera una nota: me parecía muy interesante que el hijo de Olmedo fuera a compartir un show con El Potro. Y que encima, lo llevara en su camioneta", revela el periodista, quien conducía el ciclo con su colega Susana Roccasalvo.
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Rodrigo Bueno y Carlos Monti habían construido una buena relación, nacida desde lo profesional, al punto que en más de una ocasión el cantante había presentando sus canciones en el programa de espectáculos del periodista. Incluso algunas semanas antes de esa noche, el ídolo estrenó en Rumores la canción que le había dedicado a Diego Maradona: "La mano de Dios". La interpretó en vivo, tocándola en un piano.
Según contaron los empleados del local, esa noche Rodrigo cenó una presa de pollo con ensalada de zanahoria y huevo y tomó agua mineral. Antes de salir del restaurante, saludó a la distancia a Monti. "¡Mirá que está viniendo nuestra cronista para hacerte una nota!". "Me tengo que ir. Pero en la semana voy a verlos al piso", prometió el músico, ya sin mucho tiempo. "¡Dale! ¡Chau, Rodrigo!", "¡Suerte, loco!", casi que se gritaron.
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El Potro partió rumbo al boliche Escándalo, ubicado en City Bell. Lo acompañaban su hijo, su ex mujer y el nuevo integrante de aquella comitiva: Fernando Olmedo. "Mirá lo que es el destino: si Fernando y Rodrigo no se hubieran encontrado ahí, la historia del hijo de Olmedo probablemente hubiese sido diferente…", destaca el actual panelista de Pamela a la tarde.
La tragedia
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Ese viernes, el día de Monti terminó un rato después de aquella cena en El Corralón. A las 6 de la mañana del sábado lo despertó un llamado en el celular. "Era el Tano Albamonte, el productor del programa —recuerda—. Quería contarme lo que había pasado… Al principio, no entendía de quién me hablaban. Primero por la hora y segundo, porque no alcanzaba a tomar dimensión de la noticia. ¡Y no podía ser Rodrigo! Si había estado con él hacía unas horas…".
En las primeras horas de ese sábado 24 de junio de 2000, las versiones indicaban que Rodrigo Bueno había perdido el control de su Ford Explorer roja, en medio de una densa niebla. Más tarde comenzaron los rumores que derivaron en un juicio oral: el empresario informático Alfredo Pesquera fue acusado de homicidio culposo. Había testigos que aseguraban que había encerrado con su propio vehículo la camioneta al cantante. Años después, la Justicia lo absolvería.
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En primera persona
Ya es mediodía. Pero ese sábado el sol no se asoma: llueve, hace frío. Todavía consternado por la noticia, Monti ya sabe que debe irse a América: las autoridades lo llamaron para participar del programa especial que A pleno sábado (años más tarde se llamaría Pasión de Sábado) haría en homenaje a Rodrigo. En ese día gris el living de su casa también está en penumbras, apenas iluminado por el reflejo del televisor encendido.
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Antes de irse llama a sus hijos. Les habla, acompañado por su mujer.
—¡¿Cómo que murió Rodrigo?!
—Sí… Me llamaron a las 6 de la mañana para avisarme. Anoche estuvimos con él…
—¡¿Qué?! ¿Anoche? ¿Cuándo, adónde?
—Fuimos a comer con los abuelos a El Corralón y lo encontramos. Estuvimos hablando un rato antes de que se fuera a La Plata. Todavía no lo puedo creer… No puede ser él…

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