Ramón El Mago Benítez es uno de los referentes del grupo tropical La Nueva Luna. Hoy se encuentra con un nuevo rol en la banda, ya que tras la muerte de Marcelo Chino González tuvo que hacerse cargo del grupo.

El 23 de diciembre, la esposa del Chino lo encontró tirado en el piso de una de las habitaciones de su casa de Canning. La mujer llamó inmediatamente a la ambulancia. Y aunque los médicos intentaron reanimarlo durante varios minutos, el desenlace fatal fue inevitable.

A cuatro meses de su partida, Benítez rompe el silencio. Y además de repasar su propia trayectoria, habla acerca del futuro de La Nueva Luna, una de las bandas más convocantes de la escena tropical.

—¿Por qué te apodan Mago?

—Todos piensan que hago magia por cómo toco la guitarra. Hace varios años que me pusieron ese apodo, y quedó increíblemente en todo el país: hay gente que no sabe cómo me llamo.

—Empezaste en la música desde muy chico.

—En la movida tropical, sí: hace más o menos 26 años que estoy. Y después de más chico, bueno: el estudio del instrumento y tocar otras cosas, folclore, todo ese tema. Hasta que me decidí o me llevaron a probar en una banda de música tropical, y hasta hoy estoy.

—¿Quién te llevó?

—Gente del barrio: "Che, este muchacho está tocando la guitarra". Muchachito, un nene chiquito. Y les hacía falta un guitarrista, me dijeron si me animaba, yo dije que nunca había tocado la guitarra eléctrica porque tocaba otro tipo de música, otro género. Y bueno, fui, supuestamente me probaron, porque mucho no recuerdo. Para mí era un juego todavía.

—¿De qué barrio hablamos?

—Quilmes. Y después entré en otra banda del barrio. Me llaman de nuevo, porque ya habían grabado un CD. Con 16 años para 17, ahí empezó mi carrera.

—¿Es difícil crecer en la música tropical en nuestro país?

—Y… es muy difícil. Cada vez está más difícil la cosa: por ahí sale un fin de semana y el otro fin, ya no sale. No hay muchos productores que apuesten a las bandas, que generalmente tratan de producirse solas, y como el costo es caro llega un tiempo en que no se pueden bancar más. Ya quedan ahí nomás, no van para adelante.

—¿Se les achicaron mucho los shows y las giras?

—Sí. Mirá, gracias a Dios, en esta nueva etapa que estamos viviendo como El Mago y La Nueva los empresarios me dijeron que sí, nos dijeron que sí, porque nos conocían de antes. Igual tenemos que salir a recorrer todo el país: venimos del frío de Resistencia, en Santa Fe, y nos vamos a Salta y Jujuy. Hay que remarla. Para los grupos más o menos somos conocidos se puede hacer, pero para los grupos nuevos está muy difícil.

—¿Por qué ya no se llaman más La Nueva Luna y ahora se llaman El Mago y La Nueva?

—La Nueva por el grupo, por La Nueva Luna, no quise llamarlo de la misma manera. El Mago… bueno, porque soy el Mago. Y los músicos que tengo son todos los músicos que estaban en La Nueva Luna. Entonces pensamos un nombre para no relacionar, sí en la parte musical pero no en la parte del nombre, es decir, de marca. Y también por respeto a mi compañero, a mi amigo que ha fallecido el año pasado, decidí no llamarlo de la misma manera. Me parecía que si me presentaba en algún lugar sin saber si iba a tener trabajo, de hacerlo como La Nueva Luna, como iba a faltar un compañero entonces iba a ser emotiva y emocionalmente peor que lo que pasamos en nuestros principios, ¿no es cierto? Entonces, nos llamamos de otra manera y listo. La gente nos reconoce, nos ve y sabe lo que hacemos, porque de hecho somos músicos que estamos juntos desde hace un montón de años. Así que… por eso, nada más.

¿Cómo vivís este cambio?

—Lo que pasa es que hubo muchos cambios, muchas cosas. Si bien, vuelvo a decirte, somos gente reconocida en el ambiente, gracias a Dios, igual es una etapa nueva. Tomalo como lo quieras tomar: es una etapa nueva para mí principalmente porque siempre toqué la guitarra, fui conocido con el instrumento, y hoy tengo que cantar. Y trato de cantar o hacerlo como lo hago yo, ni siquiera copiar lo que yo hacía. O sea, será mi propia copia, ¿no? Pero hoy le tengo que vender a la gente lo que soy. Y sin copiar a la otra parte que está faltando, porque cada uno es único. Así que si quisiera copiar tardaría más tiempo en tratar de hacerlo que en tratar de hacerlo como soy yo.

¿Cómo fue cuando te subiste al escenario por primera vez sin el Chino?

—Imaginate: me temblaban las piernitas. Sí, es algo rarísimo. Estuve de vacaciones preparando lo que iban a ser los shows, la movida de prensa, empezar un trabajo muy despacio, muy cauteloso, sin largar todo de golpe, ir tanteando a la gente. Es un trabajo que no se puede hacer en poquito tiempo. Y bueno, empezamos a armar las giras y no fue fácil largarte y encontrarte con la gente, que siempre te encontraste, pero como yo digo: un metro y medio para la derecha o para la izquierda, y ahí te cambió la vida, completamente. No fue fácil: yo trataba de no demostrar nervios a mis compañeros, que ellos estaban muy fuertes. Y bueno, la piloteamos, y cada vez creo que lo estamos haciendo mejor.

—¿Había gente que no confiaba en vos para este nuevo rol?

—Lo que pasa es que había gente que… te bajas de un éxito de 23 años y es difícil decir: "Traelo al Mago". Porque no era traer a La Nueva Luna, era traer a El Mago y La Nueva. Si bien las caras son las mismas, los temas son los mismos, es difícil para el que te quiere contratar, ¿entendés? Entonces, vuelvo a decirte que no fue fácil para ninguno de los que estamos, ninguno.

—¿Cómo te enteraste del fallecimiento del Chino?

—Mirá, para esa situación nadie está preparado. Como yo digo, nosotros vamos a la guerra con nada, ¿entendés? Capacitado, sí. Mentalmente uno no lo espera, pero llegado el caso como se dio, hay que trabajar. Somos más de 10 familias, 14, 15 familias que estamos viviendo de lo que el Mago genera hoy, como antes de lo que generaba La Nueva Luna. Así que había que afrontarlo y fríamente se pensó, y bueno, no había otra cosa para hacer. En realidad, era salir para adelante.

Marcelo Fabián González, conocido por todos como “El Chino”
Marcelo Fabián González, conocido por todos como “El Chino”

—¿Cómo te llegó la noticia?

Salíamos a trabajar, habíamos trabajado un día antes y salíamos a trabajar esa noche, y me llamó el representante cuando yo salí de mi casa para contarme lo que había pasado. Anteriormente se había corrido una bola también de que le había pasado lo mismo. Era mentira. Entonces como que "Dale…", "No, en serio, yo estoy yendo para allá". Y bueno, ahí fue que nos enteramos todos. A los 15, 20 minutos, estuvimos juntos con los chicos donde nos juntamos nosotros para salir a trabajar.

—¿Cómo se hace para no caer en esa adicción, no caer en ese tipo de problemas como le pasó al Chino?

—Está todo cerca, en todas partes. De día, de noche, a la tarde, a la mañana. No sé, cada uno es grande y opta por lo que quiere hacer, me parece. Y hay mucha gente con problemas, y otros no. Yo no digo que él tenía un problema ni que yo tengo un problema, ni que conozco gente. Yo no digo nada. Lo que sé es que está al alcance del que quiera, ¿no es cierto? Después, cada uno define lo que quiere hacer con lo suyo.