"Muchos policías salen de los mismos barrios y con las mismas oportunidades que los delincuentes", dice Nazareno Casero, a días de estrenar Román, película donde interpreta a un representante de las fuerzas de seguridad. En el filme de Eduardo Meneghelli lo acompañan Gabriel Peralta, Carlos Portaluppi, Horacio Roca, Arnaldo André y Aylin Prandi.

Después de lucirse en Las Estrellas, el único hijo varón de Alfredo Casero se convirtió en una de las revelaciones de La isla encantada, en Villa Carlos Paz, y fue considerado uno de los sex symbols del último verano. Nazareno reniega de eso, acepta las reglas del juego, pero lo adjudica a estar soltero: "No le doy mucha bola, trato de hacer siempre lo que se me canta. Está bueno atravesar por diferentes estadios y no ser siempre el mismo personaje. Que hoy te digan sex symbol, y que después te digan el feo", reflexiona en esta charla con Teleshow.

A la hora de seducir, el actor no tiene un estereotipo de mujer. "Las que me han gustado han sido siempre muy distintas una de la otra. Me tiene que gustar algo de cómo piensa, de cómo actúa. Me gustan los envases pero necesito que tenga algún contenido para que ese encanto perdure, o por lo menos, se pueda profundizar más", explica.

—¿Tenés ganas de enamorarte?

—La verdad que no. Cuando uno está enamorado o está en pareja hay algo en uno que se modifica, y en este momento no tengo ganas de distraerme con otra persona. Tengo que ocuparme de mí, de un montón de cosas adentro mío.

—¿Cómo definís este momento?

—De introspección. Me lo debo: hace muchos años que vengo distrayéndome con factores externos, llámese un amorío, llámese una relación. Ahora estoy un poco más tranquilo y me estoy ocupando de mí.

—¿Rompiste más corazones vos de los que te rompieron a vos?

—Creo que me voy de las relaciones antes de que me lo rompan a mí. El corazón se me rompió alguna vez, y nunca más después.

—¿Lloraste?

—Sí, muchas veces. Es lindo llorar por amor, o por desamor.

—Hoy, más allá del estreno de la película, no estás trabajando. ¿Es un momento de vacaciones?

—Sí, podría decirse.

—¿Cómo te llevas con eso?

—Me aburro un poco y siempre estoy tratando de crear cosas que meto en una carpeta de creaciones que algún día verán la luz, o no, porque más que llevarlas a cabo lo que me hace bien es tener la cabeza con esa dinámica. Estoy haciendo remodelaciones en mi casa, me mudé hace poquito. Estoy con los perros. Me estoy dando ese tiempo para mí sin tener culpa.

—Podés disfrutar el ocio, no te genera angustia.

—Lo disfruto. Pero también me genera cierta angustia porque de a momentos digo: "Podría aprovechar mejor el tiempo".

—¿Qué sería aprovechar mejor el tiempo?

—No sé. Es una imposición que te ponen cuando sos chico de que el tiempo es muy valioso, que es cierto; que a medida que vas creciendo el tiempo pasa más rápido, que es cierto. Pero también es necesario el tiempo de ocio. Y si tenés ganas de quemar el tiempo, quemalo; después te arrepentirás, pero…

—Pensando en tu profesión, el año pasado la rompiste con Las Estrellas, pero hay una inestabilidad de la carrera del actor que es complicada.

—Sí, un poco aprendés a convivir con eso. Es lo que te mantiene en ese movimiento, y te mantiene despierto. Si tuviese la vaca atada, saber que por tres años tengo laburo, y… no sé cómo sería. Nunca tuve contratos muy largos.

—Te mantiene en movimiento.

—No sé si lo elegiría pero no reniego. Es un mundo muy caro. Los impuestos te matan, todo lo que vale sumale los impuestos, que de ese tiempo que laburamos también son los impuestos que son desmedidos, son una locura, de todo. Entonces cuando te das cuenta de que está saliendo más plata de la plata que entra, bueno, qué sé yo. Pero si vivís pensando de esa manera no podés hacer nada.

—¿Y cómo te organizás? ¿Tenés ahorros?

—Siempre hay que tener algo bajo la manga. Por suerte soy un privilegiado, pero no es lo que me ocupa la cabeza día a día. No podría vivir amarreteando y amarrocando. Si voy a comer y gasto 140 pesos pero puse 150, y los 10 pesos, esos son 10 pesos, y la plata chica hace la plata grande… Es un estrés.

—O sea, sentís la inflación pero no es una cosa de: "No llego a fin de mes".

—Hace años siento la inflación. Más en mi laburo, que vos laburás tres meses y después no laburás por otros tres, y la plata a diario vale menos que el día anterior. No es que ahora me preocupa: siempre me preocupó, siempre me pareció que es una locura. Y me pone un poco triste ver lo que vale todo afuera porque te tomás un avión por 90 dólares y viajaste de una punta a la otra; y acá, por 90 dólares te vas a comer un choripán. Es un país carísimo, desde hace muchos años lo es.

—¿Y el enojo que tenemos entre nosotros como sociedad? La grieta y cómo nos impactó.

—De esas broncas se saca rédito: políticos, grupos empresarios, no sabría quién, pero me parece que son todos una manga de chantas, del primero al último.

—Contabas que te mudaste. Si le pregunto a tus vecinos en qué momento sos insoportable y en qué momento un gran vecino, ¿qué me van a decir?

—Detesto un poco los consorcios porque no entiendo por qué llego a un edificio y "¿Quién sos vos para manejarme? ¿Por qué vos me ponés los precios de qué?". Con eso por ahí tengo un poco más de problemas… Y tengo una historia. Yo viví en La Boca con mi vieja, desde los 8 hasta los 14 años. Teníamos unos vecinos abajo, un ex policía que había quedado loco, vivía con la familia, y realmente vivimos un calvario porque nos golpeaban el techo de ellos, que era nuestro piso, porque decían que hacíamos ruido. Mi padre se agarró a piñas con el policía y con el hijo, lo mordieron todo, estaban totalmente colifas. Quedé de alguna manera un poco traumado con el tema vecinos. Hay algo de: "Shhhh, no golpeés el piso, no juegues al fútbol en casa que los vecinos…". Y a los vecinos les chupa un huevo.

—Yo te lo preguntaba un poco en chiste, pero había un trasfondo súper serio.

—Sí. De golpe fue como una especie de situación extrema real, de violencia física.

—¿Y cómo terminó? ¿Hubo denuncia?

—Hubo varias denuncias, hubo quilombo. Pero nada. ¿Viste que hasta que no hay un muerto como que no pasa nada? Hubo quilombo, hubo un par de veces cachetazos y en un momento se terminó: el tipo murió, la mujer quedó ahí, un poco más apichonada. Pero son gente deleznable.

—O sea que hoy, cualquier cosa que te toque es maravillosa. ¿Pero vas a las reuniones de consorcio?

—¡Ni loco! Hagan lo que quieran con mi dinero, yo pago (risas). Cuando quiero, pero pago.

—¿Pagás las expensas?

—Sí. No en tiempo y forma.

—¿Por qué?

—Porque es cosa mía, hago lo que quiero. Si después yo pago el punitorio, ¿por qué no puedo? Quiero destruir a los consorcios desde adentro (risas).

—¿Cómo es el vínculo con las drogas?

—No tengo vínculo. Sí estoy a favor de las libertades personales. La prohibición y la negación lo único que hacen es empeorar una situación que existe, que sucede, que por más que lo prohíban la gente lo va a hacer igual. La droga de por sí no es nada, en realidad es quién la utilice. No es lo mismo una persona que tiene contención, que tiene amor, que tiene educación, que tiene posibilidades, que una persona que está a la buena de Dios. También me parece una irresponsabilidad cuando sale cualquiera a decir cualquier cosas a favor de las drogas, sin entender que en realidad no es el mensaje que uno tira si no es el mensaje que recibe de la gente.

—En una nota tu papá dijo que las mujeres lo habían golpeado, y hablaba de la violencia de las mujeres sobre los hombres.

—Creo que hay una violencia interpersonal muy fuerte. Y lo que pude entender es que tal vez en alguna situación extrema, ya sea una separación o algo, una mujer le haya pegado. A mí me ha pasado alguna vez que alguna mujer me ha pegado en un enojo. Que no sea el titular… En un momento de bronca te pegan y sí, puede pasar: agachás la cabeza, te cubrís y ya está. Mi género de alguna manera está amparado en la fuerza… Es distinto.

—No le quita peso esa situación al reclamo por la violencia machista.

—No. También, si existe violencia de parte de una mujer a un hombre eso tiene que combatirse. ¿Cómo? Y bueno, luchando contra el machismo para que vos vas como tipo y hacés una denuncia en una comisaría y no se te caguen de la risa, y digan: "¿Cómo te va a pegar una mujer?".

—Eso también es machismo.

—Claro. En teoría, si cambia eso cambiarán un montón de cosas. Yo me he criado varón, me han criado varón en una sociedad machista, mi lugar es de cierto privilegio. También tiene muchas, entre comillas, obligaciones: el tipo tiene que ir a buscar a la chica, llevarla a comer y pagar.

—¿Te bancás en una salida que una mujer quiera pagar?

—Sí, ¿por qué no? No le veo nada malo. Si yo te invito, me gusta pagar yo. Pero en definitiva si te deja contenta pagar, no me hace sentir menos macho.

—¿Tenés posición sobre el debate por la despenalización del aborto?

—Sí: es un tema de salud, no es un tema filosófico. No me gusta repetir eslóganes, pero el aborto, seguro, legal, gratuito. Por ahí la gente piensa que es universal, por ahí la gente piensa que es obligatorio abortar. Pero en realidad no: lo que se está diciendo es que quien quiera abortar pueda abortar y que no sea cometiendo un crimen o teniendo que hacerlo en una situación de mierda. Creo que se puede estar a favor del aborto legal, seguro y gratuito y no estar de acuerdo con el aborto.

—¿Cómo te llevas con la Iglesia?

—No tengo relación. De por sí no me gusta. No me parece que el Estado tenga que pagar eso. Me gusta pagar por educación gratuita, por salud gratuita, por seguridad, ¿pero por culto? Que elija lo que quiera quien quiera, que vaya, se anote. No tengo nada contra quien va a la iglesia. Me parece bárbaro que la gente tenga fe. Para mí Dios no está en un edificio, precioso, que las iglesias realmente son hermosas, llenas de simbología, pero no me parece que ahí esté Dios.

—Pero sí crees en Dios.

—Yo creo en todo. Creo en lo que no se puede corroborar. No estoy en condición de decir: "Dios no existe porque no lo veo". Porque tampoco veo los microbios que están en la leche que dejé afuera de la heladera. Galileo tuvo grandes problemas por decir que la Tierra giraba alrededor del Sol y no el Sol alrededor de la Tierra. A veces siento como que la ciencia en algún punto se pone en el lugar de "esto es totalmente falso", porque no tiene la capacidad de medirlo o de comprobarlo, entonces se desestima cualquier cosa por no tener un hecho empírico que lo demuestre. Pero en realidad creo que es necesario creer en cosas. Si solamente creo en lo que veo y en lo que puedo tocar, es bastante chata la vida. Y es bastante triste.

—¿Le creés a algún político?

—La verdad que no, porque entiendo que ese es su trabajo: convencer a las personas. Y la verdad que no hay ninguno que me haga soñar o que me haga creer en algo.

—Ninguno te da ilusión.

—Y… no. Te das cuenta que hoy están de un lado, mañana están del otro. Está muy bien cambiar de idea y modificar tu manera de pensar totalmente, el asunto es hacerse cargo de que alguna vez estuviste ahí. No le creo a ninguno y me parecen una runfla de mentirosos. De ahí a que haya un político al cual yo lo quiera escupir o insultar, la verdad que no.

—Viene Román, que cuenta la historia de un policía.

—Sí, Román es un policía que se pega no tanto a la ley, sino a lo que moralmente él cree correcto, que no siempre es lo correcto o lo que se estila. Entonces tenés un policía que quiere hacer las cosas bien o parecido, y otro policía, que es mi personaje, que tiene que acomodarse para poder subsistir y tal vez evolucionar, crecer o hacer una carrera de policía. Trata un tema que es bastante conocido, por lo menos como fábula, pero creo que de alguna manera es así, donde la policía, al estar lindante al mundo del hampa, se entrecruza muchas veces.

—Hoy está muy cuestionado el rol de la policía: por un lado la inseguridad y una demanda constante de la sociedad de ser cuidada, por otro lado algunas situaciones vinculadas al gatillo fácil. ¿Dónde te encontrás?

Muchos policías salen de los mismos barrios y con las mismas oportunidades que los delincuentes. Es una fuerza de seguridad que va a tener miles y miles de falencias. Yo no sé si la policía está preparada como debería. No quiero hacer una crítica porque la verdad no está en mí. Hay como una idea romántica del odio a la policía, o All cops are bastards, toda esa cosa que de alguna manera queda como vetusta y vieja. No sé si el policía de calle es el policía que digita y avala la corrupción que puede haber a grado institucional. Tal vez, de alguna manera también es víctima de esa dinámica. Un policía de gatillo fácil, si realmente comete un delito, tiene que pagar como cualquiera. Pero después hay como una idea de la policía a la que no me subo.

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