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Por qué los videos de animales con inteligencia artificial generan desconfianza

La sospecha de estar ante una falsificación interrumpe la reacción emocional inmediata que esos contenidos generaban, advirtieron investigadores de medios digitales

Primer plano de una pata de perro con pelaje blanco y marrón, rodeada de cubos grises, chips electrónicos negros y elementos luminosos azules sobre fondo oscuro.
La duda sobre si un gato o un perro es real frena la emoción y empuja a los usuarios a buscar validación en los comentarios (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La inteligencia artificial transforma la experiencia de ver videos de animales en internet. En esta columna de BBC, Thomas Germain sostiene que la desconfianza sobre si un gato o un perro en pantalla es real desgasta una de las pocas zonas de alivio que quedaban en la red.

La erosión de la confianza en lo tierno deja una sensación de inquietud y desamparo que se instala en la vida digital. Para el autor, la sospecha ya no afecta solo a la política o a la desinformación, sino también a esos contenidos que antes parecían ofrecer un respiro automático.

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Los animales eran, para Germain, una fuente fiable de alegría en una red saturada de ira. Esa reacción inmediata de ternura ahora convive con otra muy distinta: la incertidumbre de estar ante una falsificación.

La duda entra incluso en lo más inocente

Germain escribe en BBC que se desarrolla una escena psicológica silenciosa, en la que el usuario frena su emoción y busca en los comentarios si alguien ya comprobó la autenticidad del video. Nadie disfruta sentirse engañado y esa vacilación empieza a alterar incluso el consumo de contenidos ligeros.

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La profesora asociada de estudios de medios de la Universidad de Georgia, Jessica Maddox, resume esa fractura con una idea simple: “Parte de la alegría de los videos tiernos de animales es pensar: ‘Dios mío, mira esta cosa adorable que de verdad ocurrió’”. Y añade: “La inteligencia artificial elimina por completo eso de la ecuación”.

Para Maddox, autora de The Internet is for Cats: How Animal Images Shape our Digital Lives, estos videos también trataban de conexión. “Te da alegría y sabes que también se la dio a alguien al otro lado de la pantalla”, dice. “Está toda esa relación parasocial”.

Pantalla de computadora con dos imágenes de olas o explosiones en el agua, junto a gráficos digitales verdes y texto 'Veraacity', con teclado y ratón.
Durante el huracán Helene de 2024 circularon imágenes creadas con inteligencia artificial para criticar la respuesta del Gobierno de Estados Unidos (Imagen Ilustrativa Infobae)

La cuestión, según la profesora, no se agota en si algo falso puede seguir siendo entretenido. Maddox sostiene que, cuando aparece un video creado artificialmente sin identificar, el efecto se parece a una trampa: “La alegría se siente fabricada. Puede resultar vacía, de una forma casi fraudulenta. Al final, creo que eso va a volvernos mucho más cínicos sobre el mundo”.

Del entretenimiento al deterioro de la verdad

A partir de ahí, Germain imagina dos escenarios. Una es que el rechazo empuje a la audiencia hacia otros espacios, obligue a las plataformas a esconder ese contenido generado con inteligencia artificial y premie a quienes publiquen videos reales.

La otra opción es que ese material resulte lo bastante satisfactorio como para adueñarse de los muros. Esa perspectiva, advierte el columnista de BBC, ya tiene antecedentes inquietantes fuera del terreno del entretenimiento.

Durante el huracán Helene, en 2024, unas inundaciones catastróficas golpearon el sur de Estados Unidos. Circularon muchas imágenes reales, pero también se volvieron virales algunas creadas con inteligencia artificial, usadas para criticar la respuesta del Gobierno estadounidense.

Entre quienes difundieron esas piezas estuvo Amy Kremer, integrante del Comité Nacional Republicano, que luego afrontó críticas. “No sé de dónde salió esta foto y, sinceramente, no importa”, escribió entonces en X. “Se me quedó grabada para siempre”.

YouTube obliga a identificar los videos con inteligencia artificial

En julio de 2026, YouTube endureció las reglas sobre IA con exigencias de etiquetado para contenidos sintéticos que puedan confundirse con grabaciones reales y con sanciones que, según OreateAI Discover, incluyen desmonetización inmediata, faltas al canal o la salida del Programa para Socios de YouTube.

Monitor de computadora con video de animal digital y software de edición. Teclado, ratón, taza de café, libros y lámpara en escritorio de madera.
La BBC advierte que la desconfianza en los videos de animales deteriora una de las pocas fuentes de alivio digital cotidiano (Imagen Ilustrativa Infobae)

La plataforma reforzó esas normas, según este medio, para exigir transparencia sobre el uso de inteligencia artificial y castigar el contenido automatizado sin una aportación humana significativa. La fuente señala que la plataforma exige una etiqueta cuando la IA crea contenido que un espectador razonable podría tomar por una grabación auténtica.

Esa obligación no alcanza a todo uso de IA; OreateAI Discover indica que quedan fuera las ayudas de producción y las ediciones estéticas menores, como herramientas de reducción de ruido, organización de guiones, doblaje o traducción, siempre que no alteren de forma sustancial el sentido ni creen un efecto de falsificación.

El último refugio también se vuelve inestable

La profesora espera que muchas personas disfruten los videos de animales creados con inteligencia artificial y el contenido que venga después. Aun así, advierte: “En internet, a veces lo tierno e inocente es la puerta de entrada a algo más dañino”.

Ese desplazamiento no se limitaría a gatos o perros fabricados. Si la audiencia se acostumbra a esa fauna artificial, señala Maddox en declaraciones recogidas por BBC, esa misma tolerancia podría extenderse a montajes de políticos, videos inventados de delitos o caricaturas racistas hechas con inteligencia artificial.

También hay un costo más inmediato para quienes viven de producir videos reales. Competir con sistemas que no necesitan dormir y generan piezas a gran velocidad puede dificultar la monetización de trabajos más pensados y volverlos menos frecuentes.

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