Un año sin pantallas: el desafío radical que busca reconectar creatividad y vínculos reales

La experiencia de la cantante canadiense Leith Ross revela cómo alejarse de la tecnología puede transformar la rutina, la vida social y la relación con el trabajo artístico, inspirando a miles de seguidores a repensar su vínculo con los dispositivos electrónicos

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Leith Ross
La cantante canadiense Leith Ross inicia un año sin pantallas para combatir la saturación tecnológica y reencontrar la creatividad (YouTube: Leith Ross)

Leith Ross ha decidido apartarse de las pantallas durante un año entero debido a la saturación tecnológica y al deseo de reencontrarse con experiencias más genuinas. Impulsada por la necesidad de recuperar el control sobre su tiempo y su atención, la artista canadiense tomó la decisión, tras una larga reflexión sobre los efectos negativos del uso compulsivo de dispositivos, de iniciar un año completo sin pantallas.

La decisión de Ross se basó en una observación profunda de cómo la exposición constante a la tecnología tenía consecuencias directas en su bienestar.

En diálogo con el sitio especializado en tecnología Mashable, Ross explicó: “Me llevó mucho tiempo llegar a esto”. Expresó que sentía una especie de adicción, acompañada de ansiedad y malestar físico, cada vez que no podía acceder a un dispositivo.

Un episodio determinante ocurrió cuando, tras quedarse sin teléfono y sin televisión, compuso una canción y se dio cuenta de que no estaba dedicando suficiente tiempo a la música, su verdadera pasión. Reconoció cuántos libros o canciones no había creado ni leído simplemente por no permitirse atravesar el aburrimiento.

Los intentos graduales de reducir el uso de pantallas no resultaron efectivos, por lo que optó por hacer un corte total. El “año sin pantallas” comenzó el 6 de enero de 2026, según registró el medio.

Un teléfono móvil moderno con pantalla oscura y aplicaciones, cubierto por un gran círculo rojo con una línea diagonal que indica prohibición.
La decisión de abandonar dispositivos electrónicos surge tras notar ansiedad y pérdida de control debido al uso compulsivo de redes sociales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Reglas y excepciones en el “año sin pantallas”

Ross estructuró su experimento en un documento de siete páginas con directrices precisas: no se permite el uso de teléfonos inteligentes, televisión, computadoras portátiles o de escritorio, ni consolas de videojuegos, salvo excepciones limitadas.

Por ejemplo, puede acceder a una computadora de biblioteca para gestiones esenciales como reservar vuelos. Las videollamadas familiares solo se permiten desde el teléfono de su pareja o de amistades y bajo supervisión.

Aunque existe esta restricción, continúa grabando videos para YouTube. Utiliza una videocámara y delega en otra persona la tarea de subir los contenidos. Desde el inicio del proyecto, ha publicado dos actualizaciones en YouTube (la primera al finalizar enero y la segunda en febrero), y su equipo también compartió una maqueta y videoblogs de su gira europea.

El objetivo de la estructura de reglas es eliminar el acceso espontáneo e ilimitado a las pantallas, permitiendo solo usos puntuales e imprescindibles.

Leith Ross
El vínculo con su círculo cercano se fortalece al priorizar las relaciones presenciales y limitar la información digital a través de internet (YouTube: Leith Ross)

Cambios personales y cotidianos tras dejar las pantallas

La vida sin pantallas generó una transformación significativa en la rutina de Ross. Antes del experimento, el uso problemático de dispositivos se manifestaba en la compulsión de estar siempre conectada, una ansiedad extrema al no tener acceso y el acto reflejo de buscar un aparato.

“Si tenía una noche ansiosa, me quedaba en TikTok hasta las 4 de la mañana o más, porque en cuanto lo dejaba sentía esa horrible y abrumadora ansiedad”, relató. Durante este año, Ross notó una presencia más consciente en cada momento. Tras los conciertos más recientes, no pudo consultar en redes sociales imágenes ni opiniones sobre su actuación.

Relató que tuvo que aceptar la experiencia como fue, sin analizarse a través de la mirada de otras personas, lo que le aportó tranquilidad: “ya no podía aferrarme a nada para ser dura conmigo misma en ese sentido”. Considera que la ausencia de pantallas la obligó a vivir el presente de forma más tangible y consciente.

Vista lateral de una joven en la oscuridad de su cama, mirando fijamente la pantalla iluminada de un teléfono móvil que sostiene con ambas manos.
Ross critica el rol de los algoritmos de las redes sociales y señala a las empresas tecnológicas como responsables de la adicción digital (Imagen Ilustrativa Infobae)

Relaciones personales, audiencia y nuevas formas de contacto

El distanciamiento de las pantallas impactó también en la calidad de sus vínculos. Las relaciones con su círculo cercano mejoraron, pues, al no estar informada a través de redes sociales, los encuentros presenciales se volvieron más esperados. Ross expresó: “No es que antes no me entusiasmara saber de mis amigos, pero sentía que ya lo sabía todo”.

A la vez, reconoce que la distancia digital hizo evidente la falta de contacto real con algunas personas: “Me doy cuenta de que… no nos vemos mucho o nada, y… no teníamos capacidad de conectar fuera de internet”, reconoció. Esa sensación, aunque a veces provoca soledad, la empuja a fortalecer sus lazos concretos.

Para mantener el contacto con su audiencia, habilitó una casilla postal y comenzó a recibir cartas manuscritas de seguidores. “Recibir una carta escrita a mano es una alegría que no experimentaba desde la infancia, y es muy divertido”, comentó. Cada carta física le resulta “más rara, especial y única”, porque implica un mayor esfuerzo y dedicación que un mensaje en redes sociales.

Leith Ross
La experiencia sin pantallas de Ross subraya la importancia de reconstruir comunidades físicas y recuperar la autenticidad del día a día (YouTube: Leith Ross)

Reflexión sobre las redes sociales y la adicción digital

Ross considera que el debate sobre el uso de redes sociales no debe centrarse solo en las restricciones a menores. Sostiene que la atención debe estar puesta en las empresas tecnológicas y en los algoritmos que amplifican discursos de odio y contenidos perturbadores.

“Nuestro objetivo debería ser menos hacer políticas que afecten a la población y más hacer políticas que afecten a las empresas tecnológicas que nos están arruinando”, afirmó.

En su opinión, las redes sociales generan solo una ilusión de conexión, mientras nos sobrecargan de información y dificultan el acceso a lo esencial. Su proyecto no busca únicamente recuperar creatividad y atención, sino también reconstruir la comunidad física y la solidaridad.

Expresó: “Siento que tenemos que encontrar una forma muy concreta de volver los unos a los otros, para que cuando llegue el momento, tengamos comunidades reales y físicas en nuestras vidas que puedan cuidarnos y a quienes podamos cuidar”.

Ross no prevé retomar el uso habitual de pantallas al finalizar el año y no volverá a tener un teléfono inteligente. Lo más valioso de la experiencia, asegura, ha sido recuperar la conexión consigo misma y con su entorno, sin la mediación constante de dispositivos electrónicos.